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1 de junio de 2016

Las penurias de Venezuela (este tampoco lo van a leer)

A ciertos personajes en España parece que les molesta que se hable de la crítica situación de la economía y la democracia en nuestro país hermano Venezuela. Yo lo vengo haciendo desde hace bastantes años. Mucho antes de que algunos fueran descubiertos por el régimen chavista para llevar sus populares ideas a la Madre Patria. Eso sí sacando pingües beneficios de ello.
 
La policía vela por el orden en los supermercados
Este domingo descubro que se convierte en viral, por parte de uno de los más de 1.500 medios (canales de televisión, portales noticiosos, blogs, etc) que maneja el chavismo en Internet, una publicación en Facebook de un español que vive en Caracas que afirma –y muestra fotos- que en Venezuela hay supermercados perfectamente bien surtidos. “Supermercados para ricos”, vociferan los partidarios.

Investigo el hallazgo y al mensajero –independentista y seguidor de Podemos- y confirmo la veracidad del artículo. ¿Cómo es posible que convivan en Venezuela supermercados como el de la imagen y en otros –la mayoría- se sucedan grandes colas para comprar alimentos?. La respuesta está en la dualidad que vive el tan cacareado Socialismo del Siglo XXI gracias a la intervención del Estado en la economía.

Para los que no conocen cómo funciona la economía en Venezuela los pondré en antecedentes. El Gobierno hace más de una década intervino en mercado cambiario nacional. Instauró un sistema de tipo de cambio totalmente regulado y prohibió la libre circulación de dólares. Para importar cualquier tipo de mercancía, que generalmente se compra en dólares, o para viajar fuera del país, hay que solicitar esos dólares al Banco Central.

Se establecen diversos tipos de cambio oficiales del bolívar, la moneda venezolana. Así, la importación de alimentos de primera necesidad o los medicamentos, puede acceder a dólares a un tipo de cambio fijo de unos 5 bolívares por dólar. Mientras que existe un tipo de cambio flotante, aunque igualmente intervenido por el Banco Central de Venezuela (BCV), más cercano a la realidad, para viajar o para compras de bienes de lujo a unos 500 bolívares por dólar. ¡10 veces más!.

El famoso ejecutivo español
Sin embargo, el mercado negro de dólares, dada la escasez que genera el control cambiario estatal, es una realidad en Venezuela y en ese mercado el dólar se paga a unos 1.000 bolívares. Para darnos una idea de las magnitudes de las que hablamos, un salario medio en Venezuela ronda los 20.000 bolívares mensuales., a los cuales hay que sumar el subsidio alimenticio de 18.000 bolívares al mes. Con lo cual el venezolano medio ingresa la cifra de ¡38 dólares en el mercado!.

Basado en esa política cambiaria el Estado, propietario del principal recurso económico del país: el petróleo, promovía la importación de artículo de consumo a unos precios ficticiamente bajos. Con el petróleo a más de 100 dólares, las reservas en dólares del BCV parecían no tener fin, a pesar de la espectacular caída en la producción petrolera que ha venido sufriendo Venezuela desde la nacionalización de la misma.

Con la debacle petrolera –precios en caída libre y producción a la baja- la situación se complica y las reservas del BCV caen precipitadamente. Mientras el dólar se dispara en el mercado negro, la devaluación es galopante, a la vez que la inflación se hace insostenible. El control de los precios de venta de los productos básicos se empieza a imponer para evitar que los efectos se sientan en la calle.

Nada más lejos de la realidad. Con la escasez de dólares los insumos se hacen cada vez más caros. El Estado mediante el racionamiento de productos básicos, comprados con dólares, baratos intenta contener la situación. Pero el desabastecimiento hace estragos y esas son las colas que vemos en los informativos de todo el mundo. La gente de la calle, las clases medias, hoy convertidas en paupérrimos dependientes de la cartilla de racionamiento, sólo tiene acceso a ese tipo de productos.

La realidad de las colas en Venezuela
Para completar el cuadro, imagine el paciente lector lo que supone en Venezuela tener acceso a dólares. Piense por un momento que el Gobierno le concede la posibilidad de obtener dólares 100 veces más baratos de lo que cuestan en el mercado negro. Por cada 1.000 dólares de los que dispone, bien por tener ingresos en dólares o gracias al favor gubernamental, usted los convierte en 100.000. Por supuesto estos ciudadanos no acuden a las colas para comprar.

Así, un sistema pensado para equiparar a los ciudadanos, el socialismo, demuestra una vez más que lo que logra es crear pobreza y dependencia del Estado. Sí, existen los supermercados para ricos, pero los ha creado el chavismo.


En la época de la llamada Revolución de los Claveles en Portugal, uno de sus más radicales promotores, el militar Otelo Saraiva de Carvalho, acudió a Suecia para pedir apoyo político a su Gobierno. El primer ministro del país escandinavo, el socialdemócrata Olof Palme le preguntó por su programa de reformas. El revolucionario afirmó: “Queremos acabar con los ricos”. A cual Palme le respondió: “es curioso, porque lo que nosotros pretendemos aquí es acabar con los pobres ”.

2 de marzo de 2010

Obteniendo resultados en política internacional


Hoy la Audiencia Nacional ha certificado lo que era un secreto a voces: el régimen dictatorial de Hugo Chávez apoya el terrorismo internacional, incluida ETA. La noticia ha caído como un jarro de agua fría en la filas del Gobierno.

Si la semana pasada era la muerte de Orlando Zapata en manos de la dictadura cubana de la familia Castro, hoy es la revelación de que uno de los principales aliados de España protege a miembros de la banda terrorista que ha asesinado a más de 800 españoles. Lo de Zapata se saldó con una tibia condena, casi indirecta. Rodríguez tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprender a su admirada familia Castro.

Lo de hoy ha sido diferente. Ante la evidencia palmaria -no en vano uno de los últimos etarras detenidos en Francia no fue deportado desde Venezuela a España a petición del gobierno de Aznar en 1998 y se le otorgó la nacionalidad bolivariana-, el Gobierno ha pedido explicaciones a Caracas. La respuesta no se ha hecho esperar. El régimen venezolano considera "inaceptable" que se le acuse de colaborar con ETA.

Sin que el Ejecutivo español haya contestado por el momento, lo lógico en estos casos es llamar a consultas al embajador en Venezuela. Claro que no me extrañaría que sea Chávez el que se adelante y haga lo propio, ofendido por tan "injusta" acusación. ¿Cómo se atreve un tribunal español de señalarlo a él, todopoderoso heredero de Simón Bolívar, ascendido a los altares del mandato vitalicio por la vía del sufragio presuntamente universal, como sospechoso de nada?. Ahora escucharemos los discursos del antiimperialismo, de los "vendedores de espejos" o del genocidio colombino. Aquí encajaremos los golpes, cuando no, los apoyaremos, con esa actitud tan proclive a defender los intereses de los dictadores por parte de los Willies Toledo que pululan por la escena nacional.

La política exterior de España iniciada por Rodríguez hace ya seis largos años empieza a dar sus frutos. Ninguneados en Europa y convertidos en el hazmerreír de dictadores urbi et orbe lo único que nos queda es la famosa Alianza de Civilizaciones, de la que habrá que hablar de nuevo pronto, no vaya a ser que se note mucho.

2 de diciembre de 2009

Lecciones hondureñas


A pesar de que mientras escribo estas líneas apenas está dando comienzo un nuevo episodio de la crisis de Estado que vive Honduras, se me antoja posible extraer una serie de enseñanzas que, como consecuencia de esta experiencia, debiéramos comentar antes de caer en el error de esperar un resultado y seguir mirando para otro lado.

Sobre todo porque, a tenor de la vertiente que está tomando el asunto, a lo mejor el resultado no lo vamos a tener hasta que no asistamos a la enésima guerra civil en América Latina. Todo ello con la complacencia de unos y la inactividad de otros, que son en realidad los que están jugando la partida, siendo Honduras el ocasional tablero.

Lo sucedido en Honduras es un claro ejemplo de lo que puede ocurrir en cualquier país de esta parte convulsa del Planeta, incluida Costa Rica. Sin olvidarnos de que, con distinta configuración y –por ahora– resultado, es lo mismo que ha pasado en Venezuela, Ecuador o Bolivia. A lo que me refiero no es solamente al advenimiento del mal llamado “socialismo del siglo XXI”, sino al fin de las oligarquías económicas nacionales como únicos entes que gestionan el poder.

Los culpables. No nos engañemos. La culpa de esta oleada populista no es de los que han sabido aprovecharse, primero, de la demagogia como forma de hacer política para llegar al poder; y, posteriormente, de los ingentes recursos de los Estados para apuntalarse en el gobierno. Los que deben sentirse culpables son aquellos que cuando tuvieron todo el poder económico y político en sus manos, no hicieron más que pensar en mantener sus privilegios, olvidando que sus países continuaban año tras año en el furgón de cola del desarrollo.

En Venezuela, Bolivia y Ecuador fueron advenedizos los que supieron ver la oportunidad, jaleada eso sí en el caso de Morales y Correa con petrodólares venezolanos. Sin embargo, en Honduras el que pretendió seguir el modelo bolivariano de perpetuarse en el poder fue “uno de los nuestros”.

Zelaya no es un indígena, ni un exgolpista, ni tampoco un populista formado en universidades de EE. UU. y Europa, sino un terrateniente que se dejó llevar por los cantos de sirena de Hugo Chávez. Así pasó del liberalismo al popularsocialismo para buscar la redención de sus males mediante el clásico mandato bolivariano; es decir, vitalicio.

La primera lección es, por tanto, la que deben aprender no pocos latinoamericanos que se sienten parte del poder por su cuna o su éxito empresarial. Hoy ya no basta con permitir que el pueblo subsista. Desde que la televisión se ha popularizado, los pobres, como bien señala Arturo Condo, rector del Incae, saben que hay otro tipo de vida más allá del arroz y los frijoles.

Mundo de medias tintas. Y aunque esa entelequia llamada “comunidad internacional” continúe buscando una salida al conflicto de Honduras, lo cierto es que nos ha dejado bastante clara su absoluta incapacidad para enfrentar los problemas reales de este complejo panorama. Occidente continúa inmerso en ese mundo de prejuicios y medias tintas, donde la expresión “golpe de Estado” no tiene cabida, por políticamente incorrecta.

Así, las grandes naciones occidentales parecen incapaces de ver que más peligroso que una asonada militar de cinco meses de duración, apoyada por los poderes constitucionales, puede ser que el populismo bolivariano campe por sus respetos en un país con una destacada importancia geoestratégica. Esta crisis ha venido a traernos, como segunda lección clave, que, por una parte, Brasil, con su peligroso eclecticismo político, empieza a ser un actor decisivo en la región. A continuación, que los que tanto se felicitaban desde América Latina con el advenimiento de Obama, deben estar más que defraudados por lo inútil del papel de los EE UU en este asunto. Por último, se certifica que la influencia de España en el continente ha dejado de existir.


Publicado en La Nación de Costa Rica.

3 de marzo de 2008

Hugo Chávez, el gran valedor de las FARC



No salgo de mi asombro cuando leo que el presidente/caudillo de Venezuela ha guardado un minuto de silencio por la muerte del terrorista de las FARC, conocido como Raúl Reyes, a manos del ejército colombiano. O sea que a Hugo Chávez le ha afectado mucho la muerte de este sanguinario criminal. Por los que mueren diariamente a manos de los terroristas nunca le hemos visto realizar un gesto similar. Rafael Correa, presidente de Ecuador gracias a las donaciones de campaña que provenían de Venezuela, ya ha enmendado su tremendo error que fue callar ante la operación militar colombiana para acabar con el dirigente de las FARC, la cual tuvo que internarse menos de dos kilómetros en territorio ecuatoriano.

Tanto Chávez como Correa han retirado sus embajadas de Colombia. El ecuatoriano por lo que considera -un día después de haber aceptado tácitamente la intervención del ejército colombiano- "un ataque a nuestra soberanía territorial". El dictadorzuelo venezolano porque anda buscando un enemigo exterior que desvíe la atención ante los serios problemas de la economía de su país. Aunque la verdad es que Chávez lleva tiempo apostando por las FARC como su carta para desestabilizar a la vecina Colombia, país en el que no logra imponer a uno de sus candidatos.

De hecho el presidente/caudillo de Venezuela ha logrado acaparar la atención del conflicto que vive desde hace veinte años Colombia. Chávez ha centrado hábilmente el tema de los secuestrados en Ingrid Betacourt y otros cuantos políticos colombianos, esos que tanto preocupan a la comunidad internacional, pero que no son ni el cinco por ciento del total de secuestrados en manos de las FARC, que ascienden a unos 850. Las FARC quieren cambiar, con el apoyo del dictadorzuelo venezolano, a Ingrid Betancourt y otros cuarenta secuestrados por unos 500 terroristas. A eso es a lo que Chávez llama "operación humanitaria".

Porque la realidad del asunto es que al líder bolivariano las FARC lo tienen bastante intimidado. El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, está asestando golpes muy duros a la guerrilla comunista/narcotraficante, obligando a ésta a centrar sus operaciones cada vez más en las cercanías de las fronteras de Ecuador y Venezuela. Chávez teme que, una vez expulsadas de Colombia, las FARC cambien las siglas por FARV y se asienten en su país, el cual tanta protección les brinda.

Aunque el imitador de Bolívar amenace a diario con entrar en guerra el país presidido por Alvaro Uribe, eso nunca va a suceder. A pesar de la fuerte inversión en armamento que viene realizando el gobierno venezolano desde hace más de una década, Colombia es un país en guerra permanente, con una inteligencia y capacidad militar muy superior a la de cualquier país del área. Chávez lo sabe, por eso se dedica al insulto, a los minutos de silencio para llorar a los terroristas y, sobre todo, a sembrar la duda entre la población colombiana y la comunidad internacional. ¿Salida negociada al terrorismo?. No sé quién puede creer que eso sea lo que Chávez está defendiendo, cuando a él ni siquiera le interesa que las FARC desaparezcan.

20 de noviembre de 2007

El complejo criollo y el complejo conquistador


El reciente capítulo protagonizado por Juan Carlos de Borbón y Hugo Chávez, en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile, ha servido a algunos para despertar los odios viscerales que aún dormitan en una parte de la población latinoamericana. Como es habitual, esto sucede con el apoyo incondicional de no pocos de los odiados que, en su afán políticamente correcto por defender a presuntas minorías, incluso se permiten el lujo de auto-flagelarse.

Me ha causado sorpresa que el recordatorio de la colonización de América, en esta ocasión, haya venido de un prestigioso intelectual costarricense, el cual ha querido formular un paralelismo entre el “¿Por qué no te callas?” y los acontecimientos que se produjeron hace varios siglos, cuando los conquistadores españoles visitaban –para quedarse- por primera vez estas tierras. Ya el propio interpelado esta semana circundó dichos terrenos. Nada nuevo bajo el sol. Al que se cree un Simón Bolívar tercermilenario ese discurso le sale con toda naturalidad, dado que en él se asienta parte del odio continuamente reavivado que le mantiene en el poder. Hoy somos los españoles y mañana serán los estadounidenses. El odio es lo que más une al ser humano.

Este asunto de culpar a los demás de los males de América Latina es tan viejo y está tan manoseado que ya no se sostiene. Pero algunos le siguen sacando jugo y culpan sin remilgos a sus antepasados. Sí. Sus antepasados. Los de Fidel Castro, Daniel Ortega, Hugo Chávez y toda su caterva de líderes mesiánicos con su pátina de indígenas. Porque fueron los ancestros de todos estos los que llegaron a “hacer las américas” y se quedaron. Que nadie se olvide de eso. Por eso cuando levantan el dedo acusador espetando aquello de “los españoles que vinieron a llevarse el oro”, resulta que hablan de sus propios antepasados.

Nicaragua se independizó de España en 1821, Bolivia en 1825, Ecuador en 1830 y Venezuela en 1845, por poner cuatro ejemplos de países cuyos líderes aún continúan con la monserga de los conquistadores. En otras palabras, han pasado cerca de dos siglos y los españoles continuamos siendo los culpables de los males que afectan a gran parte de los pueblos de esta parte del Atlántico. ¿Sospechoso no les parece?.

¿Será posible que nadie se haya parado a pensar que los deseos –y consecuciones- independentistas de personajes tan alabados como Simón Bolívar, no eran más que las ansias de poder y hegemonía de la población de origen español que, con base en su nacimiento criollo, no querían seguir sometidos a los vientos liberales que procedían de Europa?. Si los españoles somos culpables de que Latinoamérica no levante cabeza, ¿serán los británicos, holandeses y franceses culpables de la bonanza que afecta a los EE UU y Canadá, a pesar de que arrasaron con la población indígena?.

Discúlpenme por la formulación retórica de tales interrogantes. El caso es que estoy convencido de que muchos de los que, como borregos, aceptan sin titubeos el mensaje que culpabiliza a la colonización europea de estas tierras de todo lo que viene sucediendo desde que abandonaron el neolítico hasta nuestros días, no se han detenido a plantearse semejantes interrogantes. Ni de un lado de la “mar océana”, que dijera Colón, ni del otro.

No olvidemos que del lado de los presuntos culpables, hay quiénes se solidarizan con ese concepto mesiánico denominado “los oprimidos pueblos de América”. No sabemos si en un acto de aceptación o de acusación: “Fueron ellos, nosotros siempre fuimos de izquierdas”. Algunos acuden presurosos a hablar de “la larga noche de los quinientos años”. Bonita metáfora. Una pena que en los últimos doscientos la “noche” haya corrido por cuenta propia. Otros incluso tienen fuero legislativo y no dudan en pedir que Juan Carlos de Borbón pida disculpas al caudillo por ponerlo en su sitio. Así nos va.

12 de noviembre de 2007

Lo callaron



El presidente/caudillo de Venezuela cree que cualquier acto público al que asiste es un mitin político. De esos que él patrocina con el dinero de los venezolanos procedente de la bonanza que viven los países productores de petróleo. Uno de esos eventos “bolivarianos” a los que acuden prestos a reírle los chistes –a cambio de algunos millones de petrodólares- los presidentes de Nicaragua, Ecuador y Bolivia, así como algún testaferro de la familia Castro, a la sazón dictadores de Cuba. Chávez Frías pensó que la Cumbre Iberoamericana era el plató de televisión de su programa, “Aló Presidente”. Pero se equivocó.

Se confundió de lugar, de escenario y de público. Pero su mayor yerro fue pensar que se encontraba rodeado de esos títeres a los que les patrocinó la campaña electoral o de esos otros que no dudan en hacerse la foto con él con tal de que les condone un poquito de deuda, como el presidente argentino Kichner. El fanático de Bolívar se topó con un señor al que le importan un bledo sus petrodólares o sus canales de televisión. Un caballero que representa a un país que no tiene que mendigar por sus ayudas. El jefe de Estado de una nación que puede prescindir de la amistad de un dictadorzuelo de nuevo cuño, que se cree el libertador de América Latina, cuando en realidad lo que intenta es imponer el totalitarismo absoluto en todo el continente.

Hugo Chávez se tuvo que callar. Su bravuconería se le vino al suelo delante de todo el planeta. Su chulería posterior y los apoyos de sus gargantas agradecidas del continente americano no sirven de nada porque, como dijo Schopenhauer, “el honor es como las cerillas: sólo sirve una vez”.

Pero la lectura política de este asunto debe llegar mucho más allá de la anécdota, la cual, aunque importante en sí misma, no deja de ser un hecho aislado y, hasta cierto punto, simpático. En primer lugar está claro que España, como hemos dicho aquí muchísimas veces, tiene que recuperar su protagonismo en el continente americano. Las acusaciones de “fascista” contra el presidente Aznar, por parte de Chávez, son un asunto menor si lo comparamos con las amenazas veladas de Kichner contra las empresas españolas o los señalamientos del nicaragüense y ex dictador Ortega acerca del papel jugado por el embajador español en las últimas elecciones presidenciales de su país. En esta cumbre se ha evidenciado, de nuevo, que España no tiene una influencia real en la política del continente y que, para colmo, se le considera un “enemigo” por parte de esta nueva ola de populistas de corte socialista que empiezan a tener más poder en la región.

El otro factor a señalar es la devolución de la “amistad” que Chávez y sus secuaces le vienen propinando a Rodríguez Zapatero. Ante la insistencia del presidente del Gobierno español por considerar a estos líderes chavistas “aliados estratégicos”, éstos no dudan en dejar claro que España no es el amigo que ellos necesitan. Ellos, aupados por el ascendente precio del petróleo, no necesitan de la complacencia de ningún presidente novato empeñado por hacer ver al mundo su simpatía por todo lo que huela a izquierda. La actuación de Rodríguez durante la Cumbre Iberoamericana nos permite albergar esperanzas acerca de este aspecto. No obstante parece ser que ya el Presidente ha dicho que confía en que “las relaciones entre Venezuela y España no se vean afectadas por este incidente”.

Por último, las reacciones políticas que en España se han producido ante el suceso. La de Mariano Rajoy torpe como de costumbre. Hay que reconocer que Rodríguez actuó correctamente y lo que viene ahora es solicitar que se deje claro a estos dictadorzuelos qué es España y qué no es. Intentar sacar partido político del incidente no era lo más conveniente para el líder de la oposición. La de Gaspar Llamazares simplemente vergonzosa. Si este señor cree que atacar a Juan Carlos de Borbón es lo “políticamente correcto” dentro de su trasnochada visión de España, mejor que pida asilo político en Cuba, allí esas parrafadas neocomunistas son siempre bien recibidas.

3 de junio de 2007

Pan y circo en Venezuela


Uniformados, como si de un partido de la selección nacional se tratase, salieron ayer a la calle los adeptos de Hugo Chávez para gritar en apoyo de la decisión de cerrar –realmente es una no renovación de concesión- el canal de televisión Radio Caracas TV (RCTV). Los “pendejos”, como Facundo Cabral los denominaba en uno de sus formidables monólogos, pasaron por la oficina gubernamental correspondiente a recoger su uniforme y a firmar la consiguiente lista de asistentes para seguir cobrando de las migajas de los petrodólares. A cambio sólo tienen que salir a vociferar un rato.

Esto empieza a parecerse cada día más a las antiguas dictaduras romanas, pero al estilo bananero. Hagamos memoria. Ocurría en la Roma imperial que los césares, expoliando a los derrotados en las conquistas, empleaban los fondos para enriquecerse, contentar al ejército y mantener la paz en la capital del imperio. Así surgieron los repartos de alimentos en una Roma indolente y absolutamente improductiva, pero como el pan no bastaba, los césares programaban ambiciosos espectáculos para la masa desempleada. El fin último era tener a la masa contenta. Alimentada y entretenida, para ser más concretos. Así no reparaban en lo que ocurría en los contubernios consulares.

Lo mismo viene a suceder en Venezuela. El país vive un momento económicamente muy dulce gracias a los elevados precios del petróleo, los cuales no serán eternos o no lo son las reservas, que están reportando altísimos ingresos a las arcas estatales venzolanas. Estos fondos están teniendo la misma finalidad que la que los césares dieron a los botines de guerra y los impuestos de las provincias romanas: enriquecer a los que están cerca del poder y permitir que ese poder no tenga contestación contentando al pueblo y, seguramente, al ejército.

No es un secreto que Chávez anda repartiendo las sobras del botín petrolero entre los votantes para que se mantengan fieles, de ahí los espectaculares resultados de las últimas presidenciales. Claro que mientras el venezolano de a pie se compra una computadora, gracias al sueldo público, los cargos de confianza del “cónsul” se compran apartamentos de siete dígitos en dólares. Pero el pueblo no es ambicioso y se conforma con la “sopa boba”.

El circo en este caso lo aporta el propio presidente, el cual sale casi a diario a dar una función para las masas alimentadas. Nunca en Roma tuvieron ese lujo: un césar bufón. Ayer volvió a actuar para mandar “al carajo” a todo el que ha criticado su decisión de limitar la libertad de expresión, dentro y fuera del país. Con ese verbo grotesco que le caracteriza hablaba de la “derecha internacional”, en referencia a todos los mandatarios mundiales que no le han reído la gracia por cerrar RCTV, incluido su “aliado” Lula. Ni a Fidel Castro se le había ocurrido una expresión tan totalizadora: la derecha internacional.

Debe estar molesto el presidente de Venezuela ante la reacción interna y externa que ha tenido su última cacicada. Algunos de sus presuntos aliados le han criticado y en las calles de Caracas hemos vuelto a ver masas –no uniformadas, por cierto- criticando sus decisiones. Ante la evidencia del error ha tenido que recurrir a los recursos habituales: redoblar la ración de pan y dar una función de circo. Así que sacó a las gargantas agradecidas a la calle e insultó a todo el que no le ha seguido el juego en el asunto de la mordaza impuesta a un medio de comunicación privado.

Contento, en definitiva, se nos mostraba ayer el pueblo venezolano. Tiene su pan, circo presidencial y camiseta de manifestación gratis. Porque el uniforme que lucían ayer los manifestantes podrá no gustarnos, pero lo bueno que tienen los uniformes es que siempre son cortesía del poder.

21 de septiembre de 2006

Occidente es una entelequia

Al socaire de las declaraciones malinterpretadas –como de costumbre- del máximo pontífice de la iglesia católica, uno de los inestimables foristas de Tercera Vía sacó a relucir la reacción de “Occidente” ante la violencia desatada en el mundo fundamentalista islámico. No es el objetivo de estas líneas realizar mayor análisis o referencia a la sobredimensionada ocurrencia papal, sino centrarse en ese término empleado, en este caso, como referencia a una realidad distorsionada, difuminada, casi invisible: Occidente.

¿Qué es “Occidente”?. Se habla de “cultura occidental” como contraparte de la “cultura oriental”, pero ya las latitudes no existen en un mundo globalizado. El origen parece encontrarse en la Edad Media y los grandes enfrentamientos de tinte religioso. Si hoy hablamos de religión, encontramos más población cristiana en el Líbano, en términos relativos, de la que pueda haber en muchos barrios de las grandes metrópolis europeas, como Paris, Londres o Berlín. Incluso el catolicismo se encuentra en franco retroceso en todo el mundo frente a otrora religiones minoritarias y sectas, cuando no en contrapartida de un ateísmo militante.

Si hacemos referencia a parámetros de desarrollo, sería difícil encontrar en las latitudes similitudes en los niveles de renta o industrialización de los países, salvando Europa y África, en los extremos opuestos. Porque América, salvo lo que existe al norte de México, tiene una amalgama de tercermundismo y países de desarrollo intermedio difícil de definir. Sin hablar de Asia, con sus “tigres” y sus paraísos de desarrollo financiero como Taiwán o Singapur. ¿Dónde ubicar a Sudáfrica o a los Emiratos Árabes Unidos?.

De costumbres antagónicas no podemos hablar. Hoy el costumbrismo es cada día más local y el consumismo más universal. Se venden más bolsos Louis Vuitton en Beijing que en Paris, en Hong Kong que en Roma. Hay más estatuas budistas en los hoteles de Nueva York que en Birmania. Ni hablar de la cultura, hoy sería imposible distinguir en una galería de arte la obra de un pakistaní de la de un costarricense.

Pero el ser humano gusta de acogerse a viejos paradigmas y además si éstos le proporcionan seguridad. Seguridad, para unos, de pertenencia a un ente poderoso, definido como un mundo en el que el bien es lo cotidiano, siendo el bien esos grandes valores universales teóricamente compartidos: democracia, paz, libertad… Seguridad, por qué no, de un enemigo común, para otros, aquel que nos olvidó o nos subyugó en el pasado, aquel que con su mera presencia nos facilita el opio que el pueblo –ese ente intangible y volátil- necesita para seguir ciegamente los pasos de los líderes fanáticos. Esos líderes que sí que tienen claro qué es “Occidente”: la muleta sobre la que se asientan todos sus intereses, presuntamente compartidos con la masa, metafóricamente denominada “el pueblo”.

Hace unas horas el presidente/dictador de Venezuela se subía al estrado principal de las Naciones Unidas, cual si de uno de sus púlpitos nacionales se tratase, uno de esos cortijos establecidos por la dictadura en ciernes como el canal satélite Telesur –creado por él mismo- o el programa semanal de la televisión pública venezolana, para lanzar una de sus histriónicas peroratas sobre el imperialismo y las pretensiones “hegemónicas” de George W. Bush. Ese parece ser el representante de ese “Occidente” difuminado. El único hacia el que se vuelcan las miradas, el enemigo común, en cuyo “tonel” nos incluyen a todos los “occidentales”.

¿Acaso son los EE UU la viva imagen de “Occidente”?. No hay más que ver las últimas encuestas sobre la animadversión que genera el país más industrializado del mundo entre la población de países como España, Alemania o China para tirar por tierra la pretensión “hegemónica” de una y otra parte. Sin embargo, como ya se ha dicho, el ser humano busca de esa homogeneidad para sentirse seguro.

Cuando un dictadorzuelo plantea un discurso pretendidamente incendiario en el plenario de la ONU o cuando una banda de fundamentalistas islámicos queman crucifijos en las calles de Estambul, no cabe duda de que para ellos da igual lo que un español, un estadounidense, un italiano o un británico piensen o sean. Católico, judío, musulmán sunita o evangélico. Empleado de banca, obrero de la construcción, magnate de los medios de comunicación, político corrupto o funcionario de prisiones. Al fin y al cabo un miembro más de esa entelequia conocida como “Occidente”.