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6 de abril de 2018

¿Qué vas a hacer por Costa Rica?

“No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”, así reza la placa bajo el busto de John F. Kennedy ubicado en el parque homónimo de San Pedro de Montes de Oca. Hoy un buen amigo me dio ese dato después de que yo le citara la famosa frase del malogrado presidente estadounidense, en referencia al proceso electoral cerrado el domingo en Costa Rica. Ya el 5 de febrero pregunté a muchas personas de mi entorno precisamente eso: “¿Estás preocupado?. ¿Qué hiciste los últimos años para evitarlo?”.

Esta contienda electoral ha sido muy intensa. Quizá la más tensa que se recuerda desde el referendum de aprobación del TLC en 2007. Aunque con peculiaridades bastante lejanas de aquel envite, como explico en mi artículo anterior. Las distintas generaciones han experimentado un importante distanciamiento a la hora de acudir a las urnas. Padres e hijos no compartían criterio. Aunque tampoco lo hacían hermanos que entraban en discusión a cuenta de a cuál Alvarado dar el voto. Amigos distanciados por la política y, aún hoy, cuatro días después, gente echando leña al fuego en las redes sociales.

No cabe duda de que se ha producido un resurgimiento del interés en la vida pública en el país. La muestra más clara es que, mientras que hace cuatro años Luis Guillermo Solís tuvo que salir a buscar ministros, hoy Carlos Alvarado tiene fila de pretendientes para casi todos los cargos. Muchos dieron un paso al frente a lo largo de la campaña y entendieron que tenían que involucrarse. El acuerdo con Rodolfo Piza fue el detonante para muchos.

La realidad es que el interés de todos los actores, públicos y privados, es común, o debería serlo: lograr una Costa Rica más desarrollada, más cercana a ese llamado primer mundo. Las diferencias siguen estando en el cómo conseguirlo. Por eso es necesario llegar a acuerdos, a entendimientos, a consensos de mínimos. Un país más desarrollado requiere de más impuestos. Pero también de mayor eficiencia y eficacia en el gasto público. Sobre ambos temas no existen dudas entre la gran mayoría de los ciudadanos. El ciudadano de a pie quiere más seguridad, mejor sanidad, mejor educación, un transporte público útil, infraestructuras modernas y una justicia ágil. Todos queremos lo mismo.

Para lograrlo no basta con criticar, con decir NO, con postear un artículo sobre Venezuela o sobre China, hay que arrollarse las mangas y ayudar a conseguirlo. Puede que este no sea el Gobierno que usted ha elegido, pero es el que tendremos TODOS durante los próximos cuatro años. Al igual que la Asamblea Legislativa. Si les va bien en su interés por hacer una Costa Rica mejor, nos irá bien a todos.

Por el contrario, si nos dedicamos a poner obstáculos, a quejarnos y a reclamar, puede que a los poderes Ejecutivo y Legislativo no les vaya bien. Y a nosotros tampoco. ¿Vamos a seguir pensando en la matemática electoral o con la generosidad que caracteriza a los ciudadanos ejemplares?. ¿Acaso no hemos aprendido nada de este proceso electoral?. ¿Quién apostaba un cinco por Carlos Alvarado en octubre de 2017?.

Eso no significa que no seamos exigentes con gobernantes y legisladores. Que no demandemos honestidad, eficacia y eficiencia. Pero para hacerlo no es suficiente con exigir, amparados en los derechos sagrados que nos da la Patria, como dice el himno. Debemos ser ciudadanos honestos, preocupados e involucrados.


Ahora con el escenario para los próximos cuatro años más claro, vale la pena reformularse la pregunta: ¿qué vas a hacer por Costa Rica durante los próximos años?.

29 de marzo de 2018

Reflexiones sobre esta campaña... y sobre la Costa Rica del futuro

A estas alturas de la campaña electoral de la segunda ronda o balotaje por la presidencia de Costa Rica, ha llegado el momento de mirar atrás y comprobar los aprendizajes adquiridos durante el proceso.

Para empezar me encuentro estrenando títulos: “socialista”, “comunista” o “chavista”. Son algunos de los pretendidos insultos que he recibido de propios y extraños por apoyar la coalición Rodolfo Piza-Carlos Alvarado. En realidad siempre resulta fácil etiquetar al que no piensa como uno para no tener que ahondar en argumentos. “Si apoyas al PAC eres comunista”, resulta irrefutable. Eso sí, mucho ojo con definir a Fabricio Alvarado como candidato pentecostal, entonces estás “insultando".

Esto me ha mostrado la piel tan fina que tienen las personas cuando se quedan sin argumentos. Enseguida echan mano del sentimiento de ofensa para, de nuevo, abandonar el camino de la argumentación. Se ofenden si les recuerdas el origen pentecostal de su nuevo líder, pero olvidan fácilmente de que te llamaron “chavista” al iniciar la conversación.

Por otro lado a estas alturas de la campaña hago un poco de reflexión más allá del fragor de la batalla, hoy tan intensificada gracias a las redes sociales. Un análisis en la línea del que cerraba hoy el artículo de mi buen amigo Eli Feinzaig en el Semanario Universidad, con respecto al daño a la convivencia que pueda producirse a raíz del fuerte antagonismo vivido en la campaña. No obstante mi reflexión no lleva al mismo lugar. No creo que la sangre llegue al río, por mucho que hayamos visto –por primera vez para mi- una separación absoluta en el alineamiento político de las clases más pudientes del país. En esta ocasión no era TLC sí ó sí, ni Frente Amplio no o no, la clase alta se fragmentó.

Esta ruptura me lleva a pensar que existe una doble vía en la evolución de Costa Rica hacia el futuro. El camino de los que piensan que una economía boyante es suficiente para sacar adelante al país y el de los que buscan un modelo que equilibre lo económico con lo social. El modelo estadounidense frente al modelo europeo, si queremos simplificarlo al máximo.

He insistido mucho en estos días en que la senda del crecimiento económico en Costa Rica, no puede ir separada de los avances en libertades civiles en los que somos un referente mundial. Más aún cuando el país abandonó, años ha, la etiqueta del subdesarrollo para insertarse en la de renta media. Costa Rica en el mundo es admirada por no tener ejército, por su respeto al medioambiente y por contar con personas muy capacitadas, entre otros.

Es innegable que, a pesar de la mala situación de las finanzas del Estado, merced a 10 años de políticas expansivas del gasto público, el potencial económico de Costa Rica es muy alto. Precisamente lo es en este mundo globalizado de la economía de la información, en la que la alta cualificación de las personas está por encima de la mano de obra barata.

No podemos mirar hacia otro lado y pensar que ese mundo que hoy nos admira, seguirá volviendo sus ojos hacia una Costa Rica menguada en derechos civiles, una Costa Rica reaccionaria, una Costa Rica con su capital humano mermado en su libertad. Resulta impensable que en un mundo interconectado podamos darnos el lujo de recortar derechos o revisar nuestra participación en foros internacionales de Derechos Humanos. ¿Qué harían en esa situación las multinacionales que cada año depositan su confianza en Costa Rica como centro de operación regional?.


Hay mucho trabajo por hacer para continuar en el camino del desarrollo humano de todo un pueblo. Sinceramente creo que ese trabajo sólo se puede acometer desde la unidad en torno a un proyecto común basado en la libertad.

18 de marzo de 2018

Un gobierno de Coalición Nacional

5 de febrero de 2018. Rodolfo Piza, candidato presidencial del PUSC, apenas ha dormido. Se levanta de madrugada desvelado. No es el resultado de su candidatura lo que lo tiene desvelado, sino el panorama que se presenta para la segunda ronda. Hiperactivo y taciturno, comienza a redactar un documento con cerca de cien puntos en los que basar una futura negociación para unirse a alguno de los dos candidatos que quedan en liza.

Javier Chaves, presidente de Aldesa y destacada figura del equipo de Piza, es el primero en conocer sus planes: establecer un programa para lograr un acuerdo de gobierno con alguno de los dos candidatos. Este borrador incluía puntos que suponían para Restauración y PAC abandonar algunas de sus líneas rojas, en cuanto a derechos y libertades y programa económico, respectivamente. Con la lista consensuada junto a su equipo y otros líderes del PUSC, comienza la negocicación con ambos candidatos.

Ese mismo día Carlos Alvarado llama a Rodolfo Piza. Proponen una reunión inmediata, la cual no resulta muy satisfactoria para los mariachis que ven buena disposición en el candidato, pero existen aún muchos puntos de discordia. Junto al programa, Piza y su equipo buscan garantizar el acuerdo proponiendo incorporar a las personas que hagan cumplir lo pactado en puestos claves del futuro gobierno de coalición.

Rodolfo Piza no encuentra la misma receptividad por parte de la candidatura evangélica. Fabricio Alvarado se toma unas merecidas vacaciones y deja al mando al experimentado diputado Mario Redondo, que se erige en próximo ministro del gabinete restaurador. Redondo no tarda en ponerse manos a la obra, pero no para acercarse a su antiguo partido, el PUSC, sino para reunirse con Carlos Benavides, el diputado electo del PLN y mano derecha de la campaña de Alvarez Desanti.

Piza no logra respuesta por parte de Fabricio, pero lo intenta por medio de Javier Chaves, quien contacta a Mario Redondo. Este encuentro tampoco fructifica. Redondo, si bien acepta las líneas maestras del programa de Piza, no ofrece ninguna garantía a Chaves para que se cumpla lo pactado, “hablemos después del 1 de abril, seguro que llegamos a un acuerdo”, parece ser el mensaje del negociador de Restauración. Ya Redondo tiene sus piezas en el tablero, gracias al acuerdo logrado con una de las facciones de Liberación. Además a Restauración le llueven las propuestas de ministrables gracias a los oficios de Redondo y de Mónica Araya Esquivel, lobista de los exportadores y cercana al PUSC hasta el 5 de febrero.

Carlos Alvarado avanza dentro de su candidatura para modular posiciones y hacer viable el acuerdo de Coalición con Rodolfo Piza. Así, el siete de marzo, después de muchas sesiones de trabajo se logra un documento consensuado entre ambos equipos. Piza no quiere una adhesión vacía, sino un acuerdo de gobierno que dé estabilidad al país, garantizado con una serie de puestos claves que ya tienen nombre y apellidos: André Garnier, Edna Camacho o Jorge Guardia, entre otros.

Piza llega más lejos y logra el compromiso por parte de Alvarado de que los puestos clave para cumplir el programa de la Coalición, serán propuestos por él. Además el equipo de Piza lidera el grupo económico conjunto y apoyará la campaña de Carlos Alvarado que pasa a ser la de la Coalición.


A partir del acuerdo llegan las adhesiones que sorprenden a propios y extraños: Luís Javier Castro, Dyalá Jiménez Figueres o Rafael Ortiz, rival de Piza en las primarias del PUSC. Esta Coalición permite, no sólo quitar etiquetas al PAC, sino augurar un futuro más claro para después del 2 de abril. El propio José María Figueres señaló esta alianza como la única viable para el futuro de Costa Rica ante este panorama para el balotaje. Marcando así la clara división interna existente en el seno de Liberación Nacional que, pese a su mayoría parlamentaria, resulta complicado pensar que será un bloque compacto.

22 de enero de 2018

Esto era el cambio. Una reflexión pre-electoral para Costa Rica.

Nadie puede negar que Luis Guillermo Solís (LGS) está cumpliendo a cabalidad con su promesa de establecer el Gobierno del Cambio en Costa Rica. El cambio ha sido más que evidente, sobre todo en la forma de ejercer la máxima autoridad del país durante estos casi cuatro años.

Para empezar LGS cambió a todos los cargos de relevancia en todas las instuciones, empresas y organismos del Estado. No quedaron al margen los bancos estatales, uno de ellos hoy quebrado bajo el mandato de algunos de sus más allegados colaboradores. Tampoco el ICE, hoy con un tremendo déficit en sus cuentas, las cuales no quiso hacer públicas LGS a pesar de su prometida transparencia. En paralelo también hemos vivido, gracias a las políticas de expansión del gasto público, cómo las tarifas de los servicios básicos incrementaron astronómicamente, a pesar de la promesa electoral contraria. Cambio sí, a peor.

Cambió también LGS a los jerarcas del MOPT, con su brazo armado el Conavi, o la piñata de la obra pública. No, no lo cerró, a pesar de su cacareado compromiso de cierre. Ahí cambió poco, sólo los jerarcas que, como los anteriores, hicieron de las suyas. Aún tenemos en la memoria la adjudicación de la construcción del edificio del MOPT con un cartel que sólo permitía presentarse a dos empresas.

En la DIS, que tampoco cerró, cambió a su director y puso a su íntimo amigo Mariano Figueres, el cual ya sabemos que también modificó algunas cosas sobre la forma de utilizar la inteligencia patria y, de paso, las visitas a Casa Presidencial. Pero el que más sabe de estos cambios es Juan Carlos Bolaños, hoy en prisión preventiva, que fue invitado de Zapote en numerosas ocasiones. La versión oficial es que lo hizo para “abrir el duopolio cementero”, lo cual nunca sucedió pero sí se enriquecieron unos cuantos de estos gobernantes del cambio.

Pocos recuerdan que el cambio también pasaba por el estado laico. Menos aún que el 6 de febrero de 2014, día de la primera ronda presidencial que llevó al poder a LGS, éste se encontraba en la Catedral Metropolitana. Había que rascar votos católicos el día E. En cualquier caso pocos cambios hemos visto en este tema. Si acaso la patada de los matrimonios homosexuales hacia la CIDH para no mojarse mucho. ¿Ha visto alguien algún movimiento del Gobierno del Cambio para hacer efectiva la sentencia?.

Pero el cambio más profundo se ha producido en la forma de interpretar el mandato popular por parte de LGS. La transparencia y la cercanía han consistido en convertir la Presidencia de la República en una suerte de espectáculo público diario. Miles de posteos en redes sociales, transmisiones en vivo a diario para dar a conocer cualquier avance de obra, videos propagandísticos varios, por no hablar del afán carnavalesco de LGS. Decenas de disfraces nos ha mostrado el mandatario: bombero, piloto, ingeniero, explorador, afrodescenciente y hasta imitador del comandante del Air Force One, con bomber y gorra, cada vez que el viento soplaba más fuerte de lo habitual.  No ha existido un gobierno más atento a las señales meteorológicas que el de LGS.

El resultado del cambio es un país fragmentado con un caldo de cultivo óptimo para el arribo de algún líder populista -¿acaso no hasido el de LGS un gobierno populista?-. Una Costa Rica en la que las redes sociales tienen más credibilidad de los debates en sede parlamentaria o los discursos bien argumentados. Un déficit fiscal galopante imposible de atajar sin una subida de impuestos y, en paralelo, un recorte importante de la estructura estatal, incrementada por el cambio de sillones.


A pocos días de las elecciones, los costarricenses se sienten confundidos ante la fragmentación del voto que auguran las encuestas. Los debates principales, que rentan votos al populismo, poco tienen que ver con la realidad de nuestro día a día como afanados trabajadores, profesionales o empresarios. Sin embargo, lo que parece necesario es un Gobierno que ofrezca estabilidad, medidas concretas, rigor presupuestario y que permita al país seguir avanzando para mejorar la calidad de vida de los costarricenses. Medite bien su voto… y su futuro.

13 de noviembre de 2016

Lecciones de un triunfo inesperado... para casi todos

Domingo 18 de septiembre, gala de los Premios Emmy. Una parte importante de los premiados, así como el propio presentador, Jimmy Kimmel, mencionan en sus discursos a Donald Trump e incluso a su esposa, siempre en tono de sorna y ridículo. Hillary Clinton sólo fue mencionada una vez.

Al día siguiente un ramillete de actores, presentadores y famosos varios publican un video
llamando a los estadounidenses a votar contra Trump. El video se hace viral y los responsables de la campaña de Hillary Clinton se frotan las manos. La victoria está asegurada.

Ese mismo día comencé a pensar justamente lo contrario: será Donald Trump el que gane las elecciones presidenciales. Sus propios detractores lo están encumbrando. ¿Se imaginan los sentimientos que debe albergar un pequeño agricultor de Arkansas, al que un grupo de multimillonarios actores que viven en lujosas mansiones y apartamentos en los barrios más exclusivos de las grandes urbes norteamericanas, le dicen lo que tiene que votar?.

La cuestión es que Trump comienza a sonar más fuerte que su rival. Está en todas las conversaciones, especialmente en las virtuales y su popularidad -positiva o no- crece como la espuma espoleada por sus detractores. Llegado el día de las elecciones la gente lo recordará. Sucederá como cuando uno va a un bar y quiere tomar algo pero no sabe qué, ¿qué es lo primero que se le viene a la mente?, una cocacola.

Sumado al tirón electoral que le proporcian sus vilipendiadores está el pobre perfil de su rival en campaña. Con la victoria asegurada, Hillary Clinton no tiene propuestas concretas y se dibuja a si misma como una continuación del idolatrado Barack Obama. Además, en los debates sale a la defensiva, a no perder, con lo cual permite que su rival destaque.

El resultado en votos electorales ya lo conocemos. Lo que muchos no dicen es que Hillary obtuvo 5 millones de votos menos que Obama en 2012, una caída de casi un 9 por ciento. Trump igualó la cifra de Romney. Esa es una de la claves de esta elección. Lo vociferaban por la mañana en redes sociales los palmeros de lo políticamente correcto “I´m not with her. I´m against him”.  

La realidad es que los acomodados votantes de centro no salieron a votar contra Donald Trump, sencillamente no salieron a votar. Mientras, el votante medio republicano sí salió a votar y a revolcar a las casas encuestadoras que aún están analizando qué sucedió para tan estrepitoso fracaso. Esa es la otra clave: la reacción.

Ahora que palabras grandilocuentes como populismo o expresiones como ciudadanos contra la globalización o un país dividido llenan portadas en los diarios. Cabe preguntarse si los votantes estadounidenses acudieron a las urnas buscando ser dirigidos por un populista, lo hicieron como reacción ante la globalización o si existe una verdadera división interna en los EE UU.

Distribución del voto en función de los ingresos anualesLa base electoral del Partido Republicano se ha mantenido estable entre 2012 y 2016, no hay ningún vuelco importante por mucho que se analice. Las clases medias acomodadas siguen votando al Partido Repúblicano (ver gráfico). El tema es quiénes salieron a votar y quiénes se quedaron en casa. No sé dónde está ese salto hacia el populismo del que muchos hablan. La verdad es que no veo a un tipo que gana más de $200.000 al año votar a un populista de tres al cuarto.

Tampoco veo a los miembros de las clases acomodadas norteamericanas renegar de la globalización, como afirman muchos medios para comparar el resultado electoral en los EE UU con el auge de los partidos radicales –de izquierdas y derechas- en algunos países de Europa. La gente no reniega de la globalización, sino que busca soluciones cercanas y palabras de aliento a sus problemas cotidianos.

Lo que queda claro, no sólo en este proceso electoral, también se observa en los resultados de los referendos de Colombia y Reino Unido, es que los ciudadanos de las grandes urbes votan de forma muy diferente a los del medio menos urbano. Clinton ha logrado una holgada mayoría en todas las grandes capitales del país  (New York, Los Angeles, Chicago, Miami…), pero fuera de esos entornos sus resultados han sido muy pobres. De igual forma determinadas minorías han votado de forma sistemática por la candidata demócrata, aunque no con la contundencia con la que lo hicieron por Obama en los dos comicios anteriores.

Dicho todo lo anterior, para mi se extraen tres lecciones del proceso electoral de esta semana. La primera es que hay que tener mucho cuidado con criminalizar al rival y ponerlo en la palestra de forma gratuita. El ataque genera reacción, sobre todo entre los más acérrimos votantes de una determinada opción.

La segunda lección consiste en que hay que atraer el voto para ganar unas elecciones. Suena de perogrullo, pero la movilización de los votantes es clave para lograr resultados. Las campañas planas provocan sorpresas. Las encuestas forman parte del pasado.

La tercera es que hay que tener en cuenta que el electorado no es en absoluto homogéneo. Las grandes ciudades acumulan muchos votos, pero las ciudades pequeñas y medianas tienen su propia dinámica y no se las puede desdeñar. Al igual que, como ya se viene diciendo en este blog, las minorías cobran una fuerza cada vez más importante por cuanto generan estados de opinión y marcan tendencias.


Por último, estas elecciones han marcado el final de la dictadura de lo políticamente correcto. No basta con seguir los dictados de las grandes tendencias que marcan los medios masivos, hay que entender bien que no siempre las premisas de lo polítcamente correcto son aceptadas como verdades absolutas por los votantes.