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18 de febrero de 2012
Garzón: entre el desconocimiento y la demagogia
Los columnistas de la izquierda aquí en Costa Rica y en toda América Latina se han lanzado en manada a relatarnos su peculiar y, en la mayoría de los casos, desacertada visión acerca de la condena que Baltasar Garzón recibió de parte del Tribunal Supremo de España. Por cierto, fallo unánime de los siete magistrados, los únicos que lograron sortear las numerosas de recusaciones con las que el ex juez intentó posponer el primero de los tres juicios que tenía pendientes.
La mayoría de los que han dedicado líneas de apoyo al mediático jurista hay que reconocer que tienen cierto conocimiento de la trayectoria de Garzón. Los columnistas han cargado las tintas en sus más conocidas actuaciones, como la detención de Pinochet. Sin embargo, ninguno ha hecho referencia a sus innumerables errores en su labor de juez instructor. Estos errores provocaron no pocas absoluciones de narcotraficantes y terroristas.
Precisamente es un error, o más bien un abuso, el que ha llevado a Garzón a recibir una severa condena del máximo tribunal español. Se trata de la utilización de grabaciones de conversaciones entre imputados y sus defensores como parte del sumario instruido por el denominado juez estrella. En otras palabras, Garzón aprobó que se conociesen y utilizasen las charlas de los juzgados con sus abogados para conocer las estrategias de defensa. La justicia a cualquier precio.
Resulta llamativo que los hechos concretos que motivan la condena del ex magistrado pasen desapercibidos para tan insignes columnistas. Pero para formarse una opinión o, más bien, para intentar influir en la opinión del público, hay veces que la realidad supone un obstáculo merecedor de ser apartado con palabras grandilocuentes, cuando no amenazantes: vuelve la dictadura, el franquismo, los herederos del falangismo.
Parecen olvidar los editorialistas la filiación política del inhabilitado juez. Garzón fue diputado por el PSOE entre 1993 y 1994 y secretario de estado durante la última legislatura de Felipe González. Casualidades de la vida, precisamente el partido que nombró al fiscal que se negó a presentar acusación contra Garzón a pesar de lo flagrante de su imputación, como ha demostrado la unánime sentencia del Supremo. Por no hablar del oportunismo político con el que ha actuado Garzón. Ni una línea al respecto.
Pero lo más importante es el profundo desconocimiento que demuestran la mayoría sobre la realidad política y social española. Alguno incluso habla de la “República de España”, lo cual nos deja entrever la validez de sus opiniones. Si no se conoce el sistema político de un país, ¿se puede opinar sobre un asunto jurídico del mismo?.
Otros mezclan torticeramente esta condena por prevaricación en un asunto de corrupción con otro juicio, pendiente aún de sustanciarse, en el que se acusa a Garzón de abuso de autoridad en relación con su investigación de los crímenes del franquismo.
No, señores, no vale todo a la hora de hacer justicia. Como tampoco vale todo cuando de defender posiciones ideológicas se trata. La ideología no puede ocultar los hechos, ni tampoco mezclarlo todo para que, del cóctel resultante, nuestra opinión parezca cargada de razones.
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18 de mayo de 2010
Monarquía bananera
Cuando se escucha la expresión "república bananera" la mente se sitúa de forma automática en un paradisíaco país tropical, en el que unas cuantas familias rigen la vida del resto de los ciudadanos sin que a nadie importe demasiado. Uno piensa en una nación emprobrecida que necesita de la tutela -y los préstamos- del Fondo Monetario Internacional (FMI) para salir adelante. Incluso los más proclives a la socialdemocracia predominante, no dudan en protestar en cuanto cualquier potencia tiene la osadía de intervenir en los asuntos internos de la denominada "república bananera".
España no es una "república bananera". Para empezar porque en España al jefe de Estado no lo eligen los ciudadanos, sino que es designado por línea sucesoria, por obra y gracia de un dictador que murió hace ya 35 años. Por tanto, la denominación "república" no tiene aplicación. Para colmo los que reclaman un estado republicano a lo que se refieren es a una suerte de pseudodemocracia como la que nos llevó al más devastador episodio de nuestra Historia y que desembocó en una dictadura de casi cuarenta años.
Salvando el nominativo republicano, resulta que España ha pasado, en apenas tres años, de ser un país admirado a convertirse en una nación tutelada por el FMI y en cuyos asuntos económicos han tenido que intervenir Alemania, Francia, EE UU y ¡China!. Así es. A lo largo de los últimos días, los presidentes de todos esos países han llamado a Rodríguez Zapatero para indicarle que tenía que tomar medidas ante la preocupante situación económica de España. Con un déficit superior al 11 por ciento del Producto Interior Bruto y sin perspectivas de mejora, la credibilidad del país se desmoronaba por momentos. Una situación que hacía temer una nueva catástrofe en los mercados mundiales.
En cualquier país bajo la despectiva denominación de "república bananera" la intervención de líderes extranjeros en asuntos internos, como lo hicieron en el caso español Merkel, Sarkozy y, especialmente, Obama, hace unos días, hubiese provocado una reacción popular de magnitudes considerables. La izquierda se hubiese lanzado a las calles. La derecha habría apelado al sentimiento nacional y movido ficha para que el presidente se viese obligado a dimitir. Pero aquí, en esta monarquía bananera, no ha ocurrido absolutamente nada.
Pero voy más lejos. Ayer mismo la familia gobernante de un país latinoamericano, cuya capacidad para gobernarse sin el apoyo de los organismos internacionales está más que cuestionado, se permitió poner en tela de juicio la Justicia española por sentar en el banquillo al apartado juez Baltasar Garzón. Casi al mismo tiempo, Marruecos aprovecha para reclamar la soberanía sobre Ceuta y Melilla.
En medio de todo esto, el denominado por propios y extraños "mejor ministro" del momento, José Blanco, se dedica a dar entrevistas en la prensa rosa. Ver para creer.
España va camino de consagrarse como la primera monarquía bananera del posmodernismo... si es que no lo somos ya.
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ZP
20 de abril de 2010
Los franquistas

No, no caigamos en el error. Baltasar Garzón, ex-diputado del PSOE, no estaba mínimamente interesado en desenterrar a los muertos de la época más oscura de nuestra Historia reciente. Si fuera así hubiese admitido a trámite querellas de todos los colores: nacionales contra republicanos, republicanos contra nacionales, republicanos contra republicanos y nacionales contra nacionales. Porque de todo hubo en aquella lamentable contienda que tanto parecen añorar algunos ahora.
Garzón, junto con su recién nacido club de admiradores -¡qué lejos aquellos tiempos de los GAL!-, no están nada interesados en esos muertos, ni en sus familiares. A ellos lo que les interesa es desenterrar al muerto más cotizado de todos: a Francisco Franco. De hecho lo han logrado. No hay más que echar un vistazo a los titulares del oficialismo progresista patrio, o a las tertulias radiofónicas y televisivas de los comunicadores ungidos por el halo divido de la socialdemocracia, para darse cuenta de que el desenterrado aquí ha sido el dictador. Se conoce que lo echan de menos.
Aunque en realidad de lo que se trata no es de volver a pasear al caudillo por los platós, sino que lo que se pretende es trasladar a la sociedad española al enfrentamiento fratricida. Imbuir a los españoles en un ambiente de tensión, de odio visceral, de estas-conmigo-o-estás-contra-mi. Por eso hablan de "linchamiento" de ese juez-objeto en el que se ha convertido Garzón. De ahí que insulten a los miembros del Tribunal Supremo y pongan en tela de juicio la propia esencia de la democracia, que es la división de poderes. Eso sí, siempre y cuando las resoluciones judiciales no sean de su conveniencia.
Resulta patético ver cómo se repite hasta la saciedad la consigna básica de todo este circo: "Se está juzgando a Garzón por investigar los crímenes del franquismo". Falso, falso y cien veces falso. Este señor está en el banquillo, entre otras cosas, por haber instruido, presuntamente a sabiendas, una causa para la cual no era incompetente. Amén de hacerlo sabiendo, presuntamente, insisto, que existe una ley que zanjó esos crímenes durante la transición.
Poco importa que la verdad sea diferente de la que cuentan y que el rutilante juez esté además imputado por otros dos delitos. Pero la verdad no puede ensombrecer una buena consigna. Menos aún para la plana mayor del propagandismo del régimen, de esos Goebbels mancomunados que usufructúan los privilegios del poder en forma de subvenciones, publicidad institucional, contratos televisivos o cargos oficiales.
Peor aún es la banda de palmeros que les sigue enfervorizada por salones de actos y plazas de capital de provincia. Estos ni tan siquiera conocieron la dictadura y ahora son capaces de desgañitarse con tal de rememorar aquellas míticas carreras delante de los grises. No, tampoco sus mentores corrieron en el 68, la mayoría la única carrera que entendían era la de medrar a la sombra del régimen, cuando no eran apenas criaturas de primaria.
Sí, el franquismo ha vuelto. Lo han traído aquellos que no tuvieron ocasión de luchar contra él, dado que se encontraban amparados bajo él, o estaban en edad poco propicia para ello o, simplemente. Ahora se ven obligados a rescatarlo, no vaya a ser que alguien se dé cuenta de sus enormes privilegios ahora que están en el poder.
7 de octubre de 2006
El regreso repentino de "nuestro" juez estrella
Hace dos meses me encontraba yo por España y un amigo muy conectado con las altas esferas del poder judicial -no confundir con el CGPJ-, me puso de manifiesto lo sospechoso del regreso a su plaza de titular en la Audiencia Nacional de Baltasar Garzón. No dí mayor importancia al tema, además de que este comentario se inscribió en el marco de las negociaciones Gobierno-ETA.
En efecto, el juez y ex-secretario de estado durante la época de Felipe González, utilizado por este último como maquillaje ante la avalancha de casos de corrupción que se destaparon en la España de la primera mitad de los 90, decidió regresar este verano de su excedencia docente -creo que andaba en EE UU dando clases y facturando al estilo Bill Clinton por dictar conferencias- de forma sorpresiva. De este modo algún advenedizo, que estaba molestando más de la cuenta en ese obscuro cuartel en el que se dilucidan los grandes temas de la política patria, salió de la escena y dejó, por tanto, de molestar.
Ahora Garzón no sólo se está dedicando a poner orden en las autorizaciones de manifestaciones batasunas y otros aspectos referentes al "Proceso de Paz" -¿hubo alguna vez una guerra?-, sino que ha tenido que intervenir en el tema estrella de la Legislatura -el 11M- antes de que se tuerzan las cosas para el Gobierno. Con lo cual el regreso del juez expolítico más polémico de la democracia española resulta más que sospechoso.
La sospecha acerca de la repentina vuelta de Garzón que me transmitió mi amigo ahora se ve clarificada. ¿Es posible que alguien dejé una excedencia de dos años ganando dinero a espuertas para volver al ojo del huracán y a trabajar 16 horas al día por unos 100.000 euros al año?.
Los que me han leído algo saben que yo no soy de los que se despiertan a medianoche pensando en que Rubalcaba estaba al tanto antes que los propios responsables de Interior de la información policial sobre el 11-M durante los días de marras. Tampoco me sobresalta que ETA fuese partícipe o simplemente espectador -de los que brindan con cava por la muerte ajena-. Pero al menos tenía cierta esperanza en que el caso estaba en manos de un órgano independiente, un poder básico de nuestra estructura democrática, inalterable, incorruptible, desvinculado de la dialéctica pepiñoblanquista o jimenezlosantiana. Hoy he despertado de mi sueño.
Garzón ha vuelto a petición del PSOE y desconocemos a cambio de qué, pero sí sabemos por qué y para qué. Tiene gracia que hoy recurra al CGPJ diciendo que su trabajo se está viendo "presionado" o que "se ve sometido a ataques sistemáticos e injustificados, gravemente atentatorios a la independencia del Poder Judicial". ¿Qué independencia, su Señoría?. ¿Acaso no fue Vd. un alto cargo de la Administración durante el anterior mandato del partido que hoy ostenta el poder y que lo consiguió gracias a los atentados terroristas cuya clarificación judicial ahora recae en sus manos?.
¿No resulta absolutamente sospechoso que hoy mismo el dirigente de un país encumbrado tras la muerte de 191 personas a manos del terror pida al principal líder de la oposición "respeto a la Justicia". ¿Qué justicia, señores?. ¿La ley del embudo?. Ahora sí que se les ha visto el plumero.
(Sigua el debate en http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=772)
En efecto, el juez y ex-secretario de estado durante la época de Felipe González, utilizado por este último como maquillaje ante la avalancha de casos de corrupción que se destaparon en la España de la primera mitad de los 90, decidió regresar este verano de su excedencia docente -creo que andaba en EE UU dando clases y facturando al estilo Bill Clinton por dictar conferencias- de forma sorpresiva. De este modo algún advenedizo, que estaba molestando más de la cuenta en ese obscuro cuartel en el que se dilucidan los grandes temas de la política patria, salió de la escena y dejó, por tanto, de molestar.
Ahora Garzón no sólo se está dedicando a poner orden en las autorizaciones de manifestaciones batasunas y otros aspectos referentes al "Proceso de Paz" -¿hubo alguna vez una guerra?-, sino que ha tenido que intervenir en el tema estrella de la Legislatura -el 11M- antes de que se tuerzan las cosas para el Gobierno. Con lo cual el regreso del juez expolítico más polémico de la democracia española resulta más que sospechoso.
La sospecha acerca de la repentina vuelta de Garzón que me transmitió mi amigo ahora se ve clarificada. ¿Es posible que alguien dejé una excedencia de dos años ganando dinero a espuertas para volver al ojo del huracán y a trabajar 16 horas al día por unos 100.000 euros al año?.
Los que me han leído algo saben que yo no soy de los que se despiertan a medianoche pensando en que Rubalcaba estaba al tanto antes que los propios responsables de Interior de la información policial sobre el 11-M durante los días de marras. Tampoco me sobresalta que ETA fuese partícipe o simplemente espectador -de los que brindan con cava por la muerte ajena-. Pero al menos tenía cierta esperanza en que el caso estaba en manos de un órgano independiente, un poder básico de nuestra estructura democrática, inalterable, incorruptible, desvinculado de la dialéctica pepiñoblanquista o jimenezlosantiana. Hoy he despertado de mi sueño.
Garzón ha vuelto a petición del PSOE y desconocemos a cambio de qué, pero sí sabemos por qué y para qué. Tiene gracia que hoy recurra al CGPJ diciendo que su trabajo se está viendo "presionado" o que "se ve sometido a ataques sistemáticos e injustificados, gravemente atentatorios a la independencia del Poder Judicial". ¿Qué independencia, su Señoría?. ¿Acaso no fue Vd. un alto cargo de la Administración durante el anterior mandato del partido que hoy ostenta el poder y que lo consiguió gracias a los atentados terroristas cuya clarificación judicial ahora recae en sus manos?.
¿No resulta absolutamente sospechoso que hoy mismo el dirigente de un país encumbrado tras la muerte de 191 personas a manos del terror pida al principal líder de la oposición "respeto a la Justicia". ¿Qué justicia, señores?. ¿La ley del embudo?. Ahora sí que se les ha visto el plumero.
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