18 de noviembre de 2011

Una reflexión antes de acudir a las urnas


Este domingo millones de españoles se dirigirán al colegio electoral a depositar su voto. Muy probablemente lo hagan mirando hacia delante, es decir, pensando en las consecuencias del resultado. Igualmente echarán un vistazo por el espejo retrovisor, ese que no interesa a Rubalcaba, el candidato impuesto por Rodríguez. Ese espejo empañado por la campaña del miedo con la que el gran fontanero del PSOE, aquel que urdió la noche de los cuchillos largos del 13 de marzo de 2004, pretende hacernos olvidar quién es y qué ha hecho a lo largo de los últimos casi ocho años.

Por eso creo que hoy vale la pena volver la vista atrás y, como escribió Machado, contemplar la senda que nunca se ha de volver a pisar. Porque el camino que nos ha traído hasta esta situación es tan infame como real, tan claro como acusador. Y la situación no es otra que la de un país que sufre la peor crisis económica de su historia reciente, con cinco millones de personas en situación de desempleo, un déficit público galopante y un diferencial de tasa de interés de casi cinco puntos porcentuales (exactamente un 240 por ciento) respecto a Alemania.

Hagamos un poco de memoria. Hacia mediados de 2007 ya todos los indicadores mostraban la clara desaceleración de la economía española. Incluso antes de que la crisis generada por los bonos basura/subprime hiciera su aparición. La ralentización de la venta de viviendas, motor del boom acaecido en España, era evidente. Las primeras quiebras inmobiliarias hacían su aparición y la banca empezaba a cerrar el grifo del crédito a los promotores de vivienda.

El equipo de Rodríguez Zapatero era perfectamente consciente de la situación. Sin embargo, con las elecciones a meses vista lo ideal para el partido en el poder era ocultar la realidad y esconder los síntomas. ¿Cómo?. Muy fácil, poniendo todo el aparato del Estado a gastar a manos llenas: cheque bebé, deducciones en el IRPF, proyectos faraónicos de obra pública, subvenciones a todo tipo de colectivos, apertura de oposiciones y toda una lluvia de millones para las comunidades autónomas.

Entre 2006 y 2008 el gasto de personal de las administraciones públicas españolas crece en más de 20.000 millones de euros, algo más del 20 por ciento. En ese mismo período los ingresos tributarios del Estado prácticamente se mantienen estables.

Como consecuencia del derroche, Zapatero logra ocultar la realidad: la economía real española está en plena recesión. Pero la ocultación de la verdad no finaliza en marzo de 2008 con las elecciones y la reelección del PSOE en el poder, sino que se prolonga durante cerca de dos años más. Eso sí, continuando con la misma fórmula: gasto público a manos llenas. De ingrata memoria aquel Plan E, al que los socialistas, con el pecho henchido denominaban “Plan Zapatero”, que nos costó en sus distintas versiones unos 15.000 millones de euros. Reportándonos, amén de unas excelentes aceras en todo el país, un déficit público del 11 por ciento sobre el PIB. Una cifra digna de cualquier país del denominado “cuarto mundo”.

La sangría no se detenía a pesar del semblante sonriente del Presidente. El desempleo se disparó hasta límites insospechados y la deuda pública casi se ha duplicado en tres años.

Esa es la vista desde el espejo retrovisor de la economía española que a Rubalcaba no le interesa que volvamos la vista. Esa y la foto que acompaña estas líneas, cuya intención no es otra que la de dejar patente que, a dos días de las elecciones, el pueblo español tiene que mirar al pasado… para no repetirlo.

5 de septiembre de 2011

Desmitificando a los mercados


Una de las grandes consignas de la izquierda es su ataque sistemático contra los mercados. Los mercados son el lobo feroz de todos los males de esta sociedad, según la visión de la progresía mundial. Especialmente en estos momentos en los que se acabó la fiesta del grifo abierto del gasto público para patrocinar cualquier invento nacido del discurso del "gasto social".

Lo que no se paran a pensar todos los que repiten como papagayos cualquier dogma generado desde las tribunas de la autoridad moral de la izquierda, es que los mercados son parte de nuestras vidas. Entes que se rigen por creencias, miedos y expectativas como los seres humanos que los crean.

Pongamos un ejemplo cercano. Imaginemos un puesto de camisetas en los aledaños de alguna de aquellas acampadas ubicadas en alguna de las principales plazas de España. El propietario del establecimiento tiene que decidir qué tipo de camisetas pone a la venta en su modesto toldo. Esa decisión la toma en función de la expectativa que tiene sobre sus clientes potenciales: los acampados y demás acólitos. Una camiseta con la efigie de Ernesto Ché Guevara, tendrá más posibilidad de venderse que una con la bandera de España con el toro de Osborne serigrafiada.

Evidentemente el mercader opta por exponer las del mítico revolucionario, presidente que fue del Banco Nacional de Cuba, mucho más acordes con el público objetivo circundante. Oferta, demanda y expectativas de venta y beneficios condicionan la decisión del vendedor.

Sus clientes igualmente toman la decisión de compra teniendo en cuenta el grado de beneficios/ausencia de perjuicios que les ocasionará el producto. Seguramente la prenda con la imagen del activista es mucho más aceptada por los allí congregados, amén de generar menos animadversión ante el respetable que se da cita en la plaza.

Si tuviéramos que poner precio a ambos modelos de camiseta en esa situación, igualmente veríamos que la del guerrillero sería mucho más cara que la del serigrafiado patriótico. Sobre todo porque tiene una mayor posibilidad de venta entre los congregados.

Si trasladamos el ejemplo de las camisetas a la deuda soberana de los países veremos que ocurre algo similar. Son muchos menos los inversores dispuestos a comprar deuda de un país al borde de la suspensión de pagos, verbigracia Grecia, que los que se sienten atraídos por la deuda de un país sólido, como Alemania. Y eso que la deuda griega se paga al trece por ciento y la alemana al dos.

En otras ocasiones los inversores toman sus decisiones en función de la liquidez que tengan las inversiones a realizar. Es decir, la posibilidad de deshacerse de los productos adquiridos sin sufrir una pérdida. Volviendo al ejemplo del vendedor de camisetas, estará de acuerdo el lector en que le será más fácil deshacerse del género pretendidamente revolucionario que del torito y la bandera patria. Aniversario de la II República, mitin-fiesta del PCE, manifestaciones para abuchear a católicos… Las oportunidades para revender el producto no le van a faltar.

Los inversores en deuda pública piensan igual. Saben que las posibilidades de deshacerse de la deuda de un país al borde de la quiebra, y que emite diariamente cientos de millones de bonos para pagar intereses de otros bonos, son mucho menores que las de la deuda de un país con unas finanzas públicas saneadas y que emite deuda para pagar sus inversiones en mejorar la competitividad de su sociedad.

En los últimos meses he leído no pocas falacias de presuntos economistas sobre el tema de los mercados y la deuda soberana española. Puede que España no tenga una deuda pública tan elevada como Alemania u Holanda, pero su crecimiento ha sido espectacular en los últimos tres años. Los mercados, como cualquier hijo de vecino, no ven sólo un dato aislado, sino que miran al deudor –en este caso España- en su conjunto. Siendo la capacidad de devolución de la deuda el principal índice para la toma de decisiones de compra.

Volviendo al ejemplo de las camisetas. Apuesto a que el buen vendedor de Sol no fía ni una sola camiseta a sus clientes. Los cuales a buen seguro no tienen que pagar hipoteca, ni coche, ni ningún préstamo. Por el contrario seguro que no le importaría fiar a los que se compran un traje en una lujosa sastrería… por muchas deudas que tengan.

Pero claro, a los que ya han decidido que los culpables son los mercados les interesa bastante poco la lógica más elemental. Los líderes apunta, ellos sólo tienen que disparar.

19 de agosto de 2011

No quiero dos Españas


Los acontecimientos ocurridos en los últimos días han hecho salir a la superficie lo peor de nuestra idiosincrasia: el cainismo. Hoy es a cuenta de una manifestación religiosa, pero ayer fue por la aprobación de una ley y mañana por un paquete de medidas económicas. Por no hablar del fútbol, que tanto se asemeja a la política desde hace ya bastantes años.

Personalmente me he sentido atacado en estos días. Por un lado por los insultos gratuitos contra mi forma de pensar como católico. Por otro por los apoyos o silencios que la inmensa mayoría de los no creyentes han manifestado ante esas actitudes. Eso me ha hecho reaccionar de forma irracional, lo confieso. He atacado con el verbo a todos los que me han insultado o han amparado el insulto.

Esa actitud, aparentemente justificada, en realidad no es más que la reacción visceral que se desencadena ante la amenaza. Así, he alimentado ese sentimiento estúpido que demostramos los españoles antes los que no piensan como nosotros. “No soy como tú, soy mejor que tú”, parecemos gritar cada vez que sucede algo así. Son las famosas dos Españas. La de la derecha y la de la izquierda, la de los que creen y la de los que son ateos, la de los que perdieron y la de los que ganaron; y no me refiero a la Guerra Civil.

Pero hoy me rebelo contra ese sentimiento, contra mi propia actitud. Echo la vista atrás y recuerdo lo que ocurrió a mediados de mayo de este año. Sí, los españoles estábamos unidos. Buscábamos un fin común. Queríamos una mejor democracia.

Luego surgieron las diferencias. Los máximos y los mínimos. Los objetivos comunes ya no eran los mismos. Las dos Españas de nuevo en versión 15M. Los unos y los otros. Todo se ha ido desintegrando y lo de la JMJ ha sido el detonante para que las diferencias parezcan insalvables. Me equivoco. Nos equivocamos.

Este enfrentamiento continuo entre personas que piensan diferente es lo que nos esta exterminando como país y como sociedad. Sin embargo este enfrentamiento interesa. Sí, interesa a nuestra casta política, interesa a los medios de comunicación, que son los que al final toman partido por una u otra España y jalean a sus seguidores.

Seamos inteligentes, no sigamos cayendo en el error. Podemos salvar las diferencias o, al menos, aparcarlas, porque lo que TODOS queremos es un país mejor, una mejor sociedad. Creo que somos muchos, muchísimos, los que así pensamos. Por mucho que no coincidamos en el laicismo, en el Pacto del Euro o en las bondades de Mourinho,

No, yo no quiero dos Españas. Yo quiero un país unido frente a la crisis. ¡Recuperemos el espíritu del 15M!. Sumemos en lugar de restar.

1 de agosto de 2011

¿Por qué el 15M no quiere culpables?


Napoleón Bonaparte, quizá uno de los más destacados militares que la Historia nos ha aportado, afirmó que "en las revoluciones existen dos tipos de personas, los que las hacen y los que se aprovechan de ellas". Él lo sabía bien, no en vano fue la Revolución Francesa la que le permitió alcanzar el poder.

Hoy en España se habla de revolución. Incluso algunos hablan de revueltas y las comparan con las acaecidas meses atrás en Libia, Siria o Túnez. Ponen en el mismo plano las dictaduras de Oriente Medio y la crisis política y económica que vive nuestro país. Allí los culpables son los dictadores, aquí políticos y banqueros.

Desde las filas oficiales del 15M los culpables de todo esto están claros: bancos, multinacionales y políticos. Todos juntos, un totum revolutum compacto, sin nombres y apellidos. Quizá si acaso se menciona a Emilio Botín. Aunque a Rubalcaba curiosamente se le mienta por no haber disuelto las acampadas. Pero a los grandes artífices de la crisis que vive la sociedad española, a esos, ni se les nombra.

Todos iguales. Políticos. Gobiernen o sean oposición. Hayan negado la crisis, la hayan ocultado o la hayan señalado y denunciado. Estuviesen en la gestión de las instituciones o clamando en contra de esa gestión. Lo mismo da. Todos culpables. Curioso, ¿no les parece?.

Yo lo que creo es que la inmensa mayoría de los que hoy gritan en las acampadas sin empleo, con trabajos precarios, viviendo en casa de los padres a los treinta y tantos y demás fauna que aún no ha abierto los ojos, en realidad también son culpables. Sí, culpables cuando en 2004 se desgañitaban en contra de una guerra que se sucedía a miles de kilómetros, sin ni siquiera percatarse de que España vivía en el esplendor de una nueva época dorada. Cuando se tiraron a la calle en plena jornada de reflexión ante la llamada de hoy candidato "Queremos un gobierno que no nos mienta".

Con el estómago lleno importan mucho las guerras en páramos desérticos. Cuando el paro se deja sentir con toda su crudeza, poco interesa que España combata en Libia y Afganistán.

No, entonces no se quejaban de los políticos, sino de los gobernantes. Entonces Aznar era el gran culpable por enviar tropas a Irak. Así que masivamente votaron a Rodríguez Zapatero. El líder bueno, el político inmaculado, el de las políticas sociales. Ese que hoy parece no tener culpa de nada.

En 2008 cuando la crisis era un clamor, a pesar de los miles de millones de euros gastados para ocultarla –gasto social, que llaman algunos-, le volvieron a votar. Quizá algunos menos, no lo dudo. Por eso quizá no interese señalar con el dedo a los que mintieron, a los que ocultaron, a los que dilapidaron durante casi una década, a los que nos arrastraron a la ignominia internacional, a los que han llevado este país a la más profunda de las crisis que se recuerdan.

De ahí que no haya culpables en esta revolución de indignados. Por eso nos hablan de la “crisis que vive el sistema capitalista internacional”, coincidente con el discurso aquel de “es una crisis internacional que afecta a todos los países de nuestro entorno”.

No es por otro motivo por el que ya no quieren hablar de reformas democráticas, sino de “salida social a la crisis” y “stoprecortes”. Simplemente porque en esa amalgama impersonal no señalan con el dedo a los que nos trajeron aquí con su voto.

En esta supuesta revolución también habrá dos tipos de personas: los que gritan en las plazas y los que se aprovechan de ellos para ocultar su culpa.

21 de julio de 2011

De la burbuja inmobiliaria a la burbuja del gasto público


Se han derramado ríos de tinta con sesudos análisis sobre la denominada burbuja inmobiliaria. Un fenómeno que se dejó sentir en el mundo entero, si bien la intensidad del mismo no fue igual en todos los países.

La cuestión es que la espectacular bonanza que experimentó el sector inmobiliario en casi todo el planeta durante no pocos años, hoy sabemos que se debió al crecimiento exponencial del crédito hipotecario. Su origen se centra en las bajas tasas de interés que los bancos centrales de Europa y los Estados Unidos establecieron tras una serie de acontecimientos concatenados: crisis económica alemana, estallido de la burbuja puntocom y atentados del 11-S.

Dicho de otro modo, el dinero barato permitió que mucha gente se endeudara para adquirir una vivienda o mejorar la que ya poseían. Lo cual provocó una cadena de crecimiento del sector que se retroalimentaba gracias a la expectativa de alza de los precios, la cual no sólo atraía a compradores reales, sino a inversores especulativos.

Claro que ese efecto tuvo consecuencias colaterales mucho más allá del sector inmobiliario. Por ejemplo en la recaudación de impuestos. Los gobiernos empezaron a llenar sus arcas gracias a la bonanza económica derivaba del boom inmobiliario. No en vano estamos hablando de uno de los sectores que soporta mayores impuestos: se gravan las compraventas, se gravan los beneficios, se gravan las hipotecas, etc.

En el caso de España el Estado pasó de recaudar en el año 2000, cuando comienza el ciclo expansivo inmobiliario, 231.960 millones de euros a ingresar 419.370 millones de euros en 2007, cuando la cresta de la ola toca a su fin. Esto supone un incremento de los ingresos del Estado del 80 por ciento en siete años. Durante ese periodo la inflación apenas creció un 30 por ciento. Dato que ofrezco por si algún avezado lector llega a pensar que el aumento de los ingresos se debió meramente al factor inflacionario.

La cuestión es que España vivió su particular burbuja del gasto público al amparo de la del ladrillo. Porque si los ingresos se incrementaron los gastos no se quedaron atrás. Sólo la partida de gastos de personal del Estado pasó de 64.278 millones de euros en 2000 a los 107.835 en 2007 y ha seguido creciendo hasta los 125.164 millones de euros en 2009, casi el doble en una década.

Al amparo de unos ingresos en continuo aumento, los gobernantes emprendieron toda clase de proyectos. Aprovechando tan favorable coyuntura, proliferaron las iniciativas denominadas sociales, desde la Ley de la Dependencia al conocido como cheque bebé, pasando por infinidad de subvenciones y la creación de innumerables entes estatales, autonómicos y municipales de más que dudosa utilidad para la sociedad en general. Igualmente se promovieron infraestructuras jamás soñadas: aeropuertos sin aviones, parques sin niños o plazas de toros sin corridas.

En ese escenario de días de vino y rosas, incluso los socialdemócratas más acérrimos decretaron importantes reducciones de impuestos. Bajar impuestos ahora era de izquierdas. Lo cual no hizo otra cosa que continuar alimentando la burbuja especulativa al permitir que hubiese más dinero en manos privadas.

Pero los gobernantes no son gestores de recursos, sino políticos cuyo interés es permanecer en el poder o cedérselo a sus más cercanos colaboradores. Así que no cayeron en la cuenta de que todas las inversiones que acometieron, todos los planes que aprobaron y cada uno de los entes que crearon tenían unas consecuencias económicas a largo plazo. Los aeropuertos no pueden cerrarse, los funcionarios no pueden ser despedidos y los organismos públicos no pueden ser eliminados sin más. Por mucho que sus inflados ingresos, producto de la burbuja inmobiliaria, hayan caído hasta límites insospechados.

Dicho de otra forma, la burbuja del gasto público no puede desinflarse, así como los estados no pueden ir a la quiebra. Al contrario que las empresas promotoras inmobiliarias, los países no tienen la capacidad de ir a un concurso de acreedores, ni tampoco pueden entregar sus activos a sus acreedores como dación en pago. Para mantener todo ese aparato creado de forma artificial, ahora se recetan subidas de impuestos para que el sector privado pague los excesos gubernamentales.

La solución es compleja. Los gobernantes son incapaces de adoptar medidas impopulares, pero aún son más incompetentes a la hora de dar marcha atrás y renunciar a todo ese fascinante Estado del Bienestar que crearon con ingresos procedentes de una coyuntura absolutamente irreal. Los mercados, esos ogros sin compasión, lo saben y por eso dudan de la capacidad de cobro de las deudas públicas de algunos países sumidos en la burbuja del gasto público.

Los países sumidos en esta crisis sin precedentes van a tener que aceptar cambios sin precedentes para remontar el estallido de la burbuja del gasto público. Aunque para mi lo importante es que se abra un debate profundo acerca del papel del Estado en la economía a la luz de lo que está sucediendo.

27 de junio de 2011

Porqué me opongo al programa económico del 15M


Imagino que los que me leen aquí o me siguen en tuiter se habrán percatado de mi animadversión por la mezcla que se hace desde el 15M, especialmente por parte de su principal promotor Democracia Real Ya (DRY), entre reformas para el fomento de la democracia y propuestas concretas de política económica. En vista de la insistencia por parte de los que aún apoyan al pie de la letra todo lo que representa este movimiento, mi preocupación ha crecido exponencialmente, hasta el punto de recelar acerca de las intenciones últimas de los promotores del mismo.

Se insiste por parte de muchos en que el 15M no es anticapitalista, ni tampoco una suerte de socialismo reinventado. No obstante, como digo, su reticencia a eliminar el programa económico para lograr un consenso más amplio, centrado en medidas para lograr una democracia más participativa, transparente y amplia, me lleva a pensar que son las propuestas económicas las que más interesan a los “indignados”. Por ello me propongo en estas líneas señalar el motivo de mi oposición a las propuestas económicas de este movimiento.

Supongo que todos los “indignados” han leído el manifiesto de DRY, si no lo han hecho debería correr a hacerlo, allí se dice textualmente lo siguiente:

"El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso."

Si esto no es anticapitalismo, que venga Dios y lo vea. Pero sigue:

"La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices. Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades."

Este párrafo deja claro que lo que se intenta es acabar con el sistema capitalista.

A ese discurso todos sabemos lo que sigue: que el Estado controle todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida para evitar la "desigualdad", las "oligarquías" y la "espiral consumista". Todo se reviste de participación ciudadana por barrios, luego los barrios reportan al distrito, el distrito al municipio y el municipio a la asamblea general. Todo está inventado. Lo inventó Engels, lo difundió Marx, lo ejecutó Lenín y Stalin lo llevó a su máximo esplendor. Hoy aún pueden comprobarse sus secuelas en Cuba y Corea del Norte.

¿Alguien en su sano juicio piensa que este nuevo "sistema" es viable?. ¿Alguien en sus cabales cree que todas cada una de las medidas de política económica las puede decidir el pueblo -representado mediante asambleas de barrio- en su conjunto?. ¿Y ejecutarlas?.

Pongamos como ejemplo una de las propuestas estrella en materia económica de DRY: "Expropiación por el Estado de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido". En primer lugar queda claro que es el ESTADO el ente que va a pasar a poseer todo ese stock -¡un anglicismo, quién lo diría!- y aquí llegan las preguntas: ¿Quién determina qué viviendas se expropian y cuáles no?. ¿Quién fija el valor se va a otorgar como justiprecio en las expropiaciones?. ¿Por qué se van a colocar en el MERCADO -¡uy, el mercado!, ese monstruo controlado por oligopolios y oligarquías- en régimen de alquiler y no de propiedad?. Si se van a colocar en el mercado, ¿quién va a fijar el precio?, ¿la asamblea de Sol o la del barrio en la que esté ubicado el piso?.

¿No será que se expropiarán sin justiprecio y se repartirán entre primos, amigos y/o afines al régimen, perdón, Movimiento –ahora sí con mayúscula-?. Bueno algo así fue lo que ocurrió en la Revolución cubana, sólo que allí incluso se invitó a los propietarios a abandonar sus viviendas. Claro que todo eso no se explica en manifiestos grandilocuentes, se ejecuta en cuanto se logra el poder.

No seamos ingenuos, estimados lectores, el ser humano es lo que es. Con crisis o nadando en la abundancia de la burbuja inmobiliaria.

Sí, yo quiero una mejor democracia. Pero ni me molesta el capitalismo, ni quiero que se otorgue más poder a políticos y burócratas. Por eso lo que pido es una regeneración democrática y que los gobernantes, surgidos de las urnas, tomen las decisiones acordes con su programa económico, asuman sus errores y nos consulten a los ciudadanos si tienen dudas. El socialismo ya demostró lo que era, no repitamos la Historia.


Dedicado a Lino, creador de CiuDem y precursor del 15M.

20 de junio de 2011

Desmitificando a la banca… y señalando a las entidades financieras


Ya he dejado escrito por ahí que una de las grandes ventajas de ser de izquierdas es que el pensamiento crítico se facilita tremendamente. Las consignas lo acaparan todo y sólo hay que seguirlas, hacerlas propias, porque su lógica es demoledora: los malos son “los de siempre” y nosotros somos los defensores de los desfavorecidos.

En estos días convulsos las consignas se agrandan, se extienden y cobran fuerza a base de repetirlas. Afirmaba Russell que con un poco de agilidad mental y unas cuantas lecturas de segunda mano, cualquier imbécil encuentra pruebas de todo aquello en lo que quiere creer. Hoy podemos sustituir “lecturas” por documentales entre la denuncia y la ciencia ficción para dar vigencia a la máxima.

En estos días complejos son los bancos los grandes vapuleados de las consignas oficiales de la progresía. Aunque algunos detalles valdría la pena analizarlos antes de firmar la sentencia de culpabilidad, aunque la hay.

Acusamos a los bancos de codicia, de querer ganar más dinero, de vender hipotecas imposibles, pero ¿quién compró esas hipotecas?. Hasta donde me alcanza la memoria no conozco a nadie al que le pusieran una pistola en el pecho para comprarse una vivienda nueva. Con su correspondiente hipoteca, claro está. Tampoco recuerdo ningún caso de cambio de pisito de sesenta metros por adosado de tres plantas bajo amenaza de muerte.

Dicho de otra forma, sí, los bancos querían ganar mucho dinero vendiendo hipotecas a diestro y siniestro, pero a los que hoy acusan con el dedo a los banqueros tampoco les vino mal aquel furor de hipotecas baratas y casas con precios al alza. La codicia no fue sólo de los bancos.

Otro detalle importante es que la manía antibancaria se centra en los grandes bancos españoles, especialmente en el Banco de Santander. Quizá por la animadversión que genera su presidente, Emilio Botín, y sus corbatas curiosamente rojas. Mientras los dardos se dirigen al carismático banquero santanderino, los políticos que dirigen las cajas de ahorros se esconden para que nadie se acuerde de ellos.

Porque en realidad los grandes desembolsos que la economía española ha tenido que hacer para rescatar a las entidades financieras, han ido a parar a las cajas de ahorros. Cajas dirigidas fundamentalmente por políticos de PSOE y PP. No he visto a ningún indignado gritar contra Narcís Serra, presidente de Caixa Catalunya, o Juan Pedro Hernández Moltó, que dirigió los destinos de la intervenida Caja Castilla La Mancha, por ejemplo.

Parádojicamente las cajas son entes con fines sociales, o algo así, sobre todo si tenemos en cuenta su tutela política. Es decir, que la salida “social” a la crisis que se con tanta vehemencia se vocifera -frente al neoliberalismo feroz-, deja de lado que el sector público financiero es al que se está protegiendo de la quiebra. A renglón seguido se piden nacionalizaciones de la banca. ¿Más?, pregunto yo.

¿No se han parado a pensar todos estos documentalistas y pensadores de la consigna que las grandes perjudicadas de la dación en pago de las hipotecas serían precisamente las cajas de ahorros gobernadas por PSOE y PP?. ¿No se han dado cuenta tantos cerebros creadores de pancartas que en Banco Santander ha liquidado la mayoría de su cartera de adjudicados mediante su propia inmobiliaria, conocida como Altamira?. ¿No queda claro que ha sido la estrategia de internacionalización de las grandes empresas la que ha posibilitado que la crisis no afecte tanto a estos conglomerados empresariales?.

De ahí que yo sea partidario de cambiar aquello de “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, por “políticos y político/bancarios”. Mucho me temo que da bien en las pancartas.

Aunque quizá la mayor falacia de todas es aquella que afirma que la desregulación, esa gran lacra del neoliberalismo salvaje, de las entidades financieras ha sido la causante de nuestros males. Ignoran, o parecen ignorar, todos estos iluminados de la indignación que el sector financiero es el más regulado de todos los sectores económicos en el mundo entero, desde Pekín hasta Nueva York. Puede que las regulaciones no hayan sido las correctas. Pero todo se ha fraguado bajo la atenta mirada de los reguladores y cumpliendo la legalidad vigente. Posiblemente equivocada.

Dicho todo lo anterior, que nadie se lleve a engaño. Las entidades financieras son las grandes culpables de lo ocurrido en esta crisis financiera/inmobiliaria. Primero porque utilizaron todos los medios para hacer crecer una burbuja inmobiliaria sin sentido. Segundo porque han preferido buscar el apoyo político –no olvidemos que son políticos los que regentan la mitad del sistema financiero español-, antes que sanearse adecuadamente o ir a la quiebra. Tercero porque no han asumido su culpa, la cual pasa porque acepten los inmuebles como pago de la deuda. Este último punto no interesa ni a PSOE ni a PP que son titulares de casi todas las cajas de ahorros de España.

No, yo no quiero que se nacionalicen los bancos, al contrario quiero que salgan de las manos de los políticos. Tampoco que tengan más regulación, sino una mejor normativa que impida excesivos riesgos del sistema. Lo que sí quiero es que puedan ir a la quiebra, bancos y cajas, como la tienda de la esquina, de la que nadie se acuerda. Ni los indignados oficiales.

3 de junio de 2011

Sin un norte claro, la llama se apaga


Carta a los miembros del Grupo Consenso de Mínimos

Estimados miembros del grupo,

Después de dos días algo desaparecido por mor de la ocupaciones propias de las responsabilidades que nos impone esta sociedad nuestra, veo que este grupo continúa sin norte.

Parece que todo se ha reducido a ser un grupo dentro de la acampada. Ocupación del espacio público a la que auguro menos futuro que al sastre de Tarzán, que dijera el ínclito Chiquito de la Calzada.

Puede que Sol sea un símbolo, quizá el único visible del Movimiento 15M. Sobre todo porque lo ha fagocitado todo. Desde DRY, que convoca una manifa para dentro de 5 meses, hasta cualquier atisbo de propuesta medianamente seria. La acampada es un fin en sí misma. Nadie sabe lo que quieren los "indignados", como se les denomina a los acampados. Por eso el fin está cerca. Ojalá sea por motu propio y no con los antidisturbios ejerciendo de grises del siglo XXI.

Algunos ya se han hastiado de esta dinámica en la que vive este grupo y han abandonado el barco. Normal.

Sin norte, centrados en lo que dicen de nosotros una pandilla de personas que, de no dormir en Sol, seguramente lo harían en alguna vivienda okupada. Dicho de otra forma, los del camping no tienen nada que perder y mucho protagonismo que ganar. De ahí que me extrañe tanto que un grupo de personas, aparentemente capaces y leídas, tengan su mirada puesta en ganar un poco de protagonismo ante una banda de creadores de comisiones de corte y confección y asambleas de corte rastafari.

Lo vengo diciendo y lo recalco: aquí lo que hace falta es liderazgo. En situaciones como esta de desconcierto, caos y gregarismo 2.0, se crea el ambiente perfecto para que nazcan los líderes. Claro que para eso hay que tener capacidad, amén de cercanía física. Igualmente lo que falta es separar el trigo de la paja y no tener abiertos 14 temas y no cerrar ninguno.

En fin, que esto empieza a no tener ni pies ni cabeza y parece estar abocado al fracaso.
Si la semana pasada me negaba a aceptar la pérdida de fuelle del Movimiento, hoy certifico que está malherido.

Sólo un documento certero, conciso y contundente, apoyado por la mayoría de los que aquí estamos, junto con un plan para amplificarlo hasta el infinito -lo cual excede los límites del escenario de las campanadas de Fin de Año-, salvará este Movimiento. Reforma clara y concreta del sistema democrático, eso es todo. Os garantizo que la inmensa mayoría de los españoles lo firmará.

Ahí dejo el pañuelo... el que quiera que lo recoja, el que no a gritar a Sol.

(Gracias por la foto)

25 de mayo de 2011

Por un consenso de mínimos

Después de conversar y compartir comentarios con mucha gente, de muchas tendencias dentro de este movimiento que pide más democracia, parece claro que hay que aunar los esfuerzos en torno a un documento base que plantear a la sociedad y que sea capaz de generar suficientes adhesiones para hacerlo realidad.

Las propuestas que especifico a continuación resumen el espíritu de reforma institucional que la inmensa mayoría de los colectivos, foros y tendencias que apoyan, de una forma u otra, el movimiento del 15M anhela. Son puntos básicos que deberían ser ampliados por personas con cierta capacidad de redacción jurídica y perfeccionados por medio del debate abierto, aquí o en el foro que se estime oportuno.

1. Reforma del sistema de elección del Poder Legislativo. Establecimiento de listas abiertas al Congreso de los Diputados y de un sistema que otorgue proporcionalidad efectiva al cómputo de votos. Que todos los votos valgan exactamente lo mismo en cualquier punto de la geografía nacional. No podrán ser elegibles a ningún cargo público los imputados judicialmente. De igual modo tendrán que abandonar sus cargos aquellos imputados que ocupen cargo público hasta que sean absueltos por el Poder Judicial.

2. Creación de la Ley del Referéndum. Se someterán a referéndum popular aquellas cuestiones que el poder Legislativo o Ejecutivo considere que afectan de forma importante a la economía, estructura administrativa, libertades o convivencia del país. Estos referéndums podrán ser solicitados de forma popular cuando se reúnan un mínimo de 500.000 firmas. Los referéndums se harán coincidir con las convocatorias nacionales de elecciones: Legislativo, Ejecutivo o Parlamento Europeo.

3. Reforma del sistema de elección del Poder Ejecutivo. Elección directa del Presidente del Gobierno a doble vuelta. No podrá reelegirse en más de una ocasión a ningún Presidente del Gobierno.

4. Reforma de la legislación de partidos políticos. Aquellos partidos que opten a la Presidencia del Gobierno deberán establecer un sistema de elecciones primarias para elegir a su candidato. A dichas elecciones podrán concurrir tanto los militantes como los simpatizantes debidamente inscritos para hacer efectivo su voto.

5. Reforma del Poder Judicial. Creación de un sistema autónomo del Ejecutivo y el Legislativo para la designación y elección del Consejo General del Poder, Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional.


Personalmente añadiría algunos puntos relacionados con la remuneración, privilegios y financiación de políticos y partidos. Lo someto a consideración, como todos los puntos. Creo que son propuestas que aúnan objetivos. Son cambios estructurales que posibilitan una democracia más abierta, inclusiva y transparente. A partir de esa reforma, que creo necesitaría de una asamblea constituyente, podríamos empezar a plantear otros retos.

¡Que comience el debate!.

23 de mayo de 2011

Me resisto

Queridos amigos,

Parece evidente que el movimiento #15M o #spanishrevolution o #democraciarealya tiende a desaparecer.

Como dije en mi nota "Reflexión" la toma del control de #acampadasol y demás por grupos de izquierda, llevaron a que se desinflara la movilización. Un movimiento que muchos, muchísimos, apoyamos, entendiendo que por fin había llegado el momento de reclamar un cambio en el sistema democrático tan imperfecto que nos acoge.

Desde que se promulgara el manifiesto de solicitudes variopintas propuesto desde Sol, primero fueron #perosasol y luego simplemente se ha diluido. Claro ejemplo de ello es que no se recoge ningún twitter trend sobre el movimiento desde la mañana del domingo 22 de mayo.

Por su parte los que siguen ahí andan entre los talleres de bicicleta y las representaciones teatrales, pasando por elaboración de fabadas, cuando no proponen crea un huerto en la Puerta del Sol. No es esto, no es esto, que diría Ortega.

Me resisto a pensar que esto va a terminar con un puñado de perroflautas agrupados pidiendo que les den una casa sin trabajar o solicitando una subvención.

Somos miles los que tenemos la ilusión de cambiar esto hacia una nueva democracia más participativa, abierta y transparente. Por eso propongo que no nos quedemos de brazos cruzados y movamos un manifiesto con los puntos básicos de la reforma que estamos buscando desde hace muchos años. Un manifiesto en el que únicamente se coloquen los puntos en común que compartimos TODOS. Somos gente de izquierdas y derechas, liberales y socialdemócratas, monárquicos y republicanos, parados y trabajadores, españoles al fin y al cabo que queremos una mejor democracia que regalarles a nuestros hijos y nuestros nietos.

Desde el extranjero, sin poder ir a Sol a gritar o a conversar con los acampados. Desde mi humilde blog, desde mi escueto twitter, estoy dispuesto a ayudar, a enviar correos, a preparar propuestas, a circularlas.

Sólo necesitamos un puñado de puntos en común: listas abiertas, primarias, listas sin imputados, circunscripción única y elección independiente del Poder Judicial. Son mis apuestas, un consenso de mínimos.

Por favor, movámonos, hagamos algo, no permitamos que esto acabe. Yo me resisto, ¿y tú?.

21 de mayo de 2011

Reflexión


Los que me conocen, es decir, aquellos que han leído un puñado de artículos míos en este espacio de libertad, saben cuál es mi ideología política. Soy reformista liberal y republicano. No creo en el bipartidismo y he abogado por una tercera fuerza política nacional, que sirva de contrapeso en el Poder Legislativo. Creo firmemente en la separación de poderes.

He seguido con gran interés y emoción las movilizaciones ciudadanas que se iniciaron el 15 de mayo en España. Las sentí como un cambio claro de la sociedad civil española que dormita entre la comodidad del subsidio de desempleo y el regocijo de la nómina asegurada por el Estado o por alguna gran empresa, banco o caja. Algo se mueve y es lo que tanto hemos estado reclamando desde 2005 muchos españoles.

Personalmente he apoyado iniciativas que venían a coincidir con el espíritu de la movilización del 15M. Ciudadanos por la Democracia, Movimiento por la Sociedad Civil, Democracia Real Ya, etc. Básicamente de lo que se trata es de dar un paso adelante en la democracia española y corregir sus errores/vicios, ya convertidos en leyes inamovibles al servicio del bipartidismo y el nacionalismo separatista. Eso es lo que me mueve a apoyar este movimiento social al cual no puedo asistir personalmente al encontrarme tan lejos de mi Patria.

Me entristece mucho ver cómo determinados colectivos intentan acaparar y confundir el verdadero sentido de esta pequeña, pero ya poderosa, revuelta popular. Esto nació para pedir una democracia efectiva y participativa, lo cual implica un cambio en el régimen electoral y político y, por ende, una reforma constitucional. Ni más ni menos.

No comulgo con el neosocialismo hilarante del popular panfleto ¡Indignaos!. Yo estoy indignado, pero por el apoderamiento que la clase política española ha hecho de la democracia. De ahí que rechace de plano todas esas propuestas de política económica que intentan colar en los manifiestos y las propuestas los grupos izquierdistas que están queriendo acaparar el movimiento del 15M.

Nosotros, perdón por el plural pero creo que somos la inmensa mayoría, lo que pedimos es un cambio del sistema político español basado en tres puntos fundamentales y únicos:

1. Establecimiento de las listas abiertas con distrito único para elegir al Poder Legislativo.
2. Elección del Poder Judicial sin intervención del Legislativo y el Ejecutivo.
3. Referéndums para decidir determinadas cuestiones que afecten al conjunto de los ciudadanos.


Podríamos añadir temas como la democracia interna en los partidos, o la eliminación de imputados en las listas electorales, pero creo que con esos tres puntos básicos nos conformaríamos todos.

Una vez conseguida esa reforma, soy de la opinión de que las políticas económicas las establece el Gobierno. Los cambios que afecten de forma significativa a la ciudadanía deberían ser aprobados mediante referéndum, como se hace en los EE UU aprovechando otra convocatoria electoral.

Apelo a difundir estos puntos básicos y a continuar con las movilizaciones de forma ordenada y pacífica como hasta ahora. Pido a los que lean esto que lo divulguen si están de acuerdo, aunque sólo sean los puntos señalados más arriba. Encaucemos este movimiento que pide más libertad, más justicia y más democracia para un país que navega a la deriva. Hablemos sin complejos de #masdemocracia.

Gracias por leerme y recordemos que las elecciones del 22M son municipales y autonómicas.

3 de mayo de 2011

Obituario por el enemigo


Pasadas unas cuantas horas después del anuncio de la muerte de Osama Bin Laden, llega el momento de reflexionar acerca de las reacciones suscitadas por este singular acontecimiento. Asombrosas en su mayoría.

La noticia nos agarró desprevenidos a todos. Aunque los más fieles seguidores de lo políticamente correcto no tardaron en empezar a tomar posiciones, seguramente ante la ausencia de una postura oficial por parte de sus líderes de opinión, empezaron a tomar posiciones en consecuencia. Que si “no hay que alegrarse por la muerte de nadie”, que si “ha sido un asesinato sin un juicio justo”, y otras cuantas frases que podrían enmarcarse en el ámbito de la misericordia cristiana. Curiosamente hoy entre las consignas de la izquierda el catolicismo es como nombrar al enemigo público número uno.

La realidad es que, como ya ese ha dicho aquí, nuestra sociedad está absolutamente anestesiada por esa oleada de corrección política que se ha apoderado de la opinión pública desde hace ya unas décadas. Y este homenaje en forma de obituario que muchos han hecho al criminal más sanguinario de nuestros días ha sido realmente lamentable.

Porque Bin Laden, no nos olvidemos, es el autor intelectual de los más sangrientos atentados que ha vivido Occidente, nuestra civilización, quizá en toda su Historia reciente. La ideología de este asesino consistía, básicamente, en erradicar la cultura occidental a favor de una dictadura religiosa, basada en una peculiar interpretación del Corán. Ese es su legado. El cual hoy continúa vivo por medio de decenas de miles de terroristas que viven entre nosotros. Así de simple, así de cruel.

Pero esta sociedad nuestra, tan insegura, tan intimidada por los líderes de opinión izquierdistas, que dictan las reglas de lo políticamente correcto, no piensa así. Ellos, los adalides de nuestra cultura pusilánime, han pedido un juicio justo contra el que asesinó a miles mientras acudían a su puesto de trabajo. Han criticado a los que nos hemos alegrado por la muerte de nuestro peor enemigo. El cual nunca dudó en emplear el terror como su principal arma contra nosotros, para luego regodearse públicamente por ello.

No, nosotros no somos como ellos. De ser así el ejército americano hubiese entrado en la ciudad en la que se encontraba Bin Laden y la habría arrasado entera. En su lugar, los seals han actuado quirúrgicamente. Llegaron acabaron con el enemigo, se llevaron su cuerpo y regresaron a su base. Simple y sencillamente se acabó con el terrorista sin darle opciones a responder con la violencia que conocemos que es capaz de desplegar.

Las democracias occidentales no aplican el terror contra la población civil como hacía este sanguinario y sus secuaces. Todo bajo el amparo de dictadores y sátrapas, muchos de los cuales continúan en el poder. Contra ellos aún espero ver a todos estos pensadores de la izquierda, que hoy casi protestan por la muerte del criminal, escribir columnas incendiarias.

Eso no va a suceder. Por el contrario, ya estoy imaginando el obituario que a muchos de estos líderes de opinión les gustaría redactar: “Hoy murió un abnegado padre de familia. Un activista que dio su vida por defender sus ideales. El cual fue asesinado por el imperialismo americano sin darle opción a un juicio justo”. Cuestión de tiempo.

21 de marzo de 2011

Incertidumbres del ataque aliado en Libia


Me llena de alegría y regocijo el hecho de comprobar que un dictador está siendo detenido, con sus propias armas, en su intento por perpetuarse en el poder. Más aún si el dictador de turno no tiene miramientos a la hora de aplastar militarmente a sus propios compatriotas, por la simple razón de exigirle democracia. La operación militar iniciada el sábado por la OTAN en Libia creo que es una excelente noticia para el mundo en general.

No obstante, la celeridad y contundencia de esta operación militar aliada, en la que participan inicialmente Francia, EE UU, Reino Unido y España, me genera no pocas incertidumbres cuando echo la vista atrás y veo lo que dicen las hemerotecas.

Para empezar resulta muy curiosa la actitud de Francia. En 2003, bajo el mandato de Chirac y Villepin, el país galo se negó a participar en la ofensiva contra el régimen de Saddam Hussein en Irak. Francia, aunque apoyó en el consejo de seguridad de la ONU la intervención aliada, después criticó duramente a los EE UU por su ataque sobre la dictadura iraquí. Junto con Alemania, fue el único gran país europeo que no participó en la ofensiva contra Hussein.

Sin embargo, el sábado los que empezaron a lanzar cohetes contra el ejército de Gadafi fueron los cazas galos. En realidad, es Francia la gran promotora de esa iniciativa militar para derrocar al dictador libio. Y eso a pesar de que Gadafi no había lanzado, antes del ataque aliado, ninguna amenaza contra Occidente, ni había coqueteado con la energía nuclear, como algunos otros sátrapas que siguen campando por sus respetos en sus países.

Similar comportamiento encontramos en el presidente español, Rodríguez Zapatero. El líder socialista llegó al poder en 2004 gracias a su férrea oposición a la participación de España en la alianza contra Saddam Hussein, bajo el mandato de José María Aznar. Zapatero, impulsor de la denominada Alianza de Civilizaciones –que no de civilizados- ahora no ha dudado en enviar a combatir a su ejército. El mismo que retirara de Irak el día que llegó al poder.

¿Cuál es la diferencia entre Irak y Libia?. Muy simple. En el caso francés la petrolera gala Total es la principal explotadora de los pozos petroleros libios. Evidentemente la guerra civil organizada en el país africano para expulsar a Gadafi, se podría prolongar durante mucho tiempo y el resultado podría no ser satisfactorio para los intereses franceses.

En el caso de Rodríguez Zapatero no creo que se trate únicamente de defender la relevante posición de Repsol YPF en Libia. Sobre todo en vista del escasísimo apoyo que el gobierno de Zapatero ha prestado a las multinacionales españolas, por ejemplo en el caso de Venezuela. Pero todo el mundo conoce la admiración del presidente español hacia el desinflado líder mesiánico Barak Obama.

Inconsistencias que se agravan cuando hace tan solo dos años el gobierno español organizó diversas misiones comerciales a Libia. Una de ellas encabezada por el mismísimo Juan Carlos de Borbón, a la sazón jefe de Estado de España. En todas ellas no faltaron los agasajos al mismo tirano que hoy combaten con fuego aéreo.

Aparte del curiosísimo caso de Zapatero o del bipolar comportamiento francés, lo que no llego a entender es por qué Libia está siendo “liberada” por las fuerzas occidentales aliadas y no lo fue, por ejemplo, Irán hace dos años. Tras el evidente fraude electoral protagonizado por Mahmud Ahmadineyad, miles de iraníes se echaron a la calle y fueron brutalmente reprimidos por el dictadorzuelo islamista.

Con más razón aún debió producirse al intervención internacional en aquella ocasión, a mi juicio, si consideramos que Irán lleva años desarrollando un programa nuclear. Amenaza que va mucho más allá de las bravuconerías del hoy acorralado Gadafi.

En cualquier caso, las incertidumbres ante lo que estamos viviendo son muchas. Sin ir más lejos la Liga Árabe ya está acusando a las fuerzas aliadas de “asesinar a civiles”. Hasta donde yo sé, nunca he visto que esta asociación se haya preocupado por los millones de civiles que viven bajo el yugo de las dictaduras de la mayoría de sus países miembros.
 
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