Hace bastantes meses que, desde esta misma tribuna, vengo diciendo que el Presidente del Gobierno de esa realidad plurinacional conocida como España está obsesionado con conseguir el Premio Nobel de la Paz. Primero fue aquella idea que aún sigue coleando -sobre todo en los foros de los sitios web de los medios de comunicación afines a Rodríguez- de la Alianza de Civilizaciones. Sin duda aquella rocambolesca iniciativa ha sido reservada por los estrategas de Moncloa para ocasiones venideras, porque en el seno del tribunal de los Nobel les aseguro que el postulado no cuajó.
Ahora la palabra "paz" nos inunda nuevamente -y de qué manera- la actualidad política patria. Se trata del "proceso de paz" o, dicho de otra forma, la negociación política para que los terroristas de ETA abandonen las armas e intenten conseguir en las urnas lo que la sangre derramada no les estaba dando, al menos aparentemente. Rodríguez no para de repetir la palabreja y para reafirmar sus convicciones -e intentar convencer al electorado- no tiene reparos en aseverar que "nada nos impedirá conseguir la paz".
Ese "nada" puede que para algunos sea el Partido Popular, único en advertir de forma bastante moderada, por otra parte, que no todo vale para conseguir esa ansiada "paz". La anécdota ese video/imitación del PSOE en el que se pone de manifiesto lo que todos conocemos: que también Aznar intentó una salida negociada con ETA. Claro que la difusión de este video/imitación -con lo que critican los de Faes- ha sido bastante más notable que la que tuvieron sus antecedentes [i]peperos[/i] sobre todo en el canal estatal.
Pero el tema de fondo no es el PP, el cual parece estar haciendo "caja" en intención de voto con toda esta historia de ambiciones [i]nobelísticas[/i] presidenciales. El verdadero problema es la Justicia. Las leyes, vamos, para enterarnos todos. Esas son las que están poniendo trabas. Claro que a grandes males mejores fiscales. El chalaneo judicial al que estamos asistiendo no tiene parangón en nuestra ya-no-tan-joven democracia. Una vez más España está demostrando que la imagen forjada durante décadas de país serio, de democracia consolidada y de verdadera nación de primer orden, se puede venir abajo a poco que algún ambicioso pseudo-estadista se lo proponga.
Hace unas semanas leía un artículo del prestigioso columnista económico argentino Andrés Oppenheimer, en el que decía que la gran diferencia entre la estabilidad europea y latinoamericana es que en el Viejo Continente existen leyes flexibles de aplicación rigurosa, mientras que en Latinoamérica existen leyes rigurosas de aplicación flexible. ¿Dónde queda España en esta definición?.
Un lugar de difusión y debate de ideas desde una perspectiva moderada y centrista. Política y economía de España y Latinoamérica.
29 de noviembre de 2006
30 de octubre de 2006
Un desastre llamado Air Madrid
Hoy lunes yo debería estar ahora disfrutando de unos días de vacaciones/trabajo en España. Gracias a Air Madrid sigo en Costa Rica. El jueves era el día previsto para el viaje, pero el avión -que había llegado 5 horas tarde desde Madrid- se estropeó en el aeropuerto de San José y a las 11 de la noche nos enviaron a hoteles, sin ofrecer información sobre si el vuelo "saldrá mañana o el sábado". Yo decidí volver a casa y los que iban para los hoteles a las 2 de la mañana fueron llamados porque el avión se reparó. ¿Cómo?. Apagándolo y encendiéndolo. Como si fuere Windows XP, pero era un Airbus 330-200.
La cuestión es que decidimos posponer el viaje hasta hoy. Antes de ir al aeropuerto hemos llamado a las oficinas de Air Madrid para ver si hoy teníamos retraso -bueno, realmente siempre tiene retraso, la duda es cuánto-. ¡Sorpresa!. El avión no había salido de Madrid ni sabían cuándo saldría porque aún no había llegado de su anterior destino. Finalmente parece que mañana llegará el avión y saldremos con 24 horas de retraso.
No quiero entrar en detalles sobre los trastornos personales y familiares que esto ha supuesto, pero imagínense que no han sido pocos, máxime viajando con un bebé de 9 meses. Mi intención es realizar un aviso a todos los foristas y lectores de Tercera Vía en general: Air Madrid no es una compañía fiable. Al ser una aerolínea de las denominadas low cost uno piensa que se ahorra un dinero, pero esta firma no es Easy Jet ni Ryanair que tienen flotas suficientes para hacer frente a contratiempos. Air Madrid vuela a decenas de destinos transoceánicos y no tiene aviones de cobertura. Un ahorro de un puñado de dólares o euros puede suponer muchísimo dinero, sobre todo a los que realizan conexiones con otros destinos, ya que Air Madrid no se hace cargo de nada y en algunos casos han dejado a cientos de personas durmiendo en los aeropuertos o incluso en el avión, como les ocurrió a los pasajeros de un vuelo entre Palma y Madrid hace unos días.
La cuestión es que decidimos posponer el viaje hasta hoy. Antes de ir al aeropuerto hemos llamado a las oficinas de Air Madrid para ver si hoy teníamos retraso -bueno, realmente siempre tiene retraso, la duda es cuánto-. ¡Sorpresa!. El avión no había salido de Madrid ni sabían cuándo saldría porque aún no había llegado de su anterior destino. Finalmente parece que mañana llegará el avión y saldremos con 24 horas de retraso.
No quiero entrar en detalles sobre los trastornos personales y familiares que esto ha supuesto, pero imagínense que no han sido pocos, máxime viajando con un bebé de 9 meses. Mi intención es realizar un aviso a todos los foristas y lectores de Tercera Vía en general: Air Madrid no es una compañía fiable. Al ser una aerolínea de las denominadas low cost uno piensa que se ahorra un dinero, pero esta firma no es Easy Jet ni Ryanair que tienen flotas suficientes para hacer frente a contratiempos. Air Madrid vuela a decenas de destinos transoceánicos y no tiene aviones de cobertura. Un ahorro de un puñado de dólares o euros puede suponer muchísimo dinero, sobre todo a los que realizan conexiones con otros destinos, ya que Air Madrid no se hace cargo de nada y en algunos casos han dejado a cientos de personas durmiendo en los aeropuertos o incluso en el avión, como les ocurrió a los pasajeros de un vuelo entre Palma y Madrid hace unos días.
9 de octubre de 2006
Vileza politica en Costa Rica
Afirma el dicho popular que en el amor y en la guerra todo vale, pero no faltan los que amplían a la política esa sentencia. Claro que ya Nicolás Maquiavelo al príncipe renacentista Lorenzo de Medicis le recetó en su obra cumbre aquello de que el fin justifica los medios, frase que ha tenido sus seguidores desde que el ser humano deambula por el mundo, principalmente lo que han dedicado a la política su modo de vida. No obstante, la cita maquiavélica debe inscribirse en la época en que fue escrita y dentro del tratado que la alberga, es decir, en un tiempo de la Historia en el que la guerras, las conquistas y las conspiraciones transnacionales para someter a las naciones eran lo cotidiano.
La aplicación de la justificación de los medios para obtener un fin, sin embargo, se extiende en nuestros días con sorprendente agilidad. Aquí en la Costa Rica que hoy vemos que hace su aparición el maquiavelismo más desgarrado por parte de ciertos grupos que no parpadean a la hora de intentar dividir a la sociedad, cuando no de destrozar la imagen internacional de su propia patria. Entonces no debemos hablar de maquiavelismo, sino de vileza en toda la extensión del término.
En el transcurso de una semana hemos comprobado la conexión internacional entre los movimientos sindicales nacionales –acompañados de los grupos políticos que les dan soporte- y ese fenómeno de la izquierda populista latinoamericana. Una conexión sospechada –y negada sistemáticamente- desde hace algunos años, sobre todo a partir aquella huelga del transporte que dejó paralizadas las carreteras del país en 2004. No cabe duda que los tentáculos del renaciente imperio de los petrodólares bolivarianos son largos y que Costa Rica no podría quedar al margen. Es más, destruir la imagen de la esperanza democrática latinoamericana, encarnada de forma ejemplar por Costa Rica es, a todas luces, uno de los objetivos de los que quieren resucitar el sueño unificador totalitario de Ernesto “Ché” Guevara.
Sorpresivamente el diario oficial de la dictadura cubana, Granma, magnificaba los recientes acontecimientos en los que el Estado de Derecho costarricense ha tenido que proteger su soberanía frente a grupos que, acostumbrados a someter la voluntad popular a su antojo, creían poder actuar con violencia –activa o pasiva- impunemente. Surgió así el término “militarización” de Costa Rica. De forma casi simultánea el PAC –la cara política y dulcificada del populismo radical en el país- inicia una campaña cargada de falsedades, como se ha podido comprobar a posteriori, en la que se acusa a una empresa de producir componentes armamentísticos y se vincula el Tratado de Libre Comercio con los EE UU con la producción y almacenamiento de armas en el país.
Granma vuelve a la carga, en esta ocasión con un columnista de lujo: Rodrigo Carazo, expresidente de la República, volviendo a definir la “militarización” de Costa Rica. Igualmente el líder sindical Albino Vargas firma un artículo en el periódico de Fidel Castro y deja clara su conexión con el artículo aparecido días atrás en el rotativo del régimen dictatorial. No es de extrañar la posición del sindicalista, conocedor de que la apertura de los monopolios del Estado le supondrán la práctica desaparición de la escena pública. Lo realmente preocupante es la corresponsalía de Carazo, uno de los presidentes más nefastos de la historia reciente del país, según una encuesta publicada por la Universidad de Costa Rica, e impulsor de la mayor devaluación que se haya conocido en la economía local. Ahora Carazo, escudado en las circunstancias internacionales que rodearon su funesto mandato y el paso del tiempo para volver a la escena política, esta vez en las filas del populismo de izquierdas, con un discurso radical y muy alejado de lo que fue su verdadera acción como gobernante.
Pero en esto de sacar cadáveres políticos del armario es en lo que se han especializado algunos para los cuales el fin –conseguir el poder a toda costa- justifica los medios. Desde Alberto Cañas, hasta Rodrigo Carazo, pasando por la viuda de Facio o apoderándose del legado del mismísimo Figueres. Todo vale para ganar votos, para forjar una doctrina política fundamentada en el populismo y en el control absoluto de la sociedad por parte del Estado.
Hoy se han destapado todos ellos. Aplauden la dictadura fidelista y el caciquismo chavista –sus grandes valedores- pero son las “víctimas” de la represión de las fuerzas de orden público en Costa Rica. Tras años de campar a sus respetos en la escena político-económica nacional ante la debilidad de gobernantes como Abel Pacheco y décadas consolidando beneficios, ahora llega un Ejecutivo capaz de hacerles frente y que podría dar al traste con sus pretensiones hegemónicas. No me cabe duda de que esta banda de tergiversadores de la doctrina maquiavélica están sentando las bases para buscar el enfrentamiento violento de cara a la aprobación del TLC.
En las pasadas elecciones de febrero estuvieron a punto de dar la campanada, emplearon millones de dólares de dudosa procedencia, pero sobre todo un discurso demagógico desconocido en el país. Aún así fracasaron, pero no cejan en su empeño y despliegan todas sus armas sin titubear, caiga quien caiga, pese a quien pese y aunque sea el país el principal damnificado por sus viles métodos. Son capaces de quemar la tierra mientras quede algo que poseer.
Frente a esta vileza no cabe la cobardía.
La aplicación de la justificación de los medios para obtener un fin, sin embargo, se extiende en nuestros días con sorprendente agilidad. Aquí en la Costa Rica que hoy vemos que hace su aparición el maquiavelismo más desgarrado por parte de ciertos grupos que no parpadean a la hora de intentar dividir a la sociedad, cuando no de destrozar la imagen internacional de su propia patria. Entonces no debemos hablar de maquiavelismo, sino de vileza en toda la extensión del término.
En el transcurso de una semana hemos comprobado la conexión internacional entre los movimientos sindicales nacionales –acompañados de los grupos políticos que les dan soporte- y ese fenómeno de la izquierda populista latinoamericana. Una conexión sospechada –y negada sistemáticamente- desde hace algunos años, sobre todo a partir aquella huelga del transporte que dejó paralizadas las carreteras del país en 2004. No cabe duda que los tentáculos del renaciente imperio de los petrodólares bolivarianos son largos y que Costa Rica no podría quedar al margen. Es más, destruir la imagen de la esperanza democrática latinoamericana, encarnada de forma ejemplar por Costa Rica es, a todas luces, uno de los objetivos de los que quieren resucitar el sueño unificador totalitario de Ernesto “Ché” Guevara.
Sorpresivamente el diario oficial de la dictadura cubana, Granma, magnificaba los recientes acontecimientos en los que el Estado de Derecho costarricense ha tenido que proteger su soberanía frente a grupos que, acostumbrados a someter la voluntad popular a su antojo, creían poder actuar con violencia –activa o pasiva- impunemente. Surgió así el término “militarización” de Costa Rica. De forma casi simultánea el PAC –la cara política y dulcificada del populismo radical en el país- inicia una campaña cargada de falsedades, como se ha podido comprobar a posteriori, en la que se acusa a una empresa de producir componentes armamentísticos y se vincula el Tratado de Libre Comercio con los EE UU con la producción y almacenamiento de armas en el país.
Granma vuelve a la carga, en esta ocasión con un columnista de lujo: Rodrigo Carazo, expresidente de la República, volviendo a definir la “militarización” de Costa Rica. Igualmente el líder sindical Albino Vargas firma un artículo en el periódico de Fidel Castro y deja clara su conexión con el artículo aparecido días atrás en el rotativo del régimen dictatorial. No es de extrañar la posición del sindicalista, conocedor de que la apertura de los monopolios del Estado le supondrán la práctica desaparición de la escena pública. Lo realmente preocupante es la corresponsalía de Carazo, uno de los presidentes más nefastos de la historia reciente del país, según una encuesta publicada por la Universidad de Costa Rica, e impulsor de la mayor devaluación que se haya conocido en la economía local. Ahora Carazo, escudado en las circunstancias internacionales que rodearon su funesto mandato y el paso del tiempo para volver a la escena política, esta vez en las filas del populismo de izquierdas, con un discurso radical y muy alejado de lo que fue su verdadera acción como gobernante.
Pero en esto de sacar cadáveres políticos del armario es en lo que se han especializado algunos para los cuales el fin –conseguir el poder a toda costa- justifica los medios. Desde Alberto Cañas, hasta Rodrigo Carazo, pasando por la viuda de Facio o apoderándose del legado del mismísimo Figueres. Todo vale para ganar votos, para forjar una doctrina política fundamentada en el populismo y en el control absoluto de la sociedad por parte del Estado.
Hoy se han destapado todos ellos. Aplauden la dictadura fidelista y el caciquismo chavista –sus grandes valedores- pero son las “víctimas” de la represión de las fuerzas de orden público en Costa Rica. Tras años de campar a sus respetos en la escena político-económica nacional ante la debilidad de gobernantes como Abel Pacheco y décadas consolidando beneficios, ahora llega un Ejecutivo capaz de hacerles frente y que podría dar al traste con sus pretensiones hegemónicas. No me cabe duda de que esta banda de tergiversadores de la doctrina maquiavélica están sentando las bases para buscar el enfrentamiento violento de cara a la aprobación del TLC.
En las pasadas elecciones de febrero estuvieron a punto de dar la campanada, emplearon millones de dólares de dudosa procedencia, pero sobre todo un discurso demagógico desconocido en el país. Aún así fracasaron, pero no cejan en su empeño y despliegan todas sus armas sin titubear, caiga quien caiga, pese a quien pese y aunque sea el país el principal damnificado por sus viles métodos. Son capaces de quemar la tierra mientras quede algo que poseer.
Frente a esta vileza no cabe la cobardía.
7 de octubre de 2006
El regreso repentino de "nuestro" juez estrella
Hace dos meses me encontraba yo por España y un amigo muy conectado con las altas esferas del poder judicial -no confundir con el CGPJ-, me puso de manifiesto lo sospechoso del regreso a su plaza de titular en la Audiencia Nacional de Baltasar Garzón. No dí mayor importancia al tema, además de que este comentario se inscribió en el marco de las negociaciones Gobierno-ETA.
En efecto, el juez y ex-secretario de estado durante la época de Felipe González, utilizado por este último como maquillaje ante la avalancha de casos de corrupción que se destaparon en la España de la primera mitad de los 90, decidió regresar este verano de su excedencia docente -creo que andaba en EE UU dando clases y facturando al estilo Bill Clinton por dictar conferencias- de forma sorpresiva. De este modo algún advenedizo, que estaba molestando más de la cuenta en ese obscuro cuartel en el que se dilucidan los grandes temas de la política patria, salió de la escena y dejó, por tanto, de molestar.
Ahora Garzón no sólo se está dedicando a poner orden en las autorizaciones de manifestaciones batasunas y otros aspectos referentes al "Proceso de Paz" -¿hubo alguna vez una guerra?-, sino que ha tenido que intervenir en el tema estrella de la Legislatura -el 11M- antes de que se tuerzan las cosas para el Gobierno. Con lo cual el regreso del juez expolítico más polémico de la democracia española resulta más que sospechoso.
La sospecha acerca de la repentina vuelta de Garzón que me transmitió mi amigo ahora se ve clarificada. ¿Es posible que alguien dejé una excedencia de dos años ganando dinero a espuertas para volver al ojo del huracán y a trabajar 16 horas al día por unos 100.000 euros al año?.
Los que me han leído algo saben que yo no soy de los que se despiertan a medianoche pensando en que Rubalcaba estaba al tanto antes que los propios responsables de Interior de la información policial sobre el 11-M durante los días de marras. Tampoco me sobresalta que ETA fuese partícipe o simplemente espectador -de los que brindan con cava por la muerte ajena-. Pero al menos tenía cierta esperanza en que el caso estaba en manos de un órgano independiente, un poder básico de nuestra estructura democrática, inalterable, incorruptible, desvinculado de la dialéctica pepiñoblanquista o jimenezlosantiana. Hoy he despertado de mi sueño.
Garzón ha vuelto a petición del PSOE y desconocemos a cambio de qué, pero sí sabemos por qué y para qué. Tiene gracia que hoy recurra al CGPJ diciendo que su trabajo se está viendo "presionado" o que "se ve sometido a ataques sistemáticos e injustificados, gravemente atentatorios a la independencia del Poder Judicial". ¿Qué independencia, su Señoría?. ¿Acaso no fue Vd. un alto cargo de la Administración durante el anterior mandato del partido que hoy ostenta el poder y que lo consiguió gracias a los atentados terroristas cuya clarificación judicial ahora recae en sus manos?.
¿No resulta absolutamente sospechoso que hoy mismo el dirigente de un país encumbrado tras la muerte de 191 personas a manos del terror pida al principal líder de la oposición "respeto a la Justicia". ¿Qué justicia, señores?. ¿La ley del embudo?. Ahora sí que se les ha visto el plumero.
(Sigua el debate en http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=772)
En efecto, el juez y ex-secretario de estado durante la época de Felipe González, utilizado por este último como maquillaje ante la avalancha de casos de corrupción que se destaparon en la España de la primera mitad de los 90, decidió regresar este verano de su excedencia docente -creo que andaba en EE UU dando clases y facturando al estilo Bill Clinton por dictar conferencias- de forma sorpresiva. De este modo algún advenedizo, que estaba molestando más de la cuenta en ese obscuro cuartel en el que se dilucidan los grandes temas de la política patria, salió de la escena y dejó, por tanto, de molestar.
Ahora Garzón no sólo se está dedicando a poner orden en las autorizaciones de manifestaciones batasunas y otros aspectos referentes al "Proceso de Paz" -¿hubo alguna vez una guerra?-, sino que ha tenido que intervenir en el tema estrella de la Legislatura -el 11M- antes de que se tuerzan las cosas para el Gobierno. Con lo cual el regreso del juez expolítico más polémico de la democracia española resulta más que sospechoso.
La sospecha acerca de la repentina vuelta de Garzón que me transmitió mi amigo ahora se ve clarificada. ¿Es posible que alguien dejé una excedencia de dos años ganando dinero a espuertas para volver al ojo del huracán y a trabajar 16 horas al día por unos 100.000 euros al año?.
Los que me han leído algo saben que yo no soy de los que se despiertan a medianoche pensando en que Rubalcaba estaba al tanto antes que los propios responsables de Interior de la información policial sobre el 11-M durante los días de marras. Tampoco me sobresalta que ETA fuese partícipe o simplemente espectador -de los que brindan con cava por la muerte ajena-. Pero al menos tenía cierta esperanza en que el caso estaba en manos de un órgano independiente, un poder básico de nuestra estructura democrática, inalterable, incorruptible, desvinculado de la dialéctica pepiñoblanquista o jimenezlosantiana. Hoy he despertado de mi sueño.
Garzón ha vuelto a petición del PSOE y desconocemos a cambio de qué, pero sí sabemos por qué y para qué. Tiene gracia que hoy recurra al CGPJ diciendo que su trabajo se está viendo "presionado" o que "se ve sometido a ataques sistemáticos e injustificados, gravemente atentatorios a la independencia del Poder Judicial". ¿Qué independencia, su Señoría?. ¿Acaso no fue Vd. un alto cargo de la Administración durante el anterior mandato del partido que hoy ostenta el poder y que lo consiguió gracias a los atentados terroristas cuya clarificación judicial ahora recae en sus manos?.
¿No resulta absolutamente sospechoso que hoy mismo el dirigente de un país encumbrado tras la muerte de 191 personas a manos del terror pida al principal líder de la oposición "respeto a la Justicia". ¿Qué justicia, señores?. ¿La ley del embudo?. Ahora sí que se les ha visto el plumero.
(Sigua el debate en http://www.terceravia.com/foro/viewtopic.php?t=772)
21 de septiembre de 2006
Occidente es una entelequia
Al socaire de las declaraciones malinterpretadas –como de costumbre- del máximo pontífice de la iglesia católica, uno de los inestimables foristas de Tercera Vía sacó a relucir la reacción de “Occidente” ante la violencia desatada en el mundo fundamentalista islámico. No es el objetivo de estas líneas realizar mayor análisis o referencia a la sobredimensionada ocurrencia papal, sino centrarse en ese término empleado, en este caso, como referencia a una realidad distorsionada, difuminada, casi invisible: Occidente.
¿Qué es “Occidente”?. Se habla de “cultura occidental” como contraparte de la “cultura oriental”, pero ya las latitudes no existen en un mundo globalizado. El origen parece encontrarse en la Edad Media y los grandes enfrentamientos de tinte religioso. Si hoy hablamos de religión, encontramos más población cristiana en el Líbano, en términos relativos, de la que pueda haber en muchos barrios de las grandes metrópolis europeas, como Paris, Londres o Berlín. Incluso el catolicismo se encuentra en franco retroceso en todo el mundo frente a otrora religiones minoritarias y sectas, cuando no en contrapartida de un ateísmo militante.
Si hacemos referencia a parámetros de desarrollo, sería difícil encontrar en las latitudes similitudes en los niveles de renta o industrialización de los países, salvando Europa y África, en los extremos opuestos. Porque América, salvo lo que existe al norte de México, tiene una amalgama de tercermundismo y países de desarrollo intermedio difícil de definir. Sin hablar de Asia, con sus “tigres” y sus paraísos de desarrollo financiero como Taiwán o Singapur. ¿Dónde ubicar a Sudáfrica o a los Emiratos Árabes Unidos?.
De costumbres antagónicas no podemos hablar. Hoy el costumbrismo es cada día más local y el consumismo más universal. Se venden más bolsos Louis Vuitton en Beijing que en Paris, en Hong Kong que en Roma. Hay más estatuas budistas en los hoteles de Nueva York que en Birmania. Ni hablar de la cultura, hoy sería imposible distinguir en una galería de arte la obra de un pakistaní de la de un costarricense.
Pero el ser humano gusta de acogerse a viejos paradigmas y además si éstos le proporcionan seguridad. Seguridad, para unos, de pertenencia a un ente poderoso, definido como un mundo en el que el bien es lo cotidiano, siendo el bien esos grandes valores universales teóricamente compartidos: democracia, paz, libertad… Seguridad, por qué no, de un enemigo común, para otros, aquel que nos olvidó o nos subyugó en el pasado, aquel que con su mera presencia nos facilita el opio que el pueblo –ese ente intangible y volátil- necesita para seguir ciegamente los pasos de los líderes fanáticos. Esos líderes que sí que tienen claro qué es “Occidente”: la muleta sobre la que se asientan todos sus intereses, presuntamente compartidos con la masa, metafóricamente denominada “el pueblo”.
Hace unas horas el presidente/dictador de Venezuela se subía al estrado principal de las Naciones Unidas, cual si de uno de sus púlpitos nacionales se tratase, uno de esos cortijos establecidos por la dictadura en ciernes como el canal satélite Telesur –creado por él mismo- o el programa semanal de la televisión pública venezolana, para lanzar una de sus histriónicas peroratas sobre el imperialismo y las pretensiones “hegemónicas” de George W. Bush. Ese parece ser el representante de ese “Occidente” difuminado. El único hacia el que se vuelcan las miradas, el enemigo común, en cuyo “tonel” nos incluyen a todos los “occidentales”.
¿Acaso son los EE UU la viva imagen de “Occidente”?. No hay más que ver las últimas encuestas sobre la animadversión que genera el país más industrializado del mundo entre la población de países como España, Alemania o China para tirar por tierra la pretensión “hegemónica” de una y otra parte. Sin embargo, como ya se ha dicho, el ser humano busca de esa homogeneidad para sentirse seguro.
Cuando un dictadorzuelo plantea un discurso pretendidamente incendiario en el plenario de la ONU o cuando una banda de fundamentalistas islámicos queman crucifijos en las calles de Estambul, no cabe duda de que para ellos da igual lo que un español, un estadounidense, un italiano o un británico piensen o sean. Católico, judío, musulmán sunita o evangélico. Empleado de banca, obrero de la construcción, magnate de los medios de comunicación, político corrupto o funcionario de prisiones. Al fin y al cabo un miembro más de esa entelequia conocida como “Occidente”.
¿Qué es “Occidente”?. Se habla de “cultura occidental” como contraparte de la “cultura oriental”, pero ya las latitudes no existen en un mundo globalizado. El origen parece encontrarse en la Edad Media y los grandes enfrentamientos de tinte religioso. Si hoy hablamos de religión, encontramos más población cristiana en el Líbano, en términos relativos, de la que pueda haber en muchos barrios de las grandes metrópolis europeas, como Paris, Londres o Berlín. Incluso el catolicismo se encuentra en franco retroceso en todo el mundo frente a otrora religiones minoritarias y sectas, cuando no en contrapartida de un ateísmo militante.
Si hacemos referencia a parámetros de desarrollo, sería difícil encontrar en las latitudes similitudes en los niveles de renta o industrialización de los países, salvando Europa y África, en los extremos opuestos. Porque América, salvo lo que existe al norte de México, tiene una amalgama de tercermundismo y países de desarrollo intermedio difícil de definir. Sin hablar de Asia, con sus “tigres” y sus paraísos de desarrollo financiero como Taiwán o Singapur. ¿Dónde ubicar a Sudáfrica o a los Emiratos Árabes Unidos?.
De costumbres antagónicas no podemos hablar. Hoy el costumbrismo es cada día más local y el consumismo más universal. Se venden más bolsos Louis Vuitton en Beijing que en Paris, en Hong Kong que en Roma. Hay más estatuas budistas en los hoteles de Nueva York que en Birmania. Ni hablar de la cultura, hoy sería imposible distinguir en una galería de arte la obra de un pakistaní de la de un costarricense.
Pero el ser humano gusta de acogerse a viejos paradigmas y además si éstos le proporcionan seguridad. Seguridad, para unos, de pertenencia a un ente poderoso, definido como un mundo en el que el bien es lo cotidiano, siendo el bien esos grandes valores universales teóricamente compartidos: democracia, paz, libertad… Seguridad, por qué no, de un enemigo común, para otros, aquel que nos olvidó o nos subyugó en el pasado, aquel que con su mera presencia nos facilita el opio que el pueblo –ese ente intangible y volátil- necesita para seguir ciegamente los pasos de los líderes fanáticos. Esos líderes que sí que tienen claro qué es “Occidente”: la muleta sobre la que se asientan todos sus intereses, presuntamente compartidos con la masa, metafóricamente denominada “el pueblo”.
Hace unas horas el presidente/dictador de Venezuela se subía al estrado principal de las Naciones Unidas, cual si de uno de sus púlpitos nacionales se tratase, uno de esos cortijos establecidos por la dictadura en ciernes como el canal satélite Telesur –creado por él mismo- o el programa semanal de la televisión pública venezolana, para lanzar una de sus histriónicas peroratas sobre el imperialismo y las pretensiones “hegemónicas” de George W. Bush. Ese parece ser el representante de ese “Occidente” difuminado. El único hacia el que se vuelcan las miradas, el enemigo común, en cuyo “tonel” nos incluyen a todos los “occidentales”.
¿Acaso son los EE UU la viva imagen de “Occidente”?. No hay más que ver las últimas encuestas sobre la animadversión que genera el país más industrializado del mundo entre la población de países como España, Alemania o China para tirar por tierra la pretensión “hegemónica” de una y otra parte. Sin embargo, como ya se ha dicho, el ser humano busca de esa homogeneidad para sentirse seguro.
Cuando un dictadorzuelo plantea un discurso pretendidamente incendiario en el plenario de la ONU o cuando una banda de fundamentalistas islámicos queman crucifijos en las calles de Estambul, no cabe duda de que para ellos da igual lo que un español, un estadounidense, un italiano o un británico piensen o sean. Católico, judío, musulmán sunita o evangélico. Empleado de banca, obrero de la construcción, magnate de los medios de comunicación, político corrupto o funcionario de prisiones. Al fin y al cabo un miembro más de esa entelequia conocida como “Occidente”.
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