6 de mayo de 2018

Galgos o podencos

No sé si el amable lector está familiarizado con la fábula de los dos conejos de Tomás de Irarte. En la fábula se narra como dos conejos empiezan a discutir sobre la raza de los perros que los persiguen, galgos o podencos, de modo que al final, imbuidos en la discusión, se despistan y son cazados inexorablemente. 

Esta fábula ejemplifica muy bien esta ceremonia que estamos viviendo en este traspaso de gobierno en Costa Rica. Parece que importa más el sexo o la edad de los cargos que su capacidad para acometer las importantes reformas legislativas y para solucionar las graves deficiencias que deja el ejecutivo saliente.  Ser joven, mayor, alto, bajo, hombre o mujer no otorga especiales capacidades a las personas a la hora de ocupar un cargo público.

Esa especie de panacea titulada “Una nueva forma de hacer política” tendrá sentido si se ven los resultados. Porque algunos corren el riesgo de creer que esta nueva forma no sea más precisamente eso: forma. Meros movimientos para contentar a un sector de la opinión pública.

El Estado costarricense está al borde del colapso. Demasiados años de gasto público incontrolado, de ausencia de proyectos importantes, de permitir que esa inercia inmovilizadora del aquí nunca pasa nada sea la que rija los destinos del país. Llegados aquí poco importa el sexo, la raza, la religión o la edad de los ministros, lo que se necesitan son gestores capaces de tomar decisiones, incluso si son impopulares. Hacen falta personas honestas, valientes y ejecutoras para romper esta inercia.

Carlos Alvarado cuenta con un importante caudal político merced a su abultada victoria en segunda ronda. No necesita gestos para la galería. Es un hombre ambicioso y con las ideas claras. Ahora tiene que poner en marcha esos cinco ejes de los que no se cansó de hablar durante la campaña de balotaje. Ahora lo respalda un gabinete que combina experiencia con audacia, independientemente de la condición personal de cada uno de los componentes. 

Esperemos que estos primeros pasos no representen la continuación de la política de gestos y titulares de Luis Guillermo Solís, que tan escasos resultados dio a lo largo de los últimos cuatro años. Porque no es hora de mirar la raza de los perros que nos persiguen. Es hora de trabajar.

6 de abril de 2018

¿Qué vas a hacer por Costa Rica?

“No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”, así reza la placa bajo el busto de John F. Kennedy ubicado en el parque homónimo de San Pedro de Montes de Oca. Hoy un buen amigo me dio ese dato después de que yo le citara la famosa frase del malogrado presidente estadounidense, en referencia al proceso electoral cerrado el domingo en Costa Rica. Ya el 5 de febrero pregunté a muchas personas de mi entorno precisamente eso: “¿Estás preocupado?. ¿Qué hiciste los últimos años para evitarlo?”.

Esta contienda electoral ha sido muy intensa. Quizá la más tensa que se recuerda desde el referendum de aprobación del TLC en 2007. Aunque con peculiaridades bastante lejanas de aquel envite, como explico en mi artículo anterior. Las distintas generaciones han experimentado un importante distanciamiento a la hora de acudir a las urnas. Padres e hijos no compartían criterio. Aunque tampoco lo hacían hermanos que entraban en discusión a cuenta de a cuál Alvarado dar el voto. Amigos distanciados por la política y, aún hoy, cuatro días después, gente echando leña al fuego en las redes sociales.

No cabe duda de que se ha producido un resurgimiento del interés en la vida pública en el país. La muestra más clara es que, mientras que hace cuatro años Luis Guillermo Solís tuvo que salir a buscar ministros, hoy Carlos Alvarado tiene fila de pretendientes para casi todos los cargos. Muchos dieron un paso al frente a lo largo de la campaña y entendieron que tenían que involucrarse. El acuerdo con Rodolfo Piza fue el detonante para muchos.

La realidad es que el interés de todos los actores, públicos y privados, es común, o debería serlo: lograr una Costa Rica más desarrollada, más cercana a ese llamado primer mundo. Las diferencias siguen estando en el cómo conseguirlo. Por eso es necesario llegar a acuerdos, a entendimientos, a consensos de mínimos. Un país más desarrollado requiere de más impuestos. Pero también de mayor eficiencia y eficacia en el gasto público. Sobre ambos temas no existen dudas entre la gran mayoría de los ciudadanos. El ciudadano de a pie quiere más seguridad, mejor sanidad, mejor educación, un transporte público útil, infraestructuras modernas y una justicia ágil. Todos queremos lo mismo.

Para lograrlo no basta con criticar, con decir NO, con postear un artículo sobre Venezuela o sobre China, hay que arrollarse las mangas y ayudar a conseguirlo. Puede que este no sea el Gobierno que usted ha elegido, pero es el que tendremos TODOS durante los próximos cuatro años. Al igual que la Asamblea Legislativa. Si les va bien en su interés por hacer una Costa Rica mejor, nos irá bien a todos.

Por el contrario, si nos dedicamos a poner obstáculos, a quejarnos y a reclamar, puede que a los poderes Ejecutivo y Legislativo no les vaya bien. Y a nosotros tampoco. ¿Vamos a seguir pensando en la matemática electoral o con la generosidad que caracteriza a los ciudadanos ejemplares?. ¿Acaso no hemos aprendido nada de este proceso electoral?. ¿Quién apostaba un cinco por Carlos Alvarado en octubre de 2017?.

Eso no significa que no seamos exigentes con gobernantes y legisladores. Que no demandemos honestidad, eficacia y eficiencia. Pero para hacerlo no es suficiente con exigir, amparados en los derechos sagrados que nos da la Patria, como dice el himno. Debemos ser ciudadanos honestos, preocupados e involucrados.


Ahora con el escenario para los próximos cuatro años más claro, vale la pena reformularse la pregunta: ¿qué vas a hacer por Costa Rica durante los próximos años?.

29 de marzo de 2018

Reflexiones sobre esta campaña... y sobre la Costa Rica del futuro

A estas alturas de la campaña electoral de la segunda ronda o balotaje por la presidencia de Costa Rica, ha llegado el momento de mirar atrás y comprobar los aprendizajes adquiridos durante el proceso.

Para empezar me encuentro estrenando títulos: “socialista”, “comunista” o “chavista”. Son algunos de los pretendidos insultos que he recibido de propios y extraños por apoyar la coalición Rodolfo Piza-Carlos Alvarado. En realidad siempre resulta fácil etiquetar al que no piensa como uno para no tener que ahondar en argumentos. “Si apoyas al PAC eres comunista”, resulta irrefutable. Eso sí, mucho ojo con definir a Fabricio Alvarado como candidato pentecostal, entonces estás “insultando".

Esto me ha mostrado la piel tan fina que tienen las personas cuando se quedan sin argumentos. Enseguida echan mano del sentimiento de ofensa para, de nuevo, abandonar el camino de la argumentación. Se ofenden si les recuerdas el origen pentecostal de su nuevo líder, pero olvidan fácilmente de que te llamaron “chavista” al iniciar la conversación.

Por otro lado a estas alturas de la campaña hago un poco de reflexión más allá del fragor de la batalla, hoy tan intensificada gracias a las redes sociales. Un análisis en la línea del que cerraba hoy el artículo de mi buen amigo Eli Feinzaig en el Semanario Universidad, con respecto al daño a la convivencia que pueda producirse a raíz del fuerte antagonismo vivido en la campaña. No obstante mi reflexión no lleva al mismo lugar. No creo que la sangre llegue al río, por mucho que hayamos visto –por primera vez para mi- una separación absoluta en el alineamiento político de las clases más pudientes del país. En esta ocasión no era TLC sí ó sí, ni Frente Amplio no o no, la clase alta se fragmentó.

Esta ruptura me lleva a pensar que existe una doble vía en la evolución de Costa Rica hacia el futuro. El camino de los que piensan que una economía boyante es suficiente para sacar adelante al país y el de los que buscan un modelo que equilibre lo económico con lo social. El modelo estadounidense frente al modelo europeo, si queremos simplificarlo al máximo.

He insistido mucho en estos días en que la senda del crecimiento económico en Costa Rica, no puede ir separada de los avances en libertades civiles en los que somos un referente mundial. Más aún cuando el país abandonó, años ha, la etiqueta del subdesarrollo para insertarse en la de renta media. Costa Rica en el mundo es admirada por no tener ejército, por su respeto al medioambiente y por contar con personas muy capacitadas, entre otros.

Es innegable que, a pesar de la mala situación de las finanzas del Estado, merced a 10 años de políticas expansivas del gasto público, el potencial económico de Costa Rica es muy alto. Precisamente lo es en este mundo globalizado de la economía de la información, en la que la alta cualificación de las personas está por encima de la mano de obra barata.

No podemos mirar hacia otro lado y pensar que ese mundo que hoy nos admira, seguirá volviendo sus ojos hacia una Costa Rica menguada en derechos civiles, una Costa Rica reaccionaria, una Costa Rica con su capital humano mermado en su libertad. Resulta impensable que en un mundo interconectado podamos darnos el lujo de recortar derechos o revisar nuestra participación en foros internacionales de Derechos Humanos. ¿Qué harían en esa situación las multinacionales que cada año depositan su confianza en Costa Rica como centro de operación regional?.


Hay mucho trabajo por hacer para continuar en el camino del desarrollo humano de todo un pueblo. Sinceramente creo que ese trabajo sólo se puede acometer desde la unidad en torno a un proyecto común basado en la libertad.

18 de marzo de 2018

Un gobierno de Coalición Nacional

5 de febrero de 2018. Rodolfo Piza, candidato presidencial del PUSC, apenas ha dormido. Se levanta de madrugada desvelado. No es el resultado de su candidatura lo que lo tiene desvelado, sino el panorama que se presenta para la segunda ronda. Hiperactivo y taciturno, comienza a redactar un documento con cerca de cien puntos en los que basar una futura negociación para unirse a alguno de los dos candidatos que quedan en liza.

Javier Chaves, presidente de Aldesa y destacada figura del equipo de Piza, es el primero en conocer sus planes: establecer un programa para lograr un acuerdo de gobierno con alguno de los dos candidatos. Este borrador incluía puntos que suponían para Restauración y PAC abandonar algunas de sus líneas rojas, en cuanto a derechos y libertades y programa económico, respectivamente. Con la lista consensuada junto a su equipo y otros líderes del PUSC, comienza la negocicación con ambos candidatos.

Ese mismo día Carlos Alvarado llama a Rodolfo Piza. Proponen una reunión inmediata, la cual no resulta muy satisfactoria para los mariachis que ven buena disposición en el candidato, pero existen aún muchos puntos de discordia. Junto al programa, Piza y su equipo buscan garantizar el acuerdo proponiendo incorporar a las personas que hagan cumplir lo pactado en puestos claves del futuro gobierno de coalición.

Rodolfo Piza no encuentra la misma receptividad por parte de la candidatura evangélica. Fabricio Alvarado se toma unas merecidas vacaciones y deja al mando al experimentado diputado Mario Redondo, que se erige en próximo ministro del gabinete restaurador. Redondo no tarda en ponerse manos a la obra, pero no para acercarse a su antiguo partido, el PUSC, sino para reunirse con Carlos Benavides, el diputado electo del PLN y mano derecha de la campaña de Alvarez Desanti.

Piza no logra respuesta por parte de Fabricio, pero lo intenta por medio de Javier Chaves, quien contacta a Mario Redondo. Este encuentro tampoco fructifica. Redondo, si bien acepta las líneas maestras del programa de Piza, no ofrece ninguna garantía a Chaves para que se cumpla lo pactado, “hablemos después del 1 de abril, seguro que llegamos a un acuerdo”, parece ser el mensaje del negociador de Restauración. Ya Redondo tiene sus piezas en el tablero, gracias al acuerdo logrado con una de las facciones de Liberación. Además a Restauración le llueven las propuestas de ministrables gracias a los oficios de Redondo y de Mónica Araya Esquivel, lobista de los exportadores y cercana al PUSC hasta el 5 de febrero.

Carlos Alvarado avanza dentro de su candidatura para modular posiciones y hacer viable el acuerdo de Coalición con Rodolfo Piza. Así, el siete de marzo, después de muchas sesiones de trabajo se logra un documento consensuado entre ambos equipos. Piza no quiere una adhesión vacía, sino un acuerdo de gobierno que dé estabilidad al país, garantizado con una serie de puestos claves que ya tienen nombre y apellidos: André Garnier, Edna Camacho o Jorge Guardia, entre otros.

Piza llega más lejos y logra el compromiso por parte de Alvarado de que los puestos clave para cumplir el programa de la Coalición, serán propuestos por él. Además el equipo de Piza lidera el grupo económico conjunto y apoyará la campaña de Carlos Alvarado que pasa a ser la de la Coalición.


A partir del acuerdo llegan las adhesiones que sorprenden a propios y extraños: Luís Javier Castro, Dyalá Jiménez Figueres o Rafael Ortiz, rival de Piza en las primarias del PUSC. Esta Coalición permite, no sólo quitar etiquetas al PAC, sino augurar un futuro más claro para después del 2 de abril. El propio José María Figueres señaló esta alianza como la única viable para el futuro de Costa Rica ante este panorama para el balotaje. Marcando así la clara división interna existente en el seno de Liberación Nacional que, pese a su mayoría parlamentaria, resulta complicado pensar que será un bloque compacto.

11 de marzo de 2018

Costa Rica ante su espejo

Antes de comenzar quiero invitar al amable lector a que revise mi anterior entrada en relación con mi postura en la primera ronda electoral del 2 de febrero. Nunca me he sentido cerca del PAC. Pero la realidad en la que estamos nos obliga a recalibrar nuestro pensamiento, porque estamos ante una segunda ronda absolutamente inesperada. Aunque parece que hay mucha gente que aún sigue en primera ronda, cuando había otras alternativas, más allá de este panorama que se nos plantea: una mala opción o una opción peor.

Una opción que debe señalar con claridad si vamos a seguir por la senda del despilfarro público, la inacción ante la criminalidad y el circo mediático como forma de hacer política. Dejar claro si esta opción representa el continuismo de 12 años de impulso estatal imparable e ineficiente, que no atiende a las necesidades básicas de la población: salud, educación, seguridad e infraestructura. Mala opción pensar que sólo más impuestos solucionan el problema.

La otra opción para el gobierno de Costa Rica es un grupo con intereses espurios, plagado de ineptos y liderados por un fanático religioso que ni siquiera pudo graduarse en la universidad. Que cancela debates porque no tiene propuestas ni programa más allá del modelo de familia pentecostal. Una opción en la que los que rodean a última hora al candidato van buscando el favor político, la palanca del Estado para los negocios propios o recobrar el protagonismo que las urnas les negaron. Pésima opción si, con la esperanza –probablemente falsa- de mejorar las finanzas públicas, Costa Rica tiene que retroceder al siglo XIX en materia de derechos humanos.

Este es el debate que vivimos a diario en los cafés, en las oficinas y en las redes sociales. Un debate tergiversado como siempre por acusaciones de parte, por verdades a medias y por presiones de todo tipo.  Un debate en el que está saliendo a flote lo peor de la sociedad tica. En el que hablar de derechos humanos empieza a estar mal visto, porque podría afectar a las tasas de interés. En el que hay que taparse la nariz y transigir con los que atacan sistemáticamente nuestro credo, con tal de que lleguen a redactar un plan de gobierno potable para las élites económicas.

A veces hablamos de fractura social cuando vemos el auge de determinadas opciones populistas. Desde los cantos de sirena del chavismo, hasta la oleada conservadora evangélica. Movimientos extremos y pendulares presentes en todo el continente. Lo que no apreciamos es que estamos ante algo más que una lucha de clases, o el reflejo del resentimiento social de una sociedad con importantes desequilibrios sociales. Estamos ante el examen de reválida de una sociedad y una democracia madura.

Si el 5 de febrero preguntaba públicamente ¿qué hiciste por evitar este escenario?, hoy mi pregunta es ¿qué vas a hacer para evitar que Costa Rica vuelva al pasado o caiga en la quiebra?. Porque es muy difícil pensar que un país que da marcha atrás en libertades civiles, en derechos humanos consolidados como los que tienen las grandes democracias de Occidente, vaya a sobrevivir económicamente en un mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo. Si hoy el mundo mira hacia Costa Rica por algo, es por el camino recorrido gracias a los avances que lograron los Santamaría, Mora, Facio, Figueres o Calderón. No lo deshagamos ahora por el espejismo de la teología de la prosperidad.