Mostrando entradas con la etiqueta partidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta partidos. Mostrar todas las entradas

2 de julio de 2016

Hora de trabajar, señores


Carece de sentido analizar los resultados de la contienda electoral del domingo 26. Es agua pasada y ya se han derramado ríos de tinta –sobre todo virtuales- al respecto.  Un 33% de los votantes dio su apoyo a una formación política. El resto, que no alcanzaron más de 85 escaños de forma individual, no les queda más que aceptar el resultado y esperar su oportunidad en los próximos comicios.

El resultado de estas elecciones ha sorprendido a casi todos, al igual que ha dejado claro que es necesario llegar a acuerdos para formar un Gobierno estable, que retome senda del crecimiento económico, la creación de empleo y la mejora de los servicios esenciales.

Ahora es tiempo de que los políticos, sobre todo los que afirmaron en campaña que no habría una tercera convocatoria electoral, se pongan a trabajar. A día de hoy, trabajar quiere decir llegar a un acuerdo para que España tenga un Gobierno legítimo y no uno transitorio. Conseguirlo parece bastante fácil y sería comenzando por los puntos en común.

¿Acaso PP, PSOE y Ciudadanos no quieren reducir las cifras de desempleo?. ¿No prometieron los tres fortalecer la educación?. ¿No buscan los tres partidos una España competitiva, cohesionada y pujante?. Parece evidente que sí. Como también existen diferencias en el modo de lograr tales objetivos. Pero si hay objetivos comunes, es posible remar juntos en el mismo sentido.

Ya conocemos el resultado de las estrategias partidarias que se pusieron en marcha tras el 20D. Sabemos que el coste económico y político de seguir por el camino de la confrontación es alto, sobre todo para los que ven una oportunidad en la falta de estabilidad y se nutren del descontento ciudadano.

Es por ello que los españoles reclaman a los políticos la amplitud de miras suficiente para superar la ceguera de la confrontación, la excusa de la interpretación de los resultados y la supuesta dictadura de los comités directivos de los partidos.  Más de un año de campaña electoral es más que suficiente para que algunos olviden las frases hechas y las consignas demagógicas.


Ha llegado el momento de ponerse a trabajar por una España mejor.  Eso es lo que estamos esperando de ustedes.

24 de mayo de 2016

Por qué las minorías decidirán las próximas elecciones

Una señora de unos 32 años reclama en un programa de televisión su derecho a pasear en andas una vagina de gomaespuma de algo más de un metro de alto, por el centro de Málaga y gritando insultos hacia la Iglesia Católica. Ataviada como si aún siguiera en sus años universitarios, la activista afirma que está imputada penalmente porque “en España la Conferencia Episcopal continúa teniendo un poder que sobrepasa las leyes”. Candidata al Congreso de los Diputados por Podemos en Málaga.

Un señor con 40 años toma la palabra en la Diputación Provincial de Granada para afirmar que “Arnaldo Otegui es un preso político”, “un hombre clave para la paz en el País Vasco”. Entretanto confía en que la Guardia Civil “se convierta en una institución democrática”. Diputado Provincial por IU, hoy Unidos Podemos.


Ambos han construido sus vidas recientes en torno a este tipo de causas reivindicativas. Sólo hay que visitar sus perfiles en la redes sociales para comprobar el grado de exaltación que sienten por sus causas: feminismo y guerracivilismo, respectivamente.

En este activismo se insertan gran cantidad asuntos que poco o nada tienen que ver con los grandes problemas del Estado: desahucios, maltrato animal, memoria histórica, apoyo o rechazo al aborto, apoyo o rechazo a la inmigración, etc.  Asuntos que, en cierta medida, generan importantes filias pero que no pueden ser asumidos de forma clara y contundente por los grandes partidos.

¿Cuántos votos perdería el PSOE si apoyara la abolición de las corridas de toros?. ¿Cuántos votos perdería el PP si cerrara las puertas a la Ley de Memoria Histórica?. Los grandes partidos no pueden asumir el coste político de tomar una determinada posición frente a temas aparentemente irrelevantes para el conjunto de los ciudadanos.

La repercusión mediática de lo políticamente correcto es muy elevada. Tanto que las minorías han ido ganando espacios cada vez más amplios en el imaginario común de los votantes. Imponiendo opiniones que hace unos años nos hubiesen parecido descabelladas.

Sin embargo, existen partidos políticos que son conscientes del poder de las minorías y han sido capaces de mimetizarse con ellas para obtener su favor. Así, la suma de las minorías –cegadas por su activismo militante- conforma una mayoría inaudita en España. Una mayoría que lleva a compartir bandera a los militantes del sindicato del PER en Andalucía, con los del Espanya ens roba en Cataluña. Que cubre bajo un mismo techo a altos cargos de las administraciones públicas y a personajes que dedicaron parte de su vida a aplaudir y brindar por cada crimen de la banda armada ETA.

Todo vale para alcanzar el poder. Una vez logrado, todo son símbolos, gestos, detalles, guiños, payasadas en sede parlamentaria o consistorial para que los adeptos continúen unidos. Al fin y al cabo, en eso consiste el activismo en apoyar una causa, aunque la causa deje de estar vigente. En votar a ciegas mientras la papeleta lleve en su discurso la justa causa a la que han dedicado su blog, su muro en Twitter, su vida.


España enfrenta retos mucho más allá del Toro de la Vega, de la procesión del coño insumiso, del uso de la estelada en un partido de fútbol.  Retos que tienen que ver con la ausencia de un rumbo claro y común en asuntos como la educación, la sanidad, las infraestructuras o nuestra posición en el mundo. Pero serán las causas de las minorías las que decidan quién nos gobernará en los próximos años, no les quepa la menor duda. Al fin y al cabo, una importante mayoría de los votantes no tiene nada que perder... o eso creen ellos.

26 de mayo de 2015

¿Ha llegado la hora de pensar en España?

Más allá de analizar los resultados electorales del domingo, me parece más oportuno señalar cómo deberíamos reflexionar al respecto de los mismos de cara a los pactos que se avecinan. Porque de pactos trata ahora este juego y, en tal magnitud, que nunca antes habíamos asistido a un escenario parecido. Ni por el número de actores, ni por el pelaje de los mismos.

Con esta perspectiva, más que analizar datos lo que cabe es analizar realidades. Porque una vez más asistimos a la ceremonia del todos ganan, pero todos, absolutamente todos han perdido en estas elecciones. Unos en votos y otros en expectativas de voto. Pero los que más pueden perder, en este nuevo escenario, son precisamente aquellos que acudieron a votar el domingo. De ahí que quizá haya que revisar, no los resultados, pero sí lo que se deriva de los mismos que son las enseñanzas para los actores que van a tener una parte importante del futuro –y la recuperación- de España en sus manos.

El Partido Popular no puede sacar pecho de estos resultados. El mapa teñido de azul que presenciamos el domingo a última hora de la noche no es más que un espejismo, porque todo apunta a que los pactos no le van a favorecer. Ha llegado la hora de la renovación de un partido que mantiene intacto el aparato de la debacle de 2004. El domingo se movieron los cimientos de aquel "Roma se conquista desde las provincias", que estableciera Aznar de forma tácita. Y con este terremoto se tiene que ir la soberbia instalada en Génova desde aquella mayoría absoluta del año 2000.

En el PP tienen que cambiar mucho las cosas, no sólo las caras. Estos resultados son la oportunidad para Rajoy de pensar en su partido más allá del 13 de junio. Todo queda resumido en una palabra que muchos desconocen o evitan: humildad. El electorado popular lo ha dejado muy claro: ¡basta de corrupción!. No confundamos el mensaje.

Ser la tercera fuerza política en la capital de España es un varapalo sin precedentes para el PSOE. Un partido tocado de muerte en muchos municipios y unas cuantas autonomías. Rebasado por la izquierda, pero también arrasado por la corrupción y por la herencia del peor presidente del gobierno de la democracia: José Luis Rodríguez Zapatero, al que sacaron a pasera en campaña.

El domingo Pedro Sánchez sonreía a pesar de perder 800.000 votos frente a 2011 y casi 2.000.000 de votos con respecto a las elecciones de 2007, más que el PP. La victoria del que esperaba una derrota aún más severa lo consoló. Sin embargo, las alternativas de pactos parecen darle ventaja al PSOE, que podría caer en el error de entrar en ese revanchismo que tanto nos caracteriza a los españoles: cualquier cosa menos mi archienemigo.  

Y digo error porque ese "cualquier cosa" es una amalgama de partidos, tendencias, personalidades y personajes varios que le van a exigir mutar en cualquier cosa –ahora sí- menos en un partido nacional. Ya lo hicieron en el pasado reciente y las consecuencias fueron desastrosas. Aún hoy las sufren en Galicia o Cataluña.


Aquí no va a servir el discurso de la-lista-más-votada de las lideresas derrotadas del PP. Tampoco el de "todo vale para derrocar al enemigo", que vislumbra la cúpula del PSOE. Los que están hambrientos de poder tienen muy poco que perder y mucho que ganar en esta etapa de pactos que nos regalan los comicios del domingo. Quizá la mayor enseñanza no sea la de continuar con el cálculo político del pasado, sino la de abrir una nueva era de entendimiento nacional y de acuerdos para borrar del mapa los grandes problemas de España: corrupción y paro.

27 de enero de 2010

¿Debate?. ¿Qué debate?.


Si echamos un vistazo a la portada de cualquier diario, nos percataremos de que existen unos cuantos temas fundamentales de convivencia democrática que requieren de un profundo debate si se quieren resolver de una forma eficaz. Esa resolución es válida cuando nace de un acuerdo político amplio, no de la mera imposición de una mayoría, en ocasiones muy escueta. Del mismo modo, buscar permanentemente el consenso sería poco menos que utópico y nos llevaría a la parálisis de la iniciativa legislativa.

Este pretendido ideal, al menos para el que redacta estas líneas, queda muy lejos de esta realidad nuestra. En España no existe un verdadero debate público sobre temas de tanta importancia como la energía nuclear, la reforma de la educación o la del mercado laboral. A no ser que confundamos el debate real de los que tienen voz y voto en sede parlamentaria, con esas discusiones que se reproducen en tertulias televisivas y radiofónicas.

Nuestros políticos no quieren tener que dar argumentos y rebatir los del contrario bajo el auspicio de la soberanía popular, es decir, en las cámaras legislativas. Prefieren la negociación bilateral para reunir votos, cuando no orientarse por los sondeos de opinión para tomar decisiones sin arriesgar demasiado, no vaya a ser que pierdan algunos votos. Lo suyo son las consignas, las soflamas y los ataques en lugar de los sólidos argumentos necesarios para ganar un debate público.

Como ejemplo palmario tenemos la recientemente aprobada Ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, o sea del aborto. Sí, mucho tertuliano a favor y en contra, mucha columna a favor y en contra, mucho mitin dominguero y demagógico, incluso muchas manifestaciones y grupos en feisbuk, pero, ¿alguien recuerda el debate que hubo en el Congreso de los Diputados?. A la cámara baja se va ya con las leyes aprobadas gracias al chalaneo de votos, negociados sin luz ni taquígrafos y sin que los ciudadanos sepamos a qué se ha comprometido el partido en el poder a cambio de cinco votos.

Más grave aún es ese pretendido “Pacto de Estado de la Educación”, por el cual los dos partidos mayoritarios se sientan a discutir una ley fundamental para el futuro de nuestro país. Eso sí, se cuidan mucho de que los españoles sepamos lo que discuten. Como al PP se le ocurrió lanzar públicamente algunas de sus ideas sobre la reforma educativa, el propio Ministro de Educación no dudó en declarar públicamente que era “ilógico hacer declaraciones sobre un tema que se está negociando”. En otras palabras, mejor que no sepamos nada, no vaya a ser que la opinión pública lo estropee todo.

Los medios de comunicación, tan espléndidos ellos, nos quieren hacer ver lo contrario. Hablan sin cesar del “debate abierto” por esto y por aquello, pero en realidad ese debate no va más allá de las discusiones entre tertulianos o de las columnas, generalmente cargadas de soflamas, defendiendo posiciones, que no debatiendo.

Debatir es mucho más que lanzar proclamas en una rueda de prensa o sentarse a negociar en una oscura –no por falta de energía eléctrica- sala del Congreso de los Diputados. En un país en donde la Sociedad Civil no pinta nada, sin think tanks independientes, con una vida parlamentaria de encefalograma plano, resulta incluso vergonzoso que nos hablen continuamente de “debate” precisamente los que lo tienen secuestrado.

10 de abril de 2008

Ruido de sables en el PP


A la derechona que reside en el PP no le ha sentado nada bien la derrota electoral del 9-M. Tiene gracia. Después de una legislatura entera dirigiendo mediáticamente el programa político popular ahora culpan a Rajoy por “moderado”. O sea que lo que quieren es, claramente, ponerse a dirigir el partido y escorarlo aún más hacia el conservadurismo, disfrazándolo de liberalismo. Nada de “centristas cobardes”, que dicen por ahí.

Esperanza Aguirre, consumada golfista, se encuentra muy arropada por la derechona popular. Desde Jiménez Losantos hasta la retaguardia opusina. Pero para no hablar claramente de “quítate tu pa ponerme yo”, nos trae doña Esperanza el discurso del liberalismo económico y toda esa cantinela que va predicando José María Aznar en sus seminarios como ya se ha dicho aquí, la cual básicamente desconocen todos estos buscadores de cargos, y que se aparta del principio de reformismo que siguió el propio PP durante ocho años de mandato.

Aguirre dice que lo que quieren es hablar de “ideas, principios y valores”, las personas aparentemente, le dan igual. Pero si Rajoy no le acepta el giro a la derecha –más aún-, lo cual parece más que evidente después del descalabro electoral, entonces se presentará como candidata a presidir el partido. Ojala lo haga, pero auguro que Francisco Camps la va a convencer de lo contrario para pedirle a cambio a Rajoy que, a cambio, elimine al único candidato popular que hoy por hoy tiene opciones de llegar a la Moncloa: Alberto Ruiz-Gallardón.

La derechona quiere mandar en el PP con carta propia de naturaleza. Poniendo a su más mediática figura al frente de un partido con más de diez millones de votos. Haciendo que el segundo partido de España dé la espalda a la realidad social del país. Ellos se sienten la base del partido, traicionada y arrinconada por los deseos centristas y amanerados de un Rajoy que no convence a nadie. A falta de victoria en las urnas, la derechona se revela, quiere tomar las riendas y en su cobardía absoluta habla de “ideas, principios y valores”. La falacia está servida, a ver si alguien la compra.

A mi me hace mucha gracia todo este panorama. Rajoy ya es de facto un líder con los pies de barro. Gallardón parece que le va a dar su apoyo pero con la condición de que la presidencia popular lo incluya la candidatura para 2010. Claro que el alcalde de Madrid tiene poco respaldo dentro del aparato, aparentemente. Esperemos que el gallego asuma que hay una guerra interna y permita la sangría ahora que faltan cuatro años para las generales.

10 de marzo de 2008

Tenemos lo que nos merecemos: bipartidismo


Al final sucedió lo esperado. El PSOE ha vuelto a ganar las elecciones sin mayoría absoluta. El PP ha consolidado su espacio ganando en escaños. La izquierda se ha reunido en torno al PSOE e IU probablemente tenga los días contados. Los nacionalistas han sido, en términos generales, los grandes perdedores, su cuota de poder se ha visto minimizada por la polarización de voto hacia los dos grandes partidos.

Me llama poderosamente la atención la aparente sorpresa que han causado los resultados en la prensa en general, con respecto a esta polarización bipartidista. Quizá deberían ser ellos los que analicen cuál ha sido su papel en esta campaña. ¿Qué seguimiento o qué cobertura han tenido el resto de los partidos?. Ninguna. Cero. Pero culparlos a ellos, a los medios de comunicación, se me antoja injusto.

Hemos vivido una legislatura llena de crispación. Las posturas han estado más enfrentadas que nunca. Desde el modelo de Estado, hasta la economía, pasando por el tema estrella de estos cuatro años: el terrorismo. Así que los ciudadanos han salido nuevamente a votar de forma masiva, diría yo. Unos para cambiar y otros para seguir con lo mismo. Sin embargo somos muchísimos los ciudadanos que hemos acudido a votar con pesadumbre. Hemos votado por aproximación y, en no pocos casos, por resentimiento. Esto es, en contra de un partido, no a favor del otro.

Aquello de las "dos Españas" se está haciendo políticamente real, por más que la realidad de la calle sea bien diferente. Porque una cosa es votar a un partido que ha realizado una pésima legislatura -como Gobierno o como oposición- y otra bien diferente es comulgar con todo su ideario y su forma de actuar.

Forzados, quizá, pero con cobardía, absolutamente, tenemos ante nosotros una repetición de la legislatura pasada, más polarizada aún si cabe. Es lo que nos merecemos, no hay más.

1 de junio de 2007

La "voluntad del pueblo" va por barrios



Como ya se anunciaba en la noche electoral, la segunda fase de los comicios empieza ahora. Se trata de la ronda de pactos para lograr el poder. No hay demasiadas sorpresas en este sentido, aunque sí estamos empezando a ver a los partidos mayoritarios utilizar su doble discurso habitual. Antes del domingo el PP propuso que gobernase la lista más votada, pero el PSOE no quiso aceptar esa opción, así que guardó silencio sabedor de que ese “trato” le restaría mucho poder.

Pero parece que el PP no va a cumplir su propia propuesta y en Canarias podría apoyar la investidura de Coalición Canaria, segunda lista más votada, frente a la socialista. Hoy el candidato canario sin programa, Juan Fernando López Aguilar, ha dicho que “la voluntad inequívoca de los canarios es la del cambio”, en referencia a que la suya ha sido la candidatura con mayor número de votos en las Islas Afortunadas, y puede que tenga razón. López Aguilar lo que pide es que el PP cumpla lo que su partido no quiso aceptar, no quiere aceptar: que gobierne la lista más votada.

Por eso lo que cabe es decirle a López Aguilar que la voluntad de los sevillanos o de los asturianos también es la del cambio, pero no va a suceder porque su partido no lo va a permitir y va a gobernar en Sevilla y Asturias sin ser la lista más votada. Triste lo de López Aguilar, pero su discurso moralista no hace más que acusar a su propio partido. Porque el pueblo vota, pero los que pactan son los partidos, como ocurrió en Galicia o en Cataluña, en donde gobierna su partido gracias a los pactos y desplazando “la voluntad inequívoca” de los ciudadanos. El ex ministro, que festejó desde el gobierno, las derrotas de su partido en Cataluña y Galicia porque en realidad eran victorias gracias a los tripartitos con nacionalistas, ahora quiere que se aplique lo que él nunca quiso aceptar cuando las cuentas le eran favorables al PSOE.

El discurso de la “voluntad inequívoca del pueblo” tienen poca validez cuando viene de un dirigente político como López Aguilar. Porque para estos políticos nuestros lo que vale es el poder por el poder y la voluntad del pueblo es válida sólo cuando les conviene para dar discursos de doble moral.

28 de mayo de 2007

Oxigeno para Rajoy, aviso para Rodriguez


Conocidos los resultados de las elecciones municipales y autonómicas me atrevo a realizar un análisis a vuelapié de los mismos. Seguramente que estos primeros comentarios se verán corregidos y mejorados por las aportaciones de los que leen esta líneas, amén de por las alianzas que se formalizarán en las próximas horas, o días.

El PP ha ganado las elecciones. Ha sido una victoria mínima, pero la primera de la era Rajoy, con lo cual el presidente del Partido Popular agarra un poco de oxigeno ante un panorama previo bastante sombrío y en el que su liderazgo estaba más que cuestionado. Así los populares se mostraban exultantes en la noche electoral, si bien creo que mañana con más sosiego, deberán empezar a trabajar para mantener algunos ayuntamientos, amén de Navarra y Baleares. Ni que decir tiene que además Rajoy deberá analizar lo sucedido en referencia a los liderazgos internos.

Hoy Rodríguez ni siquiera ha salido a dar la cara, todo un síntoma del tipo de liderazgo que representa: siempre para las maduras, nunca para las duras. Ha mandado a Fernández de la Vega con el mensaje claro de que “esto no tiene nada que ver con el Gobierno”. Nadie se lo cree y menos aún cuando victoria popular ha sido arrolladora en los puntos en los que el PSOE, y más concretamente Rodríguez, había puesto más empeño. Me refiero a Madrid, Valencia y Marbella, en donde el PP ha “arrasado” literalmente a los candidatos de Rodríguez. Lo de Sebastián ha sido la crónica de una muerte anunciada. Aviso en toda regla, por tanto, para el PSOE que ha decidido mirar para otro lado y ya piensan en amarrar las alianzas que vienen y con quien haga falta, como viene siendo habitual.

En los medios oficiales y oficialistas no han parado de insistir en los retrocesos del PP en algunas capitales de provincia y autonomías. Incluso han llegado a insinuar que el PSOE ha sido el ganador de los comicios, cuando uno de los locutores de la cadena de televisión que pagamos entre todos ha afirmado que “el PP se ha autoproclamado vencedor de las elecciones”. Por supuesto los medios del otro lado han minimizado las pérdidas populares.

ETA entra con fuerza en los ayuntamientos

De lo que no han dicho absolutamente nada en los medios progubernamentales ha sido de los excelentes resultados logrados por el partido sucesor de Batasuna al que Rodríguez ha permitido presentarse a las elecciones, ANV. Los representantes políticos de ETA han logrado un buen número de concejales y ocho alcaldías por mayoría absoluta, seguro que alguna más “cae” en sus manos en los próximos días. Toda una alegría para Otegui que ha confirmado que la izquierda proetarra ha logrado "records históricos jamás alcanzados".

Se consuma la desvergüenza con el visto bueno generalizado de la izquierda nominal española. Para mayor insidia los terroristas sin antecedentes penales hoy han abucheado en los colegios electorales a los líderes de los partidos democráticos vascos, incluidos a los que les prestan su apoyo de forma tácita o expresa. Sinceramente, me he alegrado al ver las imágenes de Patxi López escoltado ante los insultos de sus “interlocutores”.

15 de mayo de 2007

Goebbels entra en campaña


Estaba cantado. ETA ya ha pedido el voto para ANV, aquel partido que en más de 20 años no había tenido actividad pero, de la noche a la mañana presentó cerca de 300 candidaturas en Euskadi y Navarra. El primero en avisarlo no fue el PP, sino el PNV con ese doble discurso que maneja: quieren que se elimine la Ley de Partidos pero acuden prestos a denunciar a las secuelas de Batasuna. Sin duda es el PNV el principal perjudicado de esta presencia de los etarras en las elecciones, a nivel electoral, digo, porque desde el punto de vista del Estado de Derecho, los que más hemos perdido somos los ciudadanos que tendremos que sufragar con nuestros impuestos a un partido que defiende políticamente los valores del terrorismo.

Rodríguez insiste en su mentira y acusa de mentirosos a los demás, pero a estás alturas del partido queda claro quién mintió y quién ha permitido que ETA esté el 27 de mayo en liza electoral. Él solito se acusó en aquel mitin en el que dijo que pondría a fiscales y abogados del Estado a ilegalizar todo lo ilegalizable, pues bien, NO lo ha hecho y ahí está la terca realidad.

Por mucho que Rodríguez se empeñe ahora en lanzar los cañones contra la Pantoja, que se está convirtiendo en la particular Guerra de Irak de estas elecciones municipales y autonómicas, el daño está hecho y los ciudadanos medianamente críticos lo tienen claro. Lo que ocurre es que en España la tonadillera tiene más seguimiento que el propio Rodríguez y que hay más programas en televisión de color "rosa" que de carácter político o simplemente que animen al debate o a la participación de la Sociedad Civil.

Veo en los anuncios electorales que Rodríguez insiste en aquello que dijo Rubalcaba: "los españoles eligieron a un Gobierno que dijera la verdad y lo estamos cumpliendo". No, Sr. Presidente, Udes. mienten y Ud. no tiene ninguna autoridad moral para continuar engañando a la ciudadanía. Hoy sabemos que en el PSOE son unos maestros aplicando la teoría goebbeliana(*).


(*) Goebbeliana: De Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler

8 de mayo de 2007

¿Quien miente realmente en España?


Desde aquella fatídica noche para la democracia española en la que se violó de forma vergonzosa la sagrada “jornada de reflexión”, el PSOE ha enarbolado la bandera del gobierno/oposición, señal de que aún pretender rentabilizar el latiguillo que tanto éxito les dio el 14 de marzo de 2004, acusando continuamente al PP de mentir. Si atendemos a las comparecencias de los portavoces habituales del partido en el poder, básicamente María Teresa Fernández de la Vega, José Blanco y Diego López Garrido, la palabra “mentira” es la que más emplean para referirse al principal partido de la oposición.

Según los portavoces socialistas el PP siempre miente. Miente cuando habla del estatuto catalán, miente cuando habla de terrorismo y hasta miente en el precio del café matutino con el que los españoles compartimos opiniones en el intermedio laboral. Es el argumento más convincente que podemos escuchar a la vicepresidenta cuando se le pregunta por las críticas de la oposición al hilo de cualquier asunto. En el tremendo lío de la CNMV el partido de Mariano Rajoy también mentía, así que tuvieron que convertir en mentiroso a Manuel Conthe. Todos mienten. Recuerden que según Rubalcaba “los españoles quieren un gobierno que no les mienta”, frase lapidaria que retumbó la noche de reflexión previa al ascenso al poder de Rodríguez Zapatero.

Todo este asunto de la presentación de candidaturas de partidos de la izquierda radical vasca ha vuelto a permitir al PSOE utilizar la palabra mágica en su discurso. Pero el tiro le está saliendo por la culata y parece que la mentira ha cambiado de bando.

En primer lugar, desde hace varios meses el Gobierno insiste en que las decisiones tomadas por diversos fiscales de no actuar contra dirigentes del entramado político-terrorista de ETA, nada tienen que ver con presiones o instrucciones desde el Poder Ejecutivo. Sin embargo, en un reciente mitin, el propio Rodríguez señaló que pondría a trabajar a “fiscales y abogacía del Estado” para que se cumpliese la Ley de Partidos. En definitivas cuentas, el presidente admitió la injerencia de su Gabinete en las decisiones de la fiscalía.

A continuación tenemos el caso concreto de los recursos presentados por fiscales y abogados del Estado contra determinadas listas de los partidos Abertzale Sozialisten (AS) y Acción Nacionalista Vasca (ANV). Como el propio Rodríguez afirmó se impugnaron una serie de listas de estos partidos, los cuales no sólo presentan en casi todas sus candidaturas a miembros de la ilegalizada Batasuna, sino que en el caso concreto es un partido que lleva más de veinte años inactivo y ahora tiene capacidad, de la noche a la mañana, para presentar más de 200 con cerca de 2.000 personas en total. Pero no se intentó frenar la postulación de ambos partidos.

El Tribunal Supremo (TS) ha dictado auto en el cual, efectivamente ilegaliza las listas que el Gobierno, por medio de sus fiscales y abogados, solicitó. Con esa lista Rodríguez nos hizo creer que se estaba haciendo todo lo posible para que los socios políticos de ETA no concurriesen a las elecciones del próximo 27 de mayo. Sin embargo el TS en su auto de impugnación de las candidaturas de AS y ANV dice lo siguiente: "Ante la hipótesis de que un partido político presentara candidaturas con el ánimo de defraudar los efectos de la ilegalización de otro partido (...), quebrantando la sentencia de ilegalización, el cauce que el ordenamiento jurídico ofrece para salvaguardar la eficacia de la sentencia el de la solicitud de ilegalización del nuevo partido -o del que, sin ser de nueva creación, sea aprovechado con el mismo designio elusivo-".
Caben pocas interpretaciones al texto literal del auto. Efectivamente el TS ha dado la razón al Gobierno impugnando las listas solicitadas, pero ¿por qué el Gobierno no solicitó la retirada de la totalidad de las candidaturas de AS y ANV como el propio TS señala en su sentencia?. Pues a pesar de todo, José Blanco dice que el PP miente y el presidente insiste en que el TS ha respaldado su actuación. Nada más lejos de la realidad, por mucho que lo diga el Ministro de Justicia o lo intenten maquillar los medios oficiales y oficialistas. En este asunto alguien ha mentido y creo que ahora se intenta poner el ventilador para confundir a la opinión pública.

El tercer asunto va vinculado a éste de las listas. Porque el tema de las listas no es cuestión baladí. Hay mucho dinero en juego en estas elecciones y ETA anda corta de efectivo. Rodríguez viene negando el avance de las negociaciones con la banda terrorista desde que ésta hiciese saltar por los aires el “proceso” –y el aparcamiento D de la T4 de Barajas- en diciembre. Pero todas las señales indican precisamente lo contrario. Desde la libertad “de facto” de Iñaki de Juana, hasta la velada luz verde a la concurrencia de Batasuna a las urnas en las próximas municipales y autonómicas. Nuevamente parece que alguien miente y parece que estamos muy cerca de saber quién es.

28 de marzo de 2007

Se hace camino al andar

He tenido oportunidad de ver parcialmente el nuevo programa de TVE anunciado a bombo y platillo en el que el público –elegido al azar, según contaban- podía preguntar a su antojo –sin preparación previa, según anunciaban, aunque al invitado se le escapó decir en un momento dado: “Esto sí que no estaba preparado”- al Presidente del Gobierno. En general, el programa parece interesante. Las respuestas políticas y vacías, como era de esperar y se echa en falta el derecho de réplica.

Hoy, gracias al programa, sabemos que el Presidente de nuestro país cree que un café cuesta 80 céntimos de euro, un cincuenta por ciento menos de la realidad, y que prefiere que sean mujeres las que ocupen el 50 por ciento de los cargos, aunque los mejor capacitados se queden fuera por motivo de las cuotas. Aparte de eso y del continuo ir y venir de los logros económicos de su gobierno, incluido el descenso en los incrementos en el precio de la vivienda –del 14% al 9%-, lo cual me parece inaudito, poca novedad nos ha aportado este programa. Todo son preocupaciones compartidas y generalidades, política de “café para todos”. Para los inmigrantes, para los desempleados, para los que no pueden adquirir una vivienda digna, etc.

En un momento del programa una joven le ha recordado a Rodríguez aquella frase que corearon sus seguidores más inmaduros –por la edad quiero decir- en la noche de su victoria electoral: “Zapatero no nos falles”. El tipo ha tragado saliva y Rocío, que así se llama la chica, le ha venido a decir en la cara que se siente defraudada. Rodríguez ha visto una puerta abierta ante la crueldad de la acusación y nos ha dado la clave de todo su mandato: “los jóvenes lo que pedían era que España no estuviese en la guerra de Irak y mi primera decisión fue hacer que la tropas volviesen del Golfo. Por tanto yo creo que no he decepcionado a nadie”. Ahí queda eso.

En estos días, con la perspectiva de los años, algunos se dan cuenta de algo que otros vislumbramos desde el primer momento. España se encontraba en una situación de plenitud y el mayor problema de nuestro país, para muchos españoles, sobre todo para los más inmaduros –insisto, por la edad-, era una guerra a miles de kilómetros. Esa es la justificación última de todo. Esa era la única apuesta de un partido y de un dirigente político que alcanzó el poder por medio de una secuencia de acontecimientos fuera de todo contexto electoral. Ese era el único programa electoral: “No a la guerra”. Lo demás se ha ido construyendo como el caminante de Machado, haciéndose camino al andar.

16 de marzo de 2007

De la autoridad moral

En este mundo virtual en el que nos movemos sin duda trasladamos, algunos más que otros, nuestros anhelos, pasiones, miedos y, principalmente, nuestro ego a palabras, frases, conversaciones y a una realidad en la que trascender por encima de lo cotidiano. Algunos piensan que ese traslado les da licencia para sentirse superiores y se sienten acreedores de una autoridad moral impuesta por los ideales a los que abrazan, cuando no simplemente por circunstancias externas y fútiles.

En no pocas ocasiones uno tiene que leer reproches de personas que se sienten en un plano de superioridad otorgado por la autoridad moral que les brinda su presunto nivel cultural. Este quizá sea el menos grave de los ejemplos, sin embargo algunos lo convierten en una coraza inexpugnable que les permite sustituir la falta de argumentos por frases grandilocuentes o citas prestadas tomadas de su vasta y enciclopédica lectura.

Existe una importante cantidad de blogueros, foristas y similares que han hecho de los acontecimientos que sucedieron al fatídico 11 de marzo de 2004 su gran caballo de batalla y, por ende, su posibilidad última de sentir que tienen autoridad moral sobre los que se atreven a discernir sobre ellos en asuntos diversos, tengan o no que ver con aquellos terribles hechos. Han forjado toda una cultura en torno a la autoría de los atentados o acerca de los motivos que los originaron, Guerra de Irak incluída.

He tenido ocasión, igualmente, de ser atropellado por la supuesta autoridad moral de los que ponen nombre y apellidos, con foto incluida, en un foro de Internet. Al igual que algunos se sienten con autoridad moral por acudir o haber asistido a manifestaciones a las que su interlocutor no lo hizo. O esos otros que vivieron en sus propias carnes la crudeza de un régimen dictatorial y cuyos efectos debemos pagar, por la vía de la autoridad moral, los que no tuvimos esa dudosa oportunidad.

“Habemos gente pa tó”, que dijo el torero –discúlpenme por no recordar si fue “El Gallo” o “El Guerra”- y en este medio, que además permite cierta licencias que nos costarían el físico en la vida real, no busquemos, desde luego, la homogeneidad.

Pero la posición que más me conmueve, y no lo digo en el sentido emotivo de la palabra, es la de aquellos que por ser de una tendencia política, mayormente de izquierdas, se sienten en un plano de superioridad sobre el resto de los que no hemos acogido en nuestro discurso los “valores” que ellos voluntariamente y por convicción, evolución personal o por mediación de la tradición familiar han abrazado. A estas alturas de la democracia resulta más que sospechoso que los que se revisten de la presunta autoridad moral del izquierdismo quieran condenarnos a los demás al silencio. Que intenten sin pestañear demostrar que nuestras ideas, argumentos o posiciones no son válidas por el mero hecho de no estar alineadas con sus ideales políticos.

El que escribe no tiene autoridad moral ninguna cuando de debatir un tema se trata. Esa es la simple, sencilla y pura verdad. Porque cuando uno se sienta a redactar unas líneas, al menos en mi caso, la única autoridad moral es la de las ideas, la de los argumentos y, sobre todo, la del sentido común. Pero si queremos revestirnos de autoridad porque nos sentimos moralmente superiores o creemos que nuestros argumentos son más válidos que los del resto, entonces además debemos echar mano de la coherencia, de la consistencia y de la solidez de nuestra posición, muy por encima de la vehemencia, de los pasados gloriosos o tenebrosos, de los nombres y apellidos, de las ideologías prestadas y de todo lo que, en realidad, no hace más que cargarnos de prejuicios y de ideas de segunda mano.