18 de noviembre de 2011

Una reflexión antes de acudir a las urnas


Este domingo millones de españoles se dirigirán al colegio electoral a depositar su voto. Muy probablemente lo hagan mirando hacia delante, es decir, pensando en las consecuencias del resultado. Igualmente echarán un vistazo por el espejo retrovisor, ese que no interesa a Rubalcaba, el candidato impuesto por Rodríguez. Ese espejo empañado por la campaña del miedo con la que el gran fontanero del PSOE, aquel que urdió la noche de los cuchillos largos del 13 de marzo de 2004, pretende hacernos olvidar quién es y qué ha hecho a lo largo de los últimos casi ocho años.

Por eso creo que hoy vale la pena volver la vista atrás y, como escribió Machado, contemplar la senda que nunca se ha de volver a pisar. Porque el camino que nos ha traído hasta esta situación es tan infame como real, tan claro como acusador. Y la situación no es otra que la de un país que sufre la peor crisis económica de su historia reciente, con cinco millones de personas en situación de desempleo, un déficit público galopante y un diferencial de tasa de interés de casi cinco puntos porcentuales (exactamente un 240 por ciento) respecto a Alemania.

Hagamos un poco de memoria. Hacia mediados de 2007 ya todos los indicadores mostraban la clara desaceleración de la economía española. Incluso antes de que la crisis generada por los bonos basura/subprime hiciera su aparición. La ralentización de la venta de viviendas, motor del boom acaecido en España, era evidente. Las primeras quiebras inmobiliarias hacían su aparición y la banca empezaba a cerrar el grifo del crédito a los promotores de vivienda.

El equipo de Rodríguez Zapatero era perfectamente consciente de la situación. Sin embargo, con las elecciones a meses vista lo ideal para el partido en el poder era ocultar la realidad y esconder los síntomas. ¿Cómo?. Muy fácil, poniendo todo el aparato del Estado a gastar a manos llenas: cheque bebé, deducciones en el IRPF, proyectos faraónicos de obra pública, subvenciones a todo tipo de colectivos, apertura de oposiciones y toda una lluvia de millones para las comunidades autónomas.

Entre 2006 y 2008 el gasto de personal de las administraciones públicas españolas crece en más de 20.000 millones de euros, algo más del 20 por ciento. En ese mismo período los ingresos tributarios del Estado prácticamente se mantienen estables.

Como consecuencia del derroche, Zapatero logra ocultar la realidad: la economía real española está en plena recesión. Pero la ocultación de la verdad no finaliza en marzo de 2008 con las elecciones y la reelección del PSOE en el poder, sino que se prolonga durante cerca de dos años más. Eso sí, continuando con la misma fórmula: gasto público a manos llenas. De ingrata memoria aquel Plan E, al que los socialistas, con el pecho henchido denominaban “Plan Zapatero”, que nos costó en sus distintas versiones unos 15.000 millones de euros. Reportándonos, amén de unas excelentes aceras en todo el país, un déficit público del 11 por ciento sobre el PIB. Una cifra digna de cualquier país del denominado “cuarto mundo”.

La sangría no se detenía a pesar del semblante sonriente del Presidente. El desempleo se disparó hasta límites insospechados y la deuda pública casi se ha duplicado en tres años.

Esa es la vista desde el espejo retrovisor de la economía española que a Rubalcaba no le interesa que volvamos la vista. Esa y la foto que acompaña estas líneas, cuya intención no es otra que la de dejar patente que, a dos días de las elecciones, el pueblo español tiene que mirar al pasado… para no repetirlo.
 
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