Resulta muy difícil abstraerse de la sucesión de noticias que se están produciendo en España con la Justicia como epicentro de la realidad política. Desde las solicitudes de pena dulcificadas contra los terroristas por parte de los fiscales, hasta las sentencias del Supremo, pasando por la caída del cártel de algún juez/asesor del TC o por la persecución de las tramas urbanísticas, curiosamente siempre con alcaldes de la oposición como objetivo.
Con este panorama, sin duda preocupante, el Gobierno viene a nombrar un ministro del ramo precedido por la polémica. Un ejemplo claro de la politización de la justicia española. Rodríguez ha nombrado a un fiscal con un interesante historial de enfrentamientos con el PP y uno no menos curioso de dedicación a temas político-jurídicos. Su discurso de toma de posesión no ha podido ser más delatador de lo que está sucediendo en la corrupta democracia española.
Para empezar se ha despachado a gusto con su eterno rival político: "vivimos un momento delicado, fruto de la estrategia de quienes, sin haber aceptado la derrota en las urnas, se empeñan en trasladar a la Justicia lo que sólo pertenece al ámbito del debate político". Y esto lo dice un fiscal nombrado ministro, compañero de gabinete de otra jueza, Fernández de la Vega, los cuales seguramente se incorporarán a impartir ¿justicia? cuando los cesen las urnas o su superior, como ya ocurriera con Baltasar Garzón.
Pero eso no ha sido todo. Fernández Bermejo se ha despachado a gusto con el Consejo General del Poder Judicial, al cual acusa de haber perdido la "legitimidad". Claro que a continuación nos quedamos más tranquilos ya que no tiene intención de "intervenir en la bronca y responder al insulto". Es decir, que sus ataques directos al PP y al CGPJ deben algo así como "consejos" sin más intención que la de inciar su período ministerial con "diálogo y talante", que diría su jefe.
Hoy la Justicia en España está absolutamente en entredicho. Uno de los poderes fundamentales y pilar básico de la democracia se está demostrando absolutamente dependiente de los intereses políticos. No hay más que ver el esperpento que vivimos la semana pasada a cuenta de la recusación de Pérez Temps. Tras su salida del tema sobre el estatuto catalán, el PSC amenazó al Gobierno, "si el Estatut cae, el Gobierno cae", así que la jugada estaba servida. Pérez Temps dimite y entra un sustituto nombrado por la mayoría parlamentaria actual y se deshace la minoría en el TC. A cambio surge una igualdad que se rompe con el voto de calidad de la presidenta, a la sazón, esposa del socio de Pérez Temps.
Para la inmensa mayoría de los españoles todos estos movimientos de ingeniería judicial pasan desapercibidos. Es más, si un escucha sólo las declaraciones del fiscal/ministro cualquiera diría que el tipo es un auténtico defensor de la independencia del Poder Judicial, pero esos son los tradicionales fuegos de artificio a los que nos tiene acostumbrados este Gobierno con espíritu de oposición.
Un lugar de difusión y debate de ideas desde una perspectiva moderada y centrista. Política y economía de España y Latinoamérica.
13 de febrero de 2007
23 de enero de 2007
"Futbolizando" la politica
En ocasiones pienso que uno ya tiende a tener un prisma demasiado parcializado cuando percibe la realidad que le rodea. En mi caso concreto en la última semana una serie de acontecimientos me han parecido cortados por el mismo patrón, si bien han venido de diversas fuentes y por distintos medios.
Relatando a un amigo español residente en Costa Rica mi experiencia y opinión sobre la crisis de Air Madrid en un restaurante josefino y con familia de por medio, la conversación se truncó cuando mi interlocutor montó en cólera en vista de que yo culpaba al gobierno de parte de lo sucedido: -
- “¡Aquí los únicos culpables son los chorizos (sic) de Air Madrid, ellos son los que han cerrado”, aseveró mi amigo con los colores faciales encendidos, como nunca lo había visto.
- “Perdona, pero el gobierno les iba a retirar la licencia”, le contesté.
- “Eso son especulaciones, pero la realidad es que ellos cerraron”.
- “No, te equivocas, el director general de Aviación Civil en rueda de prensa el día del cierre de Air Madrid confirmó que al día siguiente les quitarían la licencia”, insistí.
- “La cuestión no es esa, el tema es que los de Air Madrid se han forrado y ahora se quiere culpar al gobierno”, rebatió mi amigo.
- “No creo que los de Air Madrid, a los cuales yo no defiendo en absoluto, se hayan forrado, pero de lo que yo me quejo es de que el Ministerio de Fomento ha tomado una decisión radical en un momento malísimo y sin tener alternativas”, tercié yo.
- “Es que en España siempre se culpa al gobierno de todo, como Rajoy que culpa a Zapatero de los atentados de ETA. Los sinvergüenzas y los asesinos son otros, no el gobierno”, enfatizó él.
En ese momento me di cuenta de que aquella conversación no tenía sentido alguno. Se mezclaban ya las “churras” con las “merinas” y de un acontecimiento del que yo soy afectado directo se pasaba a un asunto político general totalmente diferente, simplemente para justificar que todo lo que haga el gobierno de Rodríguez bien hecho está. En vista de que la comida se iba al garete, decidí callar ante los alegatos que continuaban saliendo por boca de mi interlocutor. Para cerrar la discusión, ahora entre mi esposa y mi amigo, decidí cambiar de tema no sin antes sentenciar:
- “No voy a pelearme contigo por esto, pero lo único que te voy a decir, antes de dar por terminada la conversación, es que si lo hubiese hecho el gobierno de Aznar, tú estarías ahora criticando enérgicamente la decisión”.
A lo que él contestó:
- “Y tú no protestarías si lo hubiese hecho el PP”, afirmó.
Ese fue el colmo y la aclaración absoluta de aquella discusión: tu defiendes tus colores y yo los míos. Para mi amigo yo no era un afectado de la crisis desatada en pleno mes de diciembre por Magdalena Alvarez, sino un “hooligan” del PP –nada más lejos de la realidad- criticando al gobierno por todo.
En estos días también hablé por “skype” con un amigo de España y salió el tema de la barbarie etarra del 30-D. Anuncié a este otro amigo que no me parecía correcta la decisión del PP de no acudir a la manifestación del sábado 13, lo cual no gustó nada a mi interlocutor:
- “¿Entonces qué tiene que hacer el PP, callarse y darle la razón a Zapatero?”, me preguntó indignado.
- “No se trata de darle la razón a nadie, sino de acudir a un acto contra el terrorismo y dejar claro que todos los demócratas estamos unidos contra ETA”, contesté.
- “Pues yo creo que ir a esa manifestación es apoyar a ZP y eso el PP no debe hacerlo nunca”.
Ante la contundencia del razonamiento poco me quedaba que añadir. Lo importante, por tanto, es dejar claro que “nunca” hay que apoyar al gobierno si no es de los “nuestros”.
Los otros dos incidentes fueron en este mundo de blogs y foros. El del seguidor de Jiménez Losantos que veía como una aberración decir que los asesinatos de ETA son aprovechados electoralmente por el PP –lo cual no significa, insisto, que en el PP estén deseando que mueran más personas-, pero no le molestó en absoluto que afirmase que “al PSOE el 11-M no le vino nada mal”, no lo voy a repetir. Aunque sí añadiré que, en ese mismo tema, otro seguidor de Losantos justificó la diferencia entre ambos casos.
El último ha sido este fin de semana en el blog de Justo Serna. En un artículo reproducido en Tercera Vía, Serna reprochaba duramente la comparación que se había lanzado desde El Mundo entre Hitler o Stalin y Rodríguez, a cuenta de la exclusión del debate de las propuestas anti-terroristas del PP. Entre los comentarios al artículo me llamó la atención el de un seguidor del presidente del gobierno que para enfatizar la postura de Serna afirmaba que en el PP aún no había logrado superar “el síndrome golpista”, entre otra lindezas que recalcaban que el PP era un partido nacido del franquismo. Curiosamente Serna, al que tanto molestó la comparativa de El Mundo, no reprochó nada a este comentarista que comparase a Rajoy con Franco.
Y así se va fraguando esta realidad futbolística en la que ha convertido la política española. Lo que más me choca es ver cómo los que se enconan en estas posiciones dignas de los hinchas del “deporte rey” son personas con una sólida formación, espíritu crítico y amplia capacidad de discernimiento. No hablamos aquí de esa masa enfurecida que acude los domingos a los estadios a proferir insultos al árbitro o a los jugadores del equipo contrario. Me refiero a personas con carrera universitaria y puestos de responsabilidad que son capaces de acudir al insulto con extrema facilidad ante un comentario desagradable hacia el partido votado.
En estos momentos no sé si la política se está convirtiendo en una suerte de “otro opio del pueblo”. De ese pueblo formado, educado, que no da cortes de manga en la grada, pero que se enciende si le mientan a su líder. Hay algo tremendamente preocupante y es que los equipos de fútbol sólo se dedican al deporte, pero los políticos tienen la capacidad de gobernar ciudades, regiones, países…Estaremos atentos al marcador que al final es lo que vale, ¿no les parece?.
Relatando a un amigo español residente en Costa Rica mi experiencia y opinión sobre la crisis de Air Madrid en un restaurante josefino y con familia de por medio, la conversación se truncó cuando mi interlocutor montó en cólera en vista de que yo culpaba al gobierno de parte de lo sucedido: -
- “¡Aquí los únicos culpables son los chorizos (sic) de Air Madrid, ellos son los que han cerrado”, aseveró mi amigo con los colores faciales encendidos, como nunca lo había visto.
- “Perdona, pero el gobierno les iba a retirar la licencia”, le contesté.
- “Eso son especulaciones, pero la realidad es que ellos cerraron”.
- “No, te equivocas, el director general de Aviación Civil en rueda de prensa el día del cierre de Air Madrid confirmó que al día siguiente les quitarían la licencia”, insistí.
- “La cuestión no es esa, el tema es que los de Air Madrid se han forrado y ahora se quiere culpar al gobierno”, rebatió mi amigo.
- “No creo que los de Air Madrid, a los cuales yo no defiendo en absoluto, se hayan forrado, pero de lo que yo me quejo es de que el Ministerio de Fomento ha tomado una decisión radical en un momento malísimo y sin tener alternativas”, tercié yo.
- “Es que en España siempre se culpa al gobierno de todo, como Rajoy que culpa a Zapatero de los atentados de ETA. Los sinvergüenzas y los asesinos son otros, no el gobierno”, enfatizó él.
En ese momento me di cuenta de que aquella conversación no tenía sentido alguno. Se mezclaban ya las “churras” con las “merinas” y de un acontecimiento del que yo soy afectado directo se pasaba a un asunto político general totalmente diferente, simplemente para justificar que todo lo que haga el gobierno de Rodríguez bien hecho está. En vista de que la comida se iba al garete, decidí callar ante los alegatos que continuaban saliendo por boca de mi interlocutor. Para cerrar la discusión, ahora entre mi esposa y mi amigo, decidí cambiar de tema no sin antes sentenciar:
- “No voy a pelearme contigo por esto, pero lo único que te voy a decir, antes de dar por terminada la conversación, es que si lo hubiese hecho el gobierno de Aznar, tú estarías ahora criticando enérgicamente la decisión”.
A lo que él contestó:
- “Y tú no protestarías si lo hubiese hecho el PP”, afirmó.
Ese fue el colmo y la aclaración absoluta de aquella discusión: tu defiendes tus colores y yo los míos. Para mi amigo yo no era un afectado de la crisis desatada en pleno mes de diciembre por Magdalena Alvarez, sino un “hooligan” del PP –nada más lejos de la realidad- criticando al gobierno por todo.
En estos días también hablé por “skype” con un amigo de España y salió el tema de la barbarie etarra del 30-D. Anuncié a este otro amigo que no me parecía correcta la decisión del PP de no acudir a la manifestación del sábado 13, lo cual no gustó nada a mi interlocutor:
- “¿Entonces qué tiene que hacer el PP, callarse y darle la razón a Zapatero?”, me preguntó indignado.
- “No se trata de darle la razón a nadie, sino de acudir a un acto contra el terrorismo y dejar claro que todos los demócratas estamos unidos contra ETA”, contesté.
- “Pues yo creo que ir a esa manifestación es apoyar a ZP y eso el PP no debe hacerlo nunca”.
Ante la contundencia del razonamiento poco me quedaba que añadir. Lo importante, por tanto, es dejar claro que “nunca” hay que apoyar al gobierno si no es de los “nuestros”.
Los otros dos incidentes fueron en este mundo de blogs y foros. El del seguidor de Jiménez Losantos que veía como una aberración decir que los asesinatos de ETA son aprovechados electoralmente por el PP –lo cual no significa, insisto, que en el PP estén deseando que mueran más personas-, pero no le molestó en absoluto que afirmase que “al PSOE el 11-M no le vino nada mal”, no lo voy a repetir. Aunque sí añadiré que, en ese mismo tema, otro seguidor de Losantos justificó la diferencia entre ambos casos.
El último ha sido este fin de semana en el blog de Justo Serna. En un artículo reproducido en Tercera Vía, Serna reprochaba duramente la comparación que se había lanzado desde El Mundo entre Hitler o Stalin y Rodríguez, a cuenta de la exclusión del debate de las propuestas anti-terroristas del PP. Entre los comentarios al artículo me llamó la atención el de un seguidor del presidente del gobierno que para enfatizar la postura de Serna afirmaba que en el PP aún no había logrado superar “el síndrome golpista”, entre otra lindezas que recalcaban que el PP era un partido nacido del franquismo. Curiosamente Serna, al que tanto molestó la comparativa de El Mundo, no reprochó nada a este comentarista que comparase a Rajoy con Franco.
Y así se va fraguando esta realidad futbolística en la que ha convertido la política española. Lo que más me choca es ver cómo los que se enconan en estas posiciones dignas de los hinchas del “deporte rey” son personas con una sólida formación, espíritu crítico y amplia capacidad de discernimiento. No hablamos aquí de esa masa enfurecida que acude los domingos a los estadios a proferir insultos al árbitro o a los jugadores del equipo contrario. Me refiero a personas con carrera universitaria y puestos de responsabilidad que son capaces de acudir al insulto con extrema facilidad ante un comentario desagradable hacia el partido votado.
En estos momentos no sé si la política se está convirtiendo en una suerte de “otro opio del pueblo”. De ese pueblo formado, educado, que no da cortes de manga en la grada, pero que se enciende si le mientan a su líder. Hay algo tremendamente preocupante y es que los equipos de fútbol sólo se dedican al deporte, pero los políticos tienen la capacidad de gobernar ciudades, regiones, países…Estaremos atentos al marcador que al final es lo que vale, ¿no les parece?.
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16 de enero de 2007
Mas de lo mismo: vileza y mas vileza politica en España
Hoy hemos asistido a un acto más de este sainete vil y oscuro en el que se ha convertido la vida política -vértice principal de la democracia- en España. Nuestros políticos ya no tienen el más mínimo reparo en repetir la escena una y otra vez. Los dos principales partidos políticos de esa realidad plurinacional en la que se ha convertido España no ocultan, ni tan sólo disimulan, lo poco que les importan los ciudadanos, sus problemas, sus desvelos. Hoy nos han dejado muy claro que los suyo es la parroquia y los votos, sobre todo los votos.
A estas alturas del partido a nadie se le escapa que la mejor noticia para el PP sería que ETA asesinase mañana a alguien más. Como tampoco le vinieron nada mal -aún ayer nos lo recordó el ex-dirigente de IU López Garrido- al PSOE los 191 muertos del 11-M. Cuantos más muertos más votos y lo demás son zarandajas.
Hoy Rodríguez y Rajoy, los dos personajes más lamentables que ha conocido la democracia española, han escenificado en público lo mismo que hablaron en privado la semana pasada. Rodríguez, con el beneplácito de Rajoy, se ha convertido en un especialista en darle la vuelta a la tortilla. Gran parte del éxito lo podemos achacar a la maquinaria mediática que lo apoya, pero creo que el gran favorecedor de la estrategia anti-PP es el propio PP. El "Pacto Rodríguez" ha sido la última treta del PSOE, ya anunciada desde hace más de una semana, a la cual el PP ha accedido sin rubor ninguno.
El debate de hoy nos ha dejado el mal sabor de boca de todos los debates anteriores entre estos dos individuos. Dimes y diretes, acusaciones y discursos vacíos. Al fin y al cabo no nos hemos enterado de nada, sólo que el PP vuelve a estar solo frente al Gobierno y toda sus minorías plurales a las que Rodríguez siempre antepone. Un nuevo pacto contra ETA pero del que no se ha dicho nada, sólo el mismo eslogan cansino: que integra a todas las minorías. Tampoco el PP ha preguntado por qué otro pacto, ni en qué consiste, simplemente ha repetido con fidelidad su partitura: NO y punto.
Lo dicho. Más de lo mismo. Ni ideas, ni propuestas, ni soluciones. Cuota de pantalla y titulares rimbombantes para la parroquia de uno y otro bando. Vileza y más vileza.
A estas alturas del partido a nadie se le escapa que la mejor noticia para el PP sería que ETA asesinase mañana a alguien más. Como tampoco le vinieron nada mal -aún ayer nos lo recordó el ex-dirigente de IU López Garrido- al PSOE los 191 muertos del 11-M. Cuantos más muertos más votos y lo demás son zarandajas.
Hoy Rodríguez y Rajoy, los dos personajes más lamentables que ha conocido la democracia española, han escenificado en público lo mismo que hablaron en privado la semana pasada. Rodríguez, con el beneplácito de Rajoy, se ha convertido en un especialista en darle la vuelta a la tortilla. Gran parte del éxito lo podemos achacar a la maquinaria mediática que lo apoya, pero creo que el gran favorecedor de la estrategia anti-PP es el propio PP. El "Pacto Rodríguez" ha sido la última treta del PSOE, ya anunciada desde hace más de una semana, a la cual el PP ha accedido sin rubor ninguno.
El debate de hoy nos ha dejado el mal sabor de boca de todos los debates anteriores entre estos dos individuos. Dimes y diretes, acusaciones y discursos vacíos. Al fin y al cabo no nos hemos enterado de nada, sólo que el PP vuelve a estar solo frente al Gobierno y toda sus minorías plurales a las que Rodríguez siempre antepone. Un nuevo pacto contra ETA pero del que no se ha dicho nada, sólo el mismo eslogan cansino: que integra a todas las minorías. Tampoco el PP ha preguntado por qué otro pacto, ni en qué consiste, simplemente ha repetido con fidelidad su partitura: NO y punto.
Lo dicho. Más de lo mismo. Ni ideas, ni propuestas, ni soluciones. Cuota de pantalla y titulares rimbombantes para la parroquia de uno y otro bando. Vileza y más vileza.
12 de enero de 2007
Entro por la estacion del tren y salio por el aerpuerto
El enunciado de este post es una especie de chiste que se ha podido escuchar este comienzo de año en España en referencia al atentado de aparcamiento de la T4 y su comparativa con el del 11-M. La verdad es que la sabiduría popular a veces tiene más razón que los sesudos razonamientos de columnistas, políticos y analístas varios. Aunque a decir verdad, la realidad creo que presenta una tozudez incontestable.
A mi me sorprende -y de qué forma- que se hable, a estas alturas del partido, de utilización política del terrorismo. Me parece inaudito escuchar lo que he escuchado y leer lo que he leído. Los que hoy claman unidad frente al terrorismo son los mismos que utilizado esa no-unidad para alzarse con el poder hace hoy dos años y diez meses. Aunque también los que perdieron intentaron previamente verse favorecidos por los muertos de los trenes, pero les salió el tiro por la culata.
Este gobierno está sintiendo es sus propias carnes la medicina que aplicó al anterior ejecutivo, a pesar de que la maquinaria mediática del PSOE ha amortiguado mucho el impacto sobre la opinión pública. No hemos más que fijarnos en unos pocos detalles que parecen haber pasado inadvertidos:
- El atentado se cometió el día 30 y el presidente del Gobierno regresó de sus vacaciones hizo un comunicado y las continuó, no visitó el lugar del "accidente" hasta cinco días después.
- No se dieron a conocer ni la cantidad de explosivos ni el tipo hasta pasados cuatro días del atentado. En el 11-M se dieron datos en unas horas y se exigía más y más información al gobierno.
- La principal conclusión de la comisión parlamentaria del 11-M fue achacar graves fallos de previsión al gobierno por lo sucedido. Sin comentarios.
- El presidente del Gobierno a fecha de hoy no ha realizado una declaración clara de cuáles serán los pasos a seguir y si la "vía del diálogo" seguirá siendo su objetivo preferencial para acabar con el "conflicto".
Podríamos seguir enumerando detalles acerca de este desafortunado incidente que ha trastocado los planes de uno que el día antes decía aquello de "hoy estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos aún mejor". En toda esta historia ha habido neglicencia, ante la imprevisión y la dejadez de funciones frente al terrorismo, como el propio PSOE señaló en la comisión del 11-M; se han ocultado datos, tanto desde el punto de vista de la negociación abierta con la banda terrorista como una vez cometido el atentado; no se han dado respuestas claras a la sociedad sobre cuál es la postura del gobierno de la nación y ahora se quiere achacar al principal partido de la oposición la culpa de todo porque "utiliza el terrorismo como arma electoral" y porque se aparta de la "unidad frente al terrorismo".
Lo de las manifestaciones no es más que la escenificación de la realidad de fondo que existe en todo este tema: los políticos, cuando gobiernan, no quieren aceptar sus errores y, cuando están en la oposición, aprovechan cualquier oportunidad para ganar votos. No les sigamos el juego.
A mi me sorprende -y de qué forma- que se hable, a estas alturas del partido, de utilización política del terrorismo. Me parece inaudito escuchar lo que he escuchado y leer lo que he leído. Los que hoy claman unidad frente al terrorismo son los mismos que utilizado esa no-unidad para alzarse con el poder hace hoy dos años y diez meses. Aunque también los que perdieron intentaron previamente verse favorecidos por los muertos de los trenes, pero les salió el tiro por la culata.
Este gobierno está sintiendo es sus propias carnes la medicina que aplicó al anterior ejecutivo, a pesar de que la maquinaria mediática del PSOE ha amortiguado mucho el impacto sobre la opinión pública. No hemos más que fijarnos en unos pocos detalles que parecen haber pasado inadvertidos:
- El atentado se cometió el día 30 y el presidente del Gobierno regresó de sus vacaciones hizo un comunicado y las continuó, no visitó el lugar del "accidente" hasta cinco días después.
- No se dieron a conocer ni la cantidad de explosivos ni el tipo hasta pasados cuatro días del atentado. En el 11-M se dieron datos en unas horas y se exigía más y más información al gobierno.
- La principal conclusión de la comisión parlamentaria del 11-M fue achacar graves fallos de previsión al gobierno por lo sucedido. Sin comentarios.
- El presidente del Gobierno a fecha de hoy no ha realizado una declaración clara de cuáles serán los pasos a seguir y si la "vía del diálogo" seguirá siendo su objetivo preferencial para acabar con el "conflicto".
Podríamos seguir enumerando detalles acerca de este desafortunado incidente que ha trastocado los planes de uno que el día antes decía aquello de "hoy estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos aún mejor". En toda esta historia ha habido neglicencia, ante la imprevisión y la dejadez de funciones frente al terrorismo, como el propio PSOE señaló en la comisión del 11-M; se han ocultado datos, tanto desde el punto de vista de la negociación abierta con la banda terrorista como una vez cometido el atentado; no se han dado respuestas claras a la sociedad sobre cuál es la postura del gobierno de la nación y ahora se quiere achacar al principal partido de la oposición la culpa de todo porque "utiliza el terrorismo como arma electoral" y porque se aparta de la "unidad frente al terrorismo".
Lo de las manifestaciones no es más que la escenificación de la realidad de fondo que existe en todo este tema: los políticos, cuando gobiernan, no quieren aceptar sus errores y, cuando están en la oposición, aprovechan cualquier oportunidad para ganar votos. No les sigamos el juego.
21 de diciembre de 2006
Escandalo politico de primer nivel: Cierre de Air Madrid
El conflicto generado por el cierre/retirada de licencia de Air Madrid hace ahora unos días está derramando ríos de tinta y derrochando minutos de los principales informativos televisivos y radiofónicos del país. Mucho se ha escrito, se sigue escribiendo, y se sigue comentando, pero esta crisis desatada parece que será sólo un incidente más dentro de la legislatura política de turno.
En primer lugar hemos de tener en cuenta que este problema está afectando a más de 130.000 personas, según los datos que aportan los medios de comunicación, seguramente informados por el Ministerio de Fomento, el cual ha sido, sin lugar a dudas, el que ha generado esta situación, independientemente de la mala gestión de la aerolínea cerrada.
La segunda consideración fundamental es el momento en el que se produce: en plena temporada de vacaciones navideñas. Esto hace que lo que ya es un problema para decenas de miles de personas, se convierta en un drama familiar en la mayoría de los casos. Desde los inmigrantes latinos que viven en España, hasta los emigrantes españoles que vivimos en América Latina, pasando por los miles de turista de un lado y otro del océano que, de la noche a la mañana, pasan a desconocer si podrán regresar a sus hogares o a realizar el viaje soñado.
Por esos dos motivos creo que no puede dejarse de lado dentro de la actualidad informativa y política nacional lo sucedido.
El Ministerio de Fomento, dirigido por Magdalena Alvarez, inició de forma extraña hace unas semanas una campaña de comunicación en la que se señalaba la posible suspensión de la licencia de Air Madrid. Los motivos ministeriales para la toma de tal medida no se dieron a conocer, aunque eran vox populi los continuos retrasos que se producían en los vuelos de la compañía mallorquina y por tanto todos pensamos que esa era la razón. Esta situación era de sobra conocida por todos los actores de esta historia, desde los clientes hasta las agencias de viaje, muchas de las cuales advertían a sus clientes y les hacían firmar un documento de no-responsabilidad por su parte respecto a lo que sucediese con los vuelos de la polémica aerolínea. En mis propias carnes he vivido retrasos de hasta 14 horas, pero los precios de esta compañía eran tan atractivos que nos permitían “cruzar el charco” por el precio de un billete regional. Los retrasos producen un cabreo momentáneo que se quita cuando el ahorro supera los 400 euros por barba.
La situación en algunos casos se complicó bastante, porque es evidente que con una flota tan limitada, frente a la cantidad de vuelos ofertados, como la de la aerolínea en cuestión, los problemas de retrasos estaban cantados. No se llega a comprender, sin embargo, que esto fuese motivo de retirada de la licencia. En cualquier caso podríamos haber pensado en que se limitarían las rutas o se obligaría a la compañía aérea a incrementar su flota. Un serio aviso sí que era previsible, pero la retirada, máxime en plenas vacaciones navideñas resultaba impensable. Pero evidentemente la maquinaria estaba en marcha cuando antes de tomar ninguna decisión, el ministerio dirigido por la malagueña comenzó a dar un ultimátum a Air Madrid y con el agravante de que lo hizo público a los cuatro vientos.
Air Madrid se adelantó en un día a la retirada de la licencia. Porque no nos olvidemos de que los responsables de Aviación Civil declararon que iban a tomar tan drástica medida, a pesar de las alegaciones presentadas, el día siguiente al del cierre anunciado por la aerolínea. Sin duda que el propietario de la firma pensó que esa medida forzaría a Fomento a replantear la situación. No sucedió como pensó el estratega que asesoró a Carrillo, accionista único de Air Madrid. Magdalena Alvarez ya había tomado la decisión y era irrevocable.
El dispositivo de “ayuda humanitaria”, como le llamaron desde Fomento, estaba montado en muy pocas horas y se anunció a bombo y platillo que iban a resolver el problema para que todo el mundo, como rezaba el anuncio de los turrones, volviese a casa por Navidad. Nada más lejos de la realidad y en Barajas continúan cientos de personas. Dos días después de estallar la crisis el operativo había cubierto todas las plazas disponibles, no más de 8.000, menos de un diez por ciento de los afectados, recordemos: más de 130.000. Además los aviones fletados –valorados en 5 millones de euros- sólo saldrán hasta el jueves 21, los demás ya no importan a Fomento.
Ante el caos originado ahora Fomento sale con el argumento de la seguridad. Claro que ese argumento es un arma de doble filo, porque si los aviones de Air Madrid eran inseguros, ¿por qué los dejaban volar?. Es más, ¿por qué renovó Fomento en mayo la licencia a la aerolínea?. Sólo una anécdota. En el mes de noviembre tuve oportunidad de volar en Air Madrid con un copiloto que iba acompañado de su esposa y tres hijas, ¿alguien puede creer que un piloto volaría con toda su familia en un avión con posibles deficiencias de seguridad?. Esta claro que este as se lo ha sacado de la manga Magdalena Alvarez en vista de lo que se le venía encima.
El primer beneficiado de esta situación no hay que ser muy inteligente para verlo: la compañía que recupera su monopolio en muchas rutas directas a América Latina. Esa compañía antes estatal y a la que tanto cariño deben guardar los actuales responsables de Fomento. En 24 horas Iberia ha subió un 40 por ciento sus tarifas en todos sus vuelos a los destinos en los que Air Madrid era su único competidor.
Este de Air Madrid es un escándalo político de primera magnitud. Tapado como siempre por la maquinaria propagandística que pagamos entre todos los españoles, con nuestros impuestos o merced a los favores gubernamentales. Resulta vergonzosa la manipulación a la que está siendo sometida la opinión pública en este caso y patética la actitud de los gobernantes de este país que, no sólo han generado un conflicto de afecta a miles de familias, sino que son incapaces de gestionarlo y que se dedica a poner el ventilador y culpar a los demás, desde a Air Madrid –parcialmente culpable- hasta a Esperanza Aguirre por asistir a la inauguración de la aerolínea hace dos años y medio.
En primer lugar hemos de tener en cuenta que este problema está afectando a más de 130.000 personas, según los datos que aportan los medios de comunicación, seguramente informados por el Ministerio de Fomento, el cual ha sido, sin lugar a dudas, el que ha generado esta situación, independientemente de la mala gestión de la aerolínea cerrada.
La segunda consideración fundamental es el momento en el que se produce: en plena temporada de vacaciones navideñas. Esto hace que lo que ya es un problema para decenas de miles de personas, se convierta en un drama familiar en la mayoría de los casos. Desde los inmigrantes latinos que viven en España, hasta los emigrantes españoles que vivimos en América Latina, pasando por los miles de turista de un lado y otro del océano que, de la noche a la mañana, pasan a desconocer si podrán regresar a sus hogares o a realizar el viaje soñado.
Por esos dos motivos creo que no puede dejarse de lado dentro de la actualidad informativa y política nacional lo sucedido.
El Ministerio de Fomento, dirigido por Magdalena Alvarez, inició de forma extraña hace unas semanas una campaña de comunicación en la que se señalaba la posible suspensión de la licencia de Air Madrid. Los motivos ministeriales para la toma de tal medida no se dieron a conocer, aunque eran vox populi los continuos retrasos que se producían en los vuelos de la compañía mallorquina y por tanto todos pensamos que esa era la razón. Esta situación era de sobra conocida por todos los actores de esta historia, desde los clientes hasta las agencias de viaje, muchas de las cuales advertían a sus clientes y les hacían firmar un documento de no-responsabilidad por su parte respecto a lo que sucediese con los vuelos de la polémica aerolínea. En mis propias carnes he vivido retrasos de hasta 14 horas, pero los precios de esta compañía eran tan atractivos que nos permitían “cruzar el charco” por el precio de un billete regional. Los retrasos producen un cabreo momentáneo que se quita cuando el ahorro supera los 400 euros por barba.
La situación en algunos casos se complicó bastante, porque es evidente que con una flota tan limitada, frente a la cantidad de vuelos ofertados, como la de la aerolínea en cuestión, los problemas de retrasos estaban cantados. No se llega a comprender, sin embargo, que esto fuese motivo de retirada de la licencia. En cualquier caso podríamos haber pensado en que se limitarían las rutas o se obligaría a la compañía aérea a incrementar su flota. Un serio aviso sí que era previsible, pero la retirada, máxime en plenas vacaciones navideñas resultaba impensable. Pero evidentemente la maquinaria estaba en marcha cuando antes de tomar ninguna decisión, el ministerio dirigido por la malagueña comenzó a dar un ultimátum a Air Madrid y con el agravante de que lo hizo público a los cuatro vientos.
Air Madrid se adelantó en un día a la retirada de la licencia. Porque no nos olvidemos de que los responsables de Aviación Civil declararon que iban a tomar tan drástica medida, a pesar de las alegaciones presentadas, el día siguiente al del cierre anunciado por la aerolínea. Sin duda que el propietario de la firma pensó que esa medida forzaría a Fomento a replantear la situación. No sucedió como pensó el estratega que asesoró a Carrillo, accionista único de Air Madrid. Magdalena Alvarez ya había tomado la decisión y era irrevocable.
El dispositivo de “ayuda humanitaria”, como le llamaron desde Fomento, estaba montado en muy pocas horas y se anunció a bombo y platillo que iban a resolver el problema para que todo el mundo, como rezaba el anuncio de los turrones, volviese a casa por Navidad. Nada más lejos de la realidad y en Barajas continúan cientos de personas. Dos días después de estallar la crisis el operativo había cubierto todas las plazas disponibles, no más de 8.000, menos de un diez por ciento de los afectados, recordemos: más de 130.000. Además los aviones fletados –valorados en 5 millones de euros- sólo saldrán hasta el jueves 21, los demás ya no importan a Fomento.
Ante el caos originado ahora Fomento sale con el argumento de la seguridad. Claro que ese argumento es un arma de doble filo, porque si los aviones de Air Madrid eran inseguros, ¿por qué los dejaban volar?. Es más, ¿por qué renovó Fomento en mayo la licencia a la aerolínea?. Sólo una anécdota. En el mes de noviembre tuve oportunidad de volar en Air Madrid con un copiloto que iba acompañado de su esposa y tres hijas, ¿alguien puede creer que un piloto volaría con toda su familia en un avión con posibles deficiencias de seguridad?. Esta claro que este as se lo ha sacado de la manga Magdalena Alvarez en vista de lo que se le venía encima.
El primer beneficiado de esta situación no hay que ser muy inteligente para verlo: la compañía que recupera su monopolio en muchas rutas directas a América Latina. Esa compañía antes estatal y a la que tanto cariño deben guardar los actuales responsables de Fomento. En 24 horas Iberia ha subió un 40 por ciento sus tarifas en todos sus vuelos a los destinos en los que Air Madrid era su único competidor.
Este de Air Madrid es un escándalo político de primera magnitud. Tapado como siempre por la maquinaria propagandística que pagamos entre todos los españoles, con nuestros impuestos o merced a los favores gubernamentales. Resulta vergonzosa la manipulación a la que está siendo sometida la opinión pública en este caso y patética la actitud de los gobernantes de este país que, no sólo han generado un conflicto de afecta a miles de familias, sino que son incapaces de gestionarlo y que se dedica a poner el ventilador y culpar a los demás, desde a Air Madrid –parcialmente culpable- hasta a Esperanza Aguirre por asistir a la inauguración de la aerolínea hace dos años y medio.
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