Ya he dejado escrito por
ahí que una de las grandes ventajas de ser de izquierdas es que el pensamiento crítico se facilita tremendamente. Las consignas lo acaparan todo y sólo hay que seguirlas, hacerlas propias, porque su lógica es demoledora: los malos son “los de siempre” y nosotros somos los
defensores de los desfavorecidos.
En estos días convulsos las consignas se agrandan, se extienden y cobran fuerza a base de repetirlas. Afirmaba
Russell que con un poco de agilidad mental y unas cuantas lecturas de segunda mano, cualquier imbécil encuentra pruebas de todo aquello en lo que quiere creer. Hoy podemos sustituir “lecturas” por documentales entre la denuncia y la ciencia ficción para dar vigencia a la máxima.
En estos días complejos son los bancos los grandes vapuleados de las consignas oficiales de la progresía. Aunque algunos detalles valdría la pena analizarlos antes de firmar la sentencia de culpabilidad, aunque la hay.
Acusamos a los bancos de codicia, de querer ganar más dinero, de vender hipotecas imposibles, pero ¿quién compró esas hipotecas?. Hasta donde me alcanza la memoria no conozco a nadie al que le pusieran una pistola en el pecho para comprarse una vivienda nueva. Con su correspondiente hipoteca, claro está. Tampoco recuerdo ningún caso de cambio de
pisito de sesenta metros por adosado de tres plantas bajo amenaza de muerte.
Dicho de otra forma, sí, los bancos querían ganar mucho dinero vendiendo hipotecas a diestro y siniestro, pero a los que hoy acusan con el dedo a los banqueros tampoco les vino mal aquel furor de hipotecas baratas y casas con precios al alza. La codicia
no fue sólo de los bancos.
Otro detalle importante es que la manía antibancaria se centra en los grandes bancos españoles, especialmente en el
Banco de Santander. Quizá por la animadversión que genera su presidente, Emilio Botín, y sus corbatas curiosamente rojas. Mientras los dardos se dirigen al carismático banquero santanderino, los políticos que dirigen las cajas de ahorros se esconden para que nadie se acuerde de ellos.
Porque en realidad los grandes desembolsos que la economía española ha tenido que hacer para rescatar a las entidades financieras, han ido a parar a las cajas de ahorros. Cajas dirigidas fundamentalmente por políticos de PSOE y PP. No he visto a ningún indignado gritar contra
Narcís Serra, presidente de
Caixa Catalunya, o
Juan Pedro Hernández Moltó, que dirigió los destinos de la intervenida
Caja Castilla La Mancha, por ejemplo.
Parádojicamente las cajas son entes con fines sociales, o algo así, sobre todo si tenemos en cuenta su tutela política. Es decir, que la salida “social” a la crisis que se con tanta vehemencia se vocifera -frente al neoliberalismo
feroz-, deja de lado que el sector público financiero es al que se está protegiendo de la quiebra. A renglón seguido se piden nacionalizaciones de la banca. ¿Más?, pregunto yo.
¿No se han parado a pensar todos estos documentalistas y pensadores de la consigna que las grandes perjudicadas de la dación en pago de las hipotecas serían precisamente las cajas de ahorros gobernadas por PSOE y PP?. ¿No se han dado cuenta tantos cerebros creadores de pancartas que en Banco Santander ha liquidado la mayoría de su cartera de adjudicados mediante su propia inmobiliaria, conocida como
Altamira?. ¿No queda claro que ha sido la estrategia de internacionalización de las grandes empresas la que ha posibilitado que la crisis no afecte tanto a estos conglomerados empresariales?.
De ahí que yo sea partidario de cambiar aquello de
“No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, por
“políticos y político/bancarios”. Mucho me temo que da bien en las pancartas.
Aunque quizá la mayor falacia de todas es aquella que afirma que la desregulación, esa gran lacra del neoliberalismo
salvaje, de las entidades financieras ha sido la causante de nuestros males. Ignoran, o parecen ignorar, todos estos iluminados de la indignación que el sector financiero es el más regulado de todos los sectores económicos en el mundo entero, desde Pekín hasta Nueva York. Puede que las regulaciones no hayan sido las correctas. Pero todo se ha fraguado bajo la atenta mirada de los reguladores y cumpliendo la legalidad vigente. Posiblemente equivocada.
Dicho todo lo anterior, que nadie se lleve a engaño. Las entidades financieras son
las grandes culpables de lo ocurrido en esta crisis financiera/inmobiliaria. Primero porque utilizaron todos los medios para hacer crecer una burbuja inmobiliaria sin sentido. Segundo porque han preferido buscar el apoyo político –no olvidemos que son políticos los que regentan la mitad del sistema financiero español-, antes que sanearse adecuadamente o ir a la quiebra. Tercero porque no han asumido su culpa, la cual pasa porque acepten los inmuebles como pago de la deuda. Este último punto
no interesa ni a PSOE ni a PP que son titulares de casi todas las cajas de ahorros de España.
No, yo no quiero que se nacionalicen los bancos, al contrario quiero que salgan de las manos de los políticos. Tampoco que tengan más regulación, sino una mejor normativa que impida excesivos riesgos del sistema. Lo que sí quiero es que puedan ir a la quiebra, bancos y cajas, como la tienda de la esquina, de la que nadie se acuerda. Ni los indignados oficiales.